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Siempre nos quedará la grieta

Los mapuches parecen un posible plan B: los señalan por tantas cosas que no extrañaría que los culpen del atentado en Barcelona.

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. Foto:Cedoc Perfil
Estoy en mi oficina, en la productora, leyendo diarios extranjeros, viendo si hay novedades sobre el atentado en Barcelona. Busco una información concreta: necesito averiguar si en la camioneta con la que atropellaron a un centenar de personas y asesinaron a 13 en la Rambla encontraron serruchos y martillos. Si lo confirmo, la cosa está clara: no fue una célula yihadista, como dicen los grandes medios y la policía catalana.
Fueron los mapuches. Que, como todos sabemos, buscan controlar todo Occidente con sus métodos sanguinarios e imperialistas.
En eso estoy, buscando la pista mapuche en el atentado en Barcelona, cuando entra Carla, mi asesora de imagen, muy apurada a mi oficina.
—¿Cómo quedó tu relación con Claudio Lozano? –pregunta sin saludar, con el iPad en una mano, pero mirándome a los ojos.
—Bien, ¿por?
—Tenés que sacarte una foto con él.
—Pero mirá que Claudio no pasó las PASO. Hicimos una buena elección, ojo, pero no alcanzó y…
—¡No importa! –me interrumpe Carla–. Tenés que hacerte una foto igual.
—Pero Claudio no va a participar en octubre porque no nos alcanzaron los votos y…
—¡Te digo que no importa!
—No entiendo qué sentido tiene –digo, algo desconcertado.
—Para vos tiene mucho sentido –me explica Carla–. Es bueno que los artistas se muestren junto a los políticos que apoyaron en las elecciones, aunque no hayan pasado las PASO.
—¿Para qué?
—¿Cómo “para qué”? ¡Para promocionarse! ¡Para acaparar la atención de los medios!
—¿Vos decís que si me saco una foto con Claudio Lozano, ahora, voy a relanzar mi carrera?
—¡Por supuesto! ¡Tenés que hacer como Iorio con Biondini! ¡Todo el mundo va a hablar de vos! Vas a ser trending topic, vas a tener un montón de likes, nuevos followers…
—No me gustó nada esa foto.
—A mí tampoco. Es muy machista. ¿Por qué no llamaron a una mujer? Deberían haber sumado a Cecilia Pando para agregarle perspectiva de género.
—¡Pero son nazis! –me quejo.
—Bueno, se puede ser nazi sin necesidad de ser machista –insiste Carla–. Son cosas distintas.
—Además, ¿vos decís que Lozano va a tener el mismo impacto que Biondini? Mirá que Claudio es bueno, no es racista, no le gustan las esvásticas y repudia todo lo que hizo Hitler.
—Ah, no, tenés razón –admite Carla–. Las redes sociales necesitan un poco más de sangre. ¿Estás seguro de que nunca acuchilló a nadie, ponele?
—Segurísimo. Igual acuchillar a alguien es un acto de inseguridad, y eso no está bien visto.
—Depende –corrige Carla–. Si acuchillan a alguien en Florencio Varela sí es inseguridad. Pero si acuchillan a alguien en Frankfurt o en Zurich es terrorismo.
—¿Y esconder los datos de unas elecciones qué es?
—También depende –explica Carla–. Si te maneja los votos el kirchnerismo, es fraude. Ahora, si te maneja los votos el macrismo, es un atraso republicano lógico provocado por mal desempeño de personas que, seguramente, son populistas.
—¿Vos estás tratando de defender al kirchnerismo? –pregunto, algo sorprendido.
—No, yo estoy tratando de no defender a nadie. Pero debo reconocer que después de esta elección, el kirchnerismo me está dando un poco de ternura.
—¿Ternura? –me sorprendo.
—Y, sí, ternura. El kirchnerismo pasó de denunciar a Magnetto y al poder de las corporaciones a denunciar que hubo fraude por un par de puntos contra Esteban Bullrich. ¡Esteban Bullrich! ¿Me entendés? ¿Cómo no me va a dar ternura?
—Puede que tengas razón…
—Pensá en esto: antes los kirchneristas celebraban la estatización de Aerolíneas o YPF, festejaban sacarle a Clarín el fútbol –Carla se entusiasma–. Cosas importantes. Hoy, en cambio, festejan un empate de Cristina contra Bullrich en la Provincia.
—Un poco triste, es cierto.
—La grieta ya no es lo que era.
—Mientras tanto, Santiago Maldonado sigue sin aparecer y Bullrich sigue culpando a los mapuches –recuerdo.
—Ojo que si siguen encontrando serruchos tal vez lleguemos a la conclusión de que sí quieren tomar el poder.
—¿Vos decís?
—Por supuesto –afirma Carla–. Tres serruchos más y podemos decir que los mapuches quieren terminar con todos los argentinos de bien.
—Estás exagerando un poco, ¿no te parece?
—Para nada –sigue Carla–. La guerra, el odio, el racismo, la tortura y la muerte son todos inventos mapuches.
—¡Basta! –exclamo–. Necesito escribir mi columna en Perfil y no sé qué poner. Y todas estas pavadas que decís sobre los mapuches me están confundiendo un poco.
—¿Pavadas? ¿A vos te parece bien que los mapuches quieran quedarse con todos esos territorios que tan gentilmente les sacamos durante la Conquista del Desierto y que luego, también gentilmente, entregamos a gente de bien, europea y culta, como Benetton o Lewis?
—¿Vos decís que el problema son los mapuches? ¿En serio?
—Por supuesto. Los mapuches inventaron la grieta. Como también inventaron la bomba atómica, la ojota con media, el mate dulce y la canción Despacito.
—¿La grieta es un invento mapuche?
—¡Por supuesto! –afirma Carla–. Es un problema originario.
—Pero si ahora termina el kirchnerismo, ¿qué va a pasar con la grieta?
—Va a seguir, claro.
—¿Cómo? –pregunto–. Si falta una de las partes, ya no hay grieta.
—No te preocupes, ni al Gobierno ni al kirchnerismo les interesa que la grieta se cierre
–dice Carla muy tranquila–. La grieta te hace subsistir aunque tengas menos votos que Aníbal Fernández. Y te hace ganar elecciones por más que la boleta del gas y de la luz aumente un mil por ciento.
—Digamos que lo de la ancha avenida del medio no funcionó…
—Funcionó un poco –reconoce Carla–. Pero en vez de ancha avenida, el del medio era un estrecho pasaje.
—¿Y qué pasa con la grieta si se termina el kirchnerismo?
—No va a terminar el kirchnerismo –dice Carla–. El Gobierno va a mantenerlo vivo. Cuadripléjico y en coma 4, pero vivo.
—Bueno, pero… ¿y si termina? –insisto.
—La grieta va a seguir igual.
—¿Quééé? –pregunto a los gritos, muy sorprendido–. ¿Sin kirchnerismo?
—Por supuesto, no hay mejor negocio que la grieta –concluye Carla–. Sin kirchnerismo, el Gobierno se las va a ingeniar para tener una nueva grieta entre argentinos de bien y mapuches. Pero quedate tranquilo: siempre nos quedará la grieta.


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