COLUMNISTAS TRIPLE FUGA

Sin tregua

El caso de los prófugos desnuda la descomposición política argentina.

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Foto:Pablo Temes

No hay tregua en el  devenir político de la Argentina. El flamante gobierno de Mauricio Macri lo vive en carne propia en la última y vertiginosa semana del año que terminó y en los primeros días del que acaba de comenzar. La fuga de tres de los cuatro condenados por el triple crimen de General Rodríguez (Martín Lanatta, Cristian Lanatta y Víctor Schillaci) puso a la administración de María Eugenia Vidal ante una evidencia espeluznante: desbaratar la trama de corrupción que el narcotráfico ha generado dentro de las estructuras del Estado será una tarea ciclópea.

El circuito por donde han venido circulando estos peligrosísimos delincuentes no ha dejado de sorprender a muchos de los que los imaginaban fuera del país. Su aparición en la zona sur del conurbano bonaerense marca una realidad diferente. Es en ese territorio donde se sienten impunes y, por lo tanto, seguros. ¿Quién o quiénes los protegen?  

La presencia de los prófugos en la casa de Marcelo Melnyk, alias “El Faraón”, da idea de la holgura con la que se movían. Casi lleva a sospechar de la existencia de una zona liberada. ¿Pudieron desplazarse con tanta comodidad a lo largo de los casi 300 kilómetros que separan a General Alvear de Ezpeleta? Según el relato oficial, se sabe que cuando llegaron a lo de Melnyk se estaba desarrollando una fiesta a la que asistían unas cien personas. Allí permanecieron hasta las cuatro y media de la madrugada. ¿Ninguno de los presentes vio nada? ¿Tan seguros se sintieron los prófugos en medio de tanta gente? Ya se sabe de la complicidad de las autoridades de la unidad carcelaria de máxima seguridad (sic) de Alvear. Seguramente no son las únicas. ¿Pudo haber pasado inadvertido para la Policía Bonaerense que estos personajes se desplazaban hacia el Conurbano?

Entre las cosas que llaman la atención es el tiempo que demandó detectar la llamada telefónica que permitió descubrir sus presencias en la casa de Melnyk. Hay en los investigadores y en el Gobierno enojo hacia las compañías telefónicas por la demora con la que brindaron una información que resultó ser clave.

Otra incongruencia: ¿cómo nadie realizó tareas de vigilancia sobre los domicilios de los familiares de los prófugos? Que Cristian Lanatta haya aparecido no una, sino dos veces, en la casa de su ex suegra, se explica sólo ante la existencia de una red de protección. A todo esto, no hay que olvidar un hecho clave: Ibar Pérez Corradi, el cerebro de toda la operación vinculada al tráfico de efedrina que culminó con el triple crimen, continúa prófugo. Para los investigadores, él también está detrás  de esta fuga.

Desafíos. Lo anecdótico deja expuesta la dimensión real del enorme desafío que en materia de seguridad enfrenta no sólo el gobierno provincial sino también el nacional. Macri está malhumorado con la realidad que deja expuesta este caso. Es un panorama devastador que permite explicar el vuelo que, en sus diversas formas, ha cobrado el delito. En la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), la nueva administración se ha encontrado con tierra arrasada. “Se llevaron todo. Desaparecieron los CPU de las computadoras. Lo único que dejaron son los monitores. Debemos reconstruir todo”, señalaba una voz que conoce lo que está pasando en esa repartición cooptada por militantes de La Cámpora. Por eso, debieron pasar unos días hasta que la AFI se sumara activamente al caso, demora que generó quejas entre los jefes de la Bonaerense que están al frente de la investigación.    

El caso deja muchas enseñanzas a las nuevas autoridades. Una de ellas es que carecían de información y pecaron de ingenuidad, lo que los obliga a redoblar esfuerzos de controlar un área clave. El dato de que a los prófugos los tenían cercados fue errónea. ¿Mala información que se originó en fuentes policiales o algo hecho adrede? Los que conocen el tema subrayan un dato: durante la gestión de Carlos Arslanian al frente del Ministerio de Seguridad (en la gestión de Felipe Solá) el Gobierno avanzó en el control de la Policía Bonaerense, lo que llevó a  desbaratar muchos de los numerosos negocios ilícitos que corrompen la fuerza. Toda esa tarea fue dejada de lado durante los dos mandatos de Daniel Scioli. “La Policía Bonaerense está enviciada y desarticulada”, señaló una voz del gobierno provincial.

En los últimos ocho años, el país ha asistido atónito a una discusión sin sentido sobre si aquí se produce o no droga. Mientras este absurdo distraía la atención de la ciudadanía, el narcotráfico desembarcó y se desplegó por todo el territorio. Personajes de los carteles más  poderosos y temibles del mundo encontraron aquí terreno fértil para llevar adelante sus andanzas y sus negocios. Tantas fueron las facilidades que detectaron, que lo hicieron a la vista de todos, casi de manera obscena.           

“Son personajes con contactos políticos y policiales con el bajo mundo”, agregó Hugo Icazati, abogado de Víctor Schillaci, uno de los prófugos. “El narcotráfico ha penetrado en la política”, dijo el lunes la gobernadora de la provincia de Buenos Aires para marcar la exacta dimensión de lo que representa este caso que, desde sus orígenes hasta el impactante giro que ha tenido en estos días, nos acerca a realidades vividas por México y Colombia y sufridas por sus ciudadanos.

Producción periodística: Santiago Serra.



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