COLUMNISTAS GENEROS

Sin noticias del feminismo

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Luis Lafosse, que nos sigue desde Australia, comenta mi última columna y agrega un dato genial: en japonés la palabra “barato” es un ideograma que representa una mujer debajo de un techo. ¿Significa que la mejor manera de no gastar es tener una mujer en casa? ¿De no gastar en qué? ¿Es posible que el uso se haya automatizado tanto que ya ningún japonés se pregunte qué demonios dice al decir “barato”? Tal vez no haya nada barato en Tokio, lo cual explicaría lo macabro del término.
Hace unas semanas guié una muestra en Proa junto al fotógrafo Marcos López. En este ciclo se invita a artistas a oficiar de guías y a pensar en voz alta lo que quieran. Fue muy divertido, porque López se envolvió en alambre de púas para recitar a Chabuca Granda mientras yo mantenía –impertérrito– una difusa argumentación bastante garca: era un guión que López quería filmar en secreto para una película. Ya hablaré de este argumento cuando estas columnas como rejas lo permitan.
La muestra se llamó Acción Urgente y presentaba obras de activistas; entre ellas, muchas de feministas. Yo recordé un episodio de mi obra La paranoia: la acción transcurre en un futuro remoto, luego de una “Revolución Femínea” que ha dejado huellas en la lengua. Cuando un grupo de humanos habla en plural debe hacerlo en femenino. Es decir, que mis actores decían “Estamos cansadas” aun siendo hombres si incluían a alguna mujer en el grupo. La medida lingüística parece despiadada, pero ojo: las mujeres hispanohablantes hacen esto cada vez que cambian de sujeto. Si hay un varón se ven obligadas a decir “Estamos cansados”, pero si sólo son mujeres les está permitido recurrir al femenino. Los actores hombres pifiábamos todo el tiempo, porque eso que las mujeres hacen automáticamente y sin darse cuenta sólo pueden hacerlo las mujeres.
Faltan milenios, en Japón o en América, para que el lenguaje recapacite y ofrezca a las mujeres el lugar de igualdad que se reclama.

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