COLUMNISTAS LA CAIDA DE MASSA

Sin chances, pero clave

Se abre un mes central para el ex intendente de Tigre. Según lo que haga, cómo impactará en las campañas de Scioli y Macri.

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Foto:Dibujo: Pablo Temes

Varios precandidatos presidenciales resignaron sus aspiraciones. Primero lo hicieron quienes quedaron desacomodados por el acuerdo entre la UCR y el PRO. Ahora les tocó el turno a varios oficialistas por expresa indicación de la Presidenta, ante la evidencia que arrojaron las PASO porteñas: tener muchos precandidatos genera confusión y desconfianza.

Tal como sucedió con la decisión de Cobos y Binner, que fortaleció una vía para resolver la dispersión en la oposición, puede que suceda algo parecido en el campo oficial. Aunque quienes declinaron allí sus aspiraciones no cortaban ni pinchaban, ni en el peronismo ni en las encuestas. Así que es probable que la noticia sólo dé un poco de aire al afán kirchnerista de conservar la iniciativa y seguir mostrándose como el sol que ilumina la política argentina, el protagonista hegemónico no sólo de los tiempos que han pasado sino de los que están por venir.

Es más importante saber si finalmente se bajará o no quien hasta hace poco lideraba las encuestas, pero en poco tiempo consumió buena parte de ese crédito público y ahora no sabe si encontrará algún piso en su caída.

Sergio Massa intentó el relanzamiento de su campaña para escaparle a este brete apenas dos semanas atrás. Y pareció que podía lograrlo, pero la ilusión se consumió en horas. Enseguida del acuerdo con De la Sota y el acto en Vélez cobraron renovado brío las fugas de dirigentes y el internismo salvaje en su fuerza. Así que Massa está hoy bastante peor que antes de iniciar su contraofensiva: difícilmente pueda sacar otros conejos de la galera como para recuperar el terreno perdido, y deberá decidir si sigue compitiendo aunque no tenga chances de ganar, o si intenta un plan B.

Su acuerdo con De la Sota tal vez logre sostenerse, pero porque sólo le sirve a este último. Ese pacto tiene una duración corta y objetivos específicos: lo aceptó el gobernador cordobés más que nada pensando en las elecciones de su distrito y en su necesidad de atraerse votos opositores para no quedar atrapado entre el kirchnerismo y la alianza UCR-PRO. De allí que le impusiera a Massa su condición, que especificaba un plazo de cuarenta días, transcurridos los cuales recién se concretaría, o no, una alianza electoral nacional.

El tigrense obtuvo a cambio algo de tiempo y aire para mantener su sueño presidencial. Tiempo y aire que se evaporaron en cuanto se apagaron los reflectores de Vélez. Sus coroneles estaban haciendo las valijas: en lugar de mostrar reanimada su ansia de poder y afectio societatis, fruto de la misión cumplida de llenar el estadio, en el FR se desató una seguidilla de nuevas y graves fugas y acusaciones cruzadas de traición que no parecen haber concluido. Las partidas de Giustozzi, Das Neves y Juanjo Alvarez compusieron un réquiem ensordecedor. Junto al descontado portazo de Jesús Cariglino, mostraron que el corazón del poder massista, su férrea implantación en el Conurbano, quedó al borde del colapso. Y le resultará inalcanzable la meta de componer una coalición electoral sólida, con alguna chance de ganar.

A ello se sumaron las reacciones destempladas del entorno del tigrense y la falta de respuesta al desafío del propio Massa, lo que terminó de desdibujarlo como líder.

Podría estimarse que con plazos tan cortos para un cambio de planes (entre el 10 y el 20 de junio se estarán cerrando las listas para las PASO) Massa se habría asegurado, ya que ni sus acompañantes, ni los medios independientes ni los aportantes de campaña puedan forzarlo a resignarse. Lo que indicaría que, aun sin chances, él se ha blindado para sostener su rumbo. También puede concluirse, con una mirada más pragmática, que lo que se reservó para sí fue la potestad de decidir en última instancia qué cargo disputará y con qué estrategia.

Visto desde esta última perspectiva, tiene en el próximo mes cuatro alternativas a su disposición, y según cuál adopte y con qué éxito, se modificará el escenario de competencia. Y tal vez se definan el resultado de agosto y el de octubre. Así que Massa puede haber dejado de ser un presidenciable con chances, pero no ha dejado de ser un jugador decisivo, dado lo compleja y pareja que es la competencia.

Puede insistir o no en su plan presidencial, y puede por otro lado reforzar o no su perfil opositor. Si insiste, pero con un perfil más peronista, perjudicará a Scioli al mantener dividido el voto de ese sector. Si en cambio insiste pero volviendo a una estrategia transversal y de más dura oposición, entonces puede más bien dividir el voto que disputa con Macri y perjudicarlo. Pero si decide renunciar a la carrera por la presidencia puede hacerlo en dos variantes, con los peores efectos respectivamente para los dos presidenciables: si compite por la gobernación pero avalando la tesis de la reconciliación de la familia peronista, entonces Scioli respirará aliviado y Macri estará en problemas; si en cambio se baja aliándose al PRO, será Scioli el que tendrá más dificultades.

Por más que Massa diga que en caso de bajarse la mayoría de sus votantes volverían al redil peronista, las encuestas indican que la mayoría de ellos prefiere a la oposición. Cómo actúe él puede influir en esa disposición; siendo que la mayoría no ve barreras infranqueables ni diferencias enormes entre los aspirantes, no tiene claro cuál es la mejor forma de dar continuidad o terminar con el kirchnerismo, ni con sus políticas más objetables. Así que Massa va a influir, aunque no tiene todo el tiempo del mundo para hacerlo, ni puede dar por seguro que, en caso de equivocarse, todavía va a tener nuevas oportunidades.

Es cierto además que los riesgos de estas decisiones no son iguales. Ni todas las opciones suponen el mismo grado de complejidad. Si insiste en competir por la presidencia pero se queda solo puede terminar haciendo un papelón y desaparecer de la escena. Ir por la gobernación, donde no hay candidato demasiado firme, es más seguro. Y en caso de que vaya acompañado de un gesto implícito de reconciliación con Scioli, no requeriría siquiera de un mea culpa explícito o de un apretón de manos: el futuro nos encontrará unidos y dominando.  

Difícil anticipar su decisión. Tratará de dilatarla lo más posible y actuar por sorpresa, algo que siempre le rindió. Sin la presión de ser el líder de las encuestas, lo más probable es que siga tratando de representar el escepticismo que a muchos genera la disyuntiva entre Scioli y Macri: “Scioli no te puede proteger y Macri seguro te va a jorobar”. Si eso en cierta medida detiene la hemorragia de adhesiones, le alcanzará para atravesar el próximo mes. Después se verá.



Marcos Novaro