COLUMNISTAS EL ECONOMISTA DE LA SEMANA

Sin corrección fiscal no durará la paz cambiaria

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Tras la maxidevaluación impulsada a fines de enero y el apretón monetario que le sucedió (junto con otras medidas complementarias como reducir las posiciones bancarias en dólares y acordar con las cerealeras la liquidación de parte de sus stocks), las autoridades lograron la tan ansiada calma cambiaria. Con esto, el Gobierno logró llegar a la “tierra prometida”, esto es, arribar al segundo trimestre con una situación cambiaria bajo relativo control, momento de mayor liquidación estacional de las exportaciones gracias a la entrada de la cosecha de soja. Sin embargo, surgen varios interrogantes de cara a lo que resta de 2014: ¿es sostenible esta tregua?, ¿los dólares del agro serán suficientes para normalizar las importaciones, y para que, al mismo tiempo, el BCRA pueda engrosar las reservas?, ¿las autoridades continuarán dando prioridad a la estabilidad cambiaria aun cuando la recesión se agudice?  

En primer lugar, vale la pena recordar que el complejo exportador ha ido adquiriendo en los últimos años una creciente dependencia en las commodities alimenticias, en especial la soja. La constante pérdida de competitividad de la producción local por la elevada inflación, los problemas productivos internos en diversos sectores (como la carne y el trigo), y en algunos casos  una demanda externa debilitada (como en alimentos elaborados y bienes industriales), redujeron las fuentes de divisas disponibles. Así, actualmente un 60% de las exportaciones proviene del sector agroalimentario, y nada menos que 30% corresponde al complejo sojero.

Es por esto que la época de mayor liquidación de la soja se ha convertido para las autoridades en la “tierra prometida”. Sin embargo, el panorama en materia de exportaciones no está exento de riesgos. Es cierto que tanto los buenos rindes como los elevados precios de las commodities vigentes en la actualidad favorecerían la liquidación de la cosecha, dado que la actual campaña de soja estaría entre los 52/53 millones de toneladas –resultando cercana al récord de 55 millones alcanzado en 2010–, mientras que la cotización de la oleaginosa ha mejorado en los pasados meses hasta ubicarse bien por encima de los US$500 por tonelada. Pero en sentido opuesto, y como sucedió en 2013, las expectativas de que el peso volvería a debilitarse en los próximos meses actuarían en sentido contrario, llevando nuevamente a los productores a retener parte de la cosecha a la espera de una mejor cotización del dólar oficial.

Hay que tener en cuenta que tras la importante depreciación de la moneda local impulsada en enero, la elevada inflación observada en la primera parte del año ya erosionó gran parte de su efecto sobre la competitividad, lo que ha vuelto a alimentar las expectativas de devaluación. A esto se sumó el hecho de que el BCRA decidió desanclar (aunque suavemente) el tipo de cambio tras cien días de fijar su paridad en $/US$8, lo que rápidamente se tradujo en un incremento de la brecha con el blue.

Mientras tanto, por el lado de la demanda de moneda extranjera hay que tener en cuenta que la leve contracción esperada para la actividad económica en 2014 (que estimamos en torno al 1,5%) no se traducirá –como suele suceder– en una caída de las importaciones. Es que, teniendo en cuenta la magnitud de las restricciones vigentes desde 2012, las mismas se encuentran en niveles ya de por sí muy bajos. Por tanto, los márgenes para moderar las restricciones continuarán siendo limitados, incluso en un contexto de recesión. Además, la acumulación de obligaciones en la segunda mitad del año (en especial en el invierno, cuando crece la necesidad de importar combustibles) hará más complicado el manejo cambiario en los próximos meses, volviendo a poner en el centro de la escena a la restricción externa.

En este sentido, el acuerdo por el pago de la deuda en default con el Club de París anunciado esta semana podría ser de ayuda, dado que con ello podrían destrabarse algunos créditos, en especial de organismos internacionales –donde algunos de los países con los que se cerró el acuerdo tienen mucho peso– y aquellos orientados a financiar inversiones de empresas de esos países en Argentina a tasas convenientes. Sin embargo, este impacto no sería inmediato ni masivo. En primer lugar, ya que este tipo de financiamiento tiene tiempos más largos que los de los mercados financieros internacionales. Pero además, dado que las condiciones macroeconómicas actuales (entre las que destacan la inflación elevada, el cepo cambiario y la inestabilidad de las reglas del juego) aún no parecen ser las más favorables para hundir inversiones de magnitud en el país.

De todos modos, la sustentabilidad de la actual tregua cambiaria dependerá del rumbo que adopte la política económica. Hasta ahora, el ajuste recayó casi exclusivamente en el sector privado, lo que lo vuelve insostenible. Sin corrección fiscal la política económica volverá a enfrentarse a un círculo vicioso más tarde o más temprano. En otras palabras, el financiamiento del déficit con emisión volverá a presionar sobre la inflación (aunque obviamente con menos fuerza en un contexto recesivo), y sobre el mercado cambiario, lo que se reflejará en una suba de la brecha cambiaria con el blue, alimentando nuevas expectativas de devaluación en el mercado del dólar oficial. De hecho, el frenazo sufrido por la actividad en la primera parte del año llevó al BCRA a revertir parte de la suba de tasas decretada en los meses previos, lo que rápidamente generó tensiones en el mercado cambiario.

Hay que tener en cuenta que el efecto adverso del ajuste sobre el sector privado aún no se advierte en todas sus dimensiones. El freno de la actividad está empezando a ocasionar problemas de empleo, en un contexto de restricción crediticia, y caída del salario real. De manera que el costo social y político de las medidas aún no puede advertirse en forma completa. Además, en este contexto tampoco es posible encontrar algún driver que podría empujar a la economía para que el segundo semestre sea mejor al que está por terminar.

Creemos, en principio, que las autoridades harán lo justo y necesario para evitar que la situación se salga de control en la segunda mitad del año, logrando conducir a la economía por el virtual equilibrio en el que se encuentra inmersa desde hace algunos meses, sin nuevos sobresaltos.

Mientras tanto, es posible ser algo más optimistas para 2015, cuando la actividad económica lograría un leve repunte apuntalado por una baja base de comparación interanual.

/ abeceb.com



Dante Sica