COLUMNISTAS LOGICAS


Sinceros pésames

En esta semana que concluye, el macrismo, tal vez influido por sus deseos de aflojar el conflicto con el Papa, cargó con la cruz de andar de aquí para allá pidiendo perdón. Primero fue González Fraga, quien, tras surfear alegremente sobre la receta recesiva como técnica antiinflacionaria fulminó ex cathedra a la clase media, enviándola al infierno de la pobreza y avisándole que eso será así por la eternidad. Recién después salió a pedir la escupidera por esa afloración de esos deseos de su inconciente, cuando sus conmilitones duranbarbistas le señalaron que la Biblia de los globos amarillos de la alegría proscribe la revelación de su mísera verdad. Trascartón saltó Prat Gay quien, despreocupándose del huevo de la serpiente (¿cómo fue que una empresa chica como Repsol se las arregló en tiempos menemistas para comprar una más grande como YPF, cuando la lógica de las especies indica que el pez grande se come al chico?), salió a pedir disculpas a los empresarios españoles por la expropiación fastuosamente indemnizada de ¿nuestra? petrolera ahora semi-estatal y anónima, y a instarlos, y más que eso rogarles, que volvieran a invertir. Lo cuál resulta extraño, ya que, al menos los de Repsol, aquí nunca invirtieron nada, y sólo se la llevaron en pala. Después de lo ocasionado por tantos años de cristinismo, tanto cristianismo de ocasión, tanto mea culpa público, alienta a que nos sigan orinando encima. En compensación tendieron un eventual paraguas para que Francisco no se les siga enojando, y le tiraron 16 palos, apenas algo más que un triste millón de dólares, a sus Scholas Occurrentes. Supongo que semejante contribución apenas habrá obtenido de nuestro actual Perón superstar algo parecido a un parpadeo.
Asombrándose ante tamaños desmanejos, una persona muy de mi confianza, ella también ocurrente, comentó: “Prat Gay va a pedirle perdón a empresarios procesados y en cana. Si seguimos así, pronto vamos a ir a pedirles perdón a los ingleses por haberles tirado aceite en 1806”.  Me gustó la frase, menos por su eventual verdad práctica que por su artificio retórico, que vuelve idénticos dos acontecimientos disímiles y los iguala en una línea que nos lleva a los comienzos de nuestra historia. De hecho, hasta podría pensarse que oponernos a los ingleses fue nuestro peor error, y que mejor nos hubiera ido de haberlos utilizado para zafar de los españoles.
Claro que la realidad no es contrafáctica y también podríamos asegurar que muy otra sería nuestra historia si alguna vez hubiéramos, por ejemplo, investigado a fondo los mecanismos de la deuda externa que nos supieron encajar. El problema es que, en este país, cualquier pequeño movimiento de inculpación y exculpación levanta olas que nada detiene, como bien está comprobando ahora el presidente que quería dejar actuar a la justicia, entre otras cosas porque la radical libre Lilita Carrió le deschava a sus operadores, cuando no se entretiene en denunciar a los del Papa como agentes de la ex Side, y porque sus adversarios favoritos, sus peleles de ocasión, los kirchneristas, tienen tan pocos escrúpulos que a la hora de competir en el podio donde se miden los actos de corrupción pretenden modificar los pesos e inclinar la balanza del corruptómetro y achacarle propios y ajenos (Báez-Cristina=Calcaterra&Macri).
Además, de chiripá, en el momento de máximo apriete público saltó la invalorable ayuda internacional de los investigadores de los Panamá Papers, por lo que ahora Macri, para continuar con la política de los zapatitos blancos de la impolutez, promete repatriar lo que expatrió y hace poco parecía que no tenía, dinero que supongo irá a otro fideicomiso miope, ya que en este país la ceguera es vigilia de ojos abiertos. Supongo además que ese sincericidio se corresponde con la lógica de alguien que fue empresario antes de ser presidente, mutación de roles que se presenta a trasmano en Argentina. Aquí, los políticos quieren volverse empresarios luego de haber sido actores de las distintas retóricas que les sirvieron para medrar. En ese punto, el más sincero es Ottavis, que ha entrado de lleno en el mundo del espectáculo.



dguebel