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Salvajismo a pleno

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Antes, los pobres tenían pinta de pobres, se guardaban debajo de la alfombra, de repente salían y uno, con “migas de pan”, calmaba su hambre. Hoy, como bandas que salen de sus cuevas, quieren obtener lo que otros consiguen por trabajo digno o indigno. Y ya no se esconderán más, hace mucho que los refleja la TV y saben usar internet. A ritmo vertiginoso, los pobres han despertado para no dormir más. Exigen atención, salud, comida, pero más aun, estar tan aggiornados como el resto del mundo. No quieren quedar afuera del negocio, ¡de ninguno! Por las buenas, mejor, pero da lo mismo por las malas.

Hoy el de la villa es un pobre tipo, sin dientes, mal vestido, apilado con otros, envidia el HD de su vecino y se muerde los labios cuando pasa la camioneta del repentinamente rico. Por suerte pasó, sin promulgarse, el 7 de octubre como Día de los Valores Villeros. Invento-homenaje al padre Mugica por los diputados camporistas Andrés Larroque y Juan Cabandié. Aseguran que es un modelo para copiar. Reinan en las villas optimismo, generosidad, humildad y el supremo valor de lo colectivo, valores del catolicismo en su vertiente kirchnerista-peronista.

Pero Perón decía que la única verdad es la realidad. La realidad marca el crecimiento económico mayor en 200 años, pero los pobres se reproducen como moscas, y además se amontonan. Dominados por el imperialismo del hiperconsumismo, la cultura de la pobreza, con sus más y sus menos, quedó para la historia. Hace treinta años, las conquistas eran familiares y electrodomésticas, calefón-teléfono-lavarropas-auto-TV-audio. Ahora el consumo es individual y debe sumar poder al ego. Un celular no alcanza, no hay horario para comer, la mesa familiar voló por el aire, nadie tiene autorización ni voz ni voto para dar órdenes. Los objetos de marca, otrora hiperdeseados y exclusivos, están a mano desde que los chinos copiaron todo. Todo está ahí disponible, cercano, posible, por las buenas o por las malas. Ya ni siquiera importa el valor de uso del objeto, sino “el poder de la imagen” con el placer emocional de potencia. Si para alcanzarlo necesito droga, la consigo. Acceder a todo, armado hasta los dientes. Así sí, la vida cobra sentido y protagonismo televisivo. ¡Y hasta los actores piden a gritos primeros planos porque tampoco quieren quedar afuera!

El mundo ha entrado a la cabeza de los pobres y el diablo ha metido su cola. Ellos piden a gritos y de cualquier manera un lugar. Y nosotros, integrados al mundo del trabajo, donde el conocimiento y la educación priman, antes manteníamos un lazo de fraternidad y deuda moral con ellos, los mismos que ahora se viven como amenazantes enemigos.

La sociedad se ha descarrilado, el subsidio, la plata sin trabajo, el puntero con favores, los narcos que apabullan y controlan, parecería que no hay nada para defender o defenderse. Esto no sólo comprende la ceguera e irresponsabilidad de los políticos, sino el accionar particular y consciente de cada uno. Los medios, reflejo nefasto del mundo en que vivimos, copia lo peor de la sociedad para identificarse con la burla, el manoseo, la pelea, los malos tratos y las malas palabras. Los modelos a seguir, gatos y culebras. Gritos y llantos, cuchillos y revólveres, salvajismo a pleno, conducidos por descarrilados e irreverentes “líderes de opinión” que agregan leña al fuego.

Atrás quedaron ilustres dueños de medios televisivos y gráficos, sabedores del oficio y buscadores de excelencia profesional. La batalla ganada por Tinelli y Cía. (lo quieren nombrar Ciudadano Ilustre) es el puntapié inicial. Lo que se ve y viene es aun peor. Los nuevos son políticos que no saben ni les importan los medios. Tienen un mensaje para decir y un objetivo claro: conservar el caudal político y económico del poder, que es la imagen, ¡y ellos también la quieren!

Los pobres de hoy (y nosotros) necesitan a gritos valores. Plantados en medio del escenario, son los dueños de la calle. Pero, sin saberlo siquiera, reclaman que algo o alguien, en la tele o en algún lugar, un periodista o un maestro, un jefe o un político, les demuestren que hay otra manera de vivir, un modelo para armar, lleno de energía familiar, de amistad solidaria, de comunidad asistencial, de decencia constructiva. Sin eso, ellos no tienen futuro pero nosotros tampoco.

*Socióloga y periodista.



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