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Sarmiento, Dorrego y el espejo de Estados Unidos

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En muchas ocasiones, los estereotipos y prejuicios hacen ver todo en blanco o negro. Se eliminan los matices. Se está de un lado o de otro. Sin embargo, en la mayoría de las situaciones las experiencias están teñidas de abundantes grises.
Si hablamos de Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) y de Manuel Dorrego (1787-1828), corremos el serio riesgo de quedar atrapados en deducciones fáciles y en dicotomías históricas. Los malos y los buenos, según quién cuente la historia. Unitarios o federales. Civilización o barbarie.

En verdad, al hablar de estos personajes destacados de nuestra historia, con sus virtudes y sus defectos, nos referimos a dos individuos comprometidos con los destinos de estas tierras, que si bien no son exactamente contemporáneos, podemos relacionarlos en términos históricos.
Uno fue presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, otro gobernador de Buenos Aires. Uno fue unitario siendo sanjuanino, otro fue federal siendo porteño. Ambos defendieron sus convicciones políticas hasta las últimas consecuencias. Ambos, aunque parezca extraño, admiraron aspectos del desarrollo primigenio de los Estados Unidos de América.

Sarmiento llegó a Estados Unidos dentro del marco de una gira patrocinada por el gobierno chileno, Dorrego arribó a esa nación debido a un exilio político.
A Sarmiento le atrajo su progreso permanente, su sistema educativo y su forma de potenciar las comunicaciones, a Dorrego le interesó profundamente el sistema político elegido y el federalismo aplicado en función de la democracia naciente.

Sarmiento, luego de publicar Facundo en 1845, emprendió un viaje, primero a Francia y luego a Estados Unidos, con el propósito de estudiar los sistemas educativos de varios países. Europa lo decepcionó, no así Estados Unidos.
Dorrego fue expatriado por el Directorio de Juan Martín de Pueyrredón en 1816 y recaló en Baltimore, donde conoció el federalismo en acción y profundizó sus ideas republicanas. En ese ámbito, estudió el sistema de confederación de estados, luego reformado a partir de la Guerra de Secesión.

Ambos sintieron deseos de reproducir en estas tierras políticas probadas en los Estados Unidos. Ambos pensaron que el horizonte y el porvenir estaban en el norte del continente y no del otro lado del Atlántico.
Ambos sufrieron el destierro por enarbolar sus ideas. Sarmiento sobrevivió a algún atentado y Dorrego fue fusilado a instancias del general Lavalle.
Años después, Sarmiento reflexionó sobre ese asesinato: “La muerte de Dorrego fue uno de los hechos fatales, predestinados, que forman el nudo del drama histórico y que, eliminados, lo dejan incompleto, frío, absurdo. Estábase incubando, hace tiempo, en la República, la guerra civil”.

A pocos días de recordarse sendos aniversarios de las respectivas declaraciones de independencia, tanto de los Estados Unidos como de la República Argentina, parece muy interesante destacar la admiración de dos políticos y referentes históricos argentinos por el incipiente impulso y la organización política del país del norte.
Es más que paradójico pensar que en el sangriento enfrentamiento entre sectores unitarios y federales, entre corrientes presuntamente antagónicas, sea posible encontrar algún tipo de nexo intelectual y práctico tomando como vértice el entonces naciente desarrollo estadounidense.

 

*Periodista, escritor y profesor universitario (UCES y Belgrano).



Guillermo Saldomando