COLUMNISTAS BUENOS AIRES


Síndrome peronista

.

Sergio Massa y Verónica Magario podrán agitar desde mañana la bandera de la unidad que saca a relucir el peronismo bonaerense en una de sus recurrentes crisis desde la recuperación de la democracia. Sólo en dos ocasiones las atravesó sin el amparo del poder estatal: con la derrota electoral bajo la conducción de Herminio Iglesias y en 2015 con la de Fernando Espinoza. La comparación no es ociosa.

Tanto Herminio como Espinoza representan la figura del chivo expiatorio que construye el PJ para acariciar la fantasía de deshacerse de un lastre histórico que arrastra cada vez que la sociedad resuelve vetar la continuidad en el poder con la esperanza de que, en efecto, vaya a convertirla en realidad.

Parece imposible. En su más profunda resiliencia ideológica yace un modelo sindical anacrónico de mayorías absolutas que precisa desconocer las formas democráticas para que, paradójicamente, la ley siga reconociéndoles privilegios que demoran desde la restauración democrática no sólo una democratización del funcionamiento gremial: también una buena parte de la regresión económica.

Poco tiene de casual que la nueva CGT se identifique mayormente con Massa, como la furibundamente kirchnerista intendenta de La Matanza: al menos hasta que el líder del UNA exprese lo contrario, recrea en ese imaginario peronista el mito destartalado del eterno retorno. Cristina parece haberlo comprendido en el mismo momento en que resolvió achicar las que, se sabe, son sin embargo insalvables distancias. De allí el elogio tardío a la inversa. Ya no es el enemigo.

Es apenas una parte de la puesta en escena que tendrá lugar en González Catán cuando compartan en el predio deportivo del Sindicato de Comercio el día del trabajador del sector a instancias de su secretario general en ese distrito. Rubén “el Negro” Ledesma, socio de Magario en rechazar la división del municipio que tácitamente avalará Massa con su presencia.
Quienes le compiten por la franquicia de renovación generacional, metodológica y de expectativa no le van en zaga.

El grupo Esmeralda empuja la designación de Francisco “Barba” Gutiérrez en el directorio del Grupo Bapro y de Guido Lorenzino como defensor general del pueblo.
El ex intendente de Quilmes es investigado por la Justicia junto al resto de la comisión directiva de la UOM por supuesto lavado de dinero. El ex diputado provincial fue el vocero legislativo de Daniel Scioli a quien Elisa Carrió denunció por enriquecimiento ilícito. Más que una señal de cambio a la sociedad parece un gesto inequívoco de una clase de solidaridad que la desconoce.  

Como lo hicieron otros antes pero de forma manifiesta, Walter Festa dio una clave de estos movimientos. Frente al estado público que cobraron las fiestas en casas quintas frecuentes en todo el segundo cordón del Conurbano en la última década, el intendente de Moreno eligió responsabilizar al gobierno bonaerense, que en diciembre cumplirá un año. Una metáfora casi perfecta de aquello que aglutina al peronismo: antes un síndrome que una propuesta superadora.

*Periodista.

Daniel Bilotta