COLUMNISTAS HERENCIA CULTURAL

Siempre nos quedará Quino

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Tiempo oscuro. Hay barrios sin luz; antes porque era verano, ahora porque es invierno, pero el monumento al ego, a la vanidad, sigue ahí, encendido a pleno. El Centro Cultural Néstor Kirchner, presupuestado en 926 millones, lleva consumidos 2.469 millones. A la simple vista de arquitectos expertos, el costo no se justifica en los materiales utilizados ni en la calidad de la obra. Algunos se hicieron con la diferencia entre valor y precio.

La viuda de Néstor destina la recaudación de impuestos, con la que se podrían haber construido cuatro hospitales de alta complejidad para niños o 150 escuelas en la provincia de Buenos Aires, a la memoria de su marido, del que no se conocen escritos, ni dibujitos, ni poemas de amor en la juventud, ni canciones, ni trabajos de profesor o maestro, ni se sabe que haya tenido al menos vocación de artista. Según los testimonios de todos los que le conocieron ni siquiera fue, sencillamente, un lector. La única herencia “cultural” que dejó son las fortunas extraordinarias logradas por el matrimonio, sus secretarios y sus empleados públicos “modelos”, De Vido, Jaime, Aníbal, entre otros.

Andamos con la cadena nacional atada como un grillete a los tobillos. La voz, amplificada en los altoparlantes mercenarios aturde, impide pensar con calma. Bajo los focos estridentes del poder, la impunidad ciega. No deja ver en el momento la magnitud de lo que ocurre y sus consecuencias, la violencia, las víctimas, las vidas arruinadas por el saqueo.

Pero siempre nos quedará Quino. En el lado del silencio, en la vereda de la sombra, Talcahuano al 1100, a sus ochenta y pico. Mirando desde arriba con lo poco que ve, Quino sobrevive, en silencio, sin quejas.

Recuerdo una tira de Mafalda, a principios de los años 70. Mafalda le preguntaba a Libertad: “¿Y tu papá a quién va a votar?”. La pequeña Libertad contestaba: “Callate, anda con una cara, pobre”. La conversación seguía: “¿Por qué? ¿Piensa que su candidato va a perder?”. “No”, responde Libertad, “piensa que va a ganar y anda con una cara, pobre”.
 Mafalda insiste: “No entiendo, Libertad, ¿piensa que su candidato va a ganar y no está contento? ¿Por qué? ¿Acaso supone que a su candidato no lo van a dejar gobernar?”. Contesta Libertad: “A veces supone eso, ¡y anda con una cara, pobre! Otras veces supone que sí, que lo van a dejar gobernar, y ¡anda con una cara, pobre!”.

Mafalda se enoja: “¡Pero, jorobar, si tanto le fastidia ese candidato, porqué cuernos no se le ocurrió votar a cualquiera de los otros!”. La tira termina con Libertad desconsolada: “¡Sí, se le ocurrió, y anduvo con una cara, pobre!”.

Tiempo negro. Cámpora, Perón, Isabel, López Rega, dictadura, Alfonsín, Menem, De la Rúa, Rodríguez Saá, Duhalde, los Kirchner. Ningún gobierno que no fuera peronista terminó su mandato. De los 32 años en democracia, 27 fueron bajo administración nacional peronista y caudillos feudales peronistas, Romero, Insfrán, Menem, Guzmán, Saadi, Juárez.
En otra tira de Quino, hace diez años, se ve al personaje dibujado, un juez (¿o el fiscal Nisman?) anudando cuerdas que cuelgan del techo al mismo tiempo que, en la TV de su despacho, se informa cómo el juez va “atando cabos” de una investigación que “mantiene en vilo a la opinión pública” y en la que “estarían implicadas relevantes figuras del quehacer nacional”. En el penúltimo cuadrito, el juez recibe una llamada que lo agobia. En el siguiente, se ahorca y, en la TV, el conductor pasa a dar como noticia central una de fútbol.

El, Quino, que tanto veía antes, sólo se lamenta ahora de que ya casi no ve.

En el centro cultural de nuestra memoria, Quino, Fontanarrosa, Sábat, Trillo, Altuna, Crist, Caloi, María Elena Walsh y miles más alumbran con sus linternas este tiempo oscuro, nublado de paco, de miseria, de rufianes, de mafiosos, de perversos y ladrones. Bajo esas luces nos vamos a reconocer algún día. Para entonces, Libertad será mayor y no andaremos con estas caras.
 
*Periodista.



Carlos Ares