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¿Síntesis superadora o aquelarre para la derrota?

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El PJ renovó su cúpula dirigencial. En principio podría señalarse que, con espíritu aperturista y afán de supervivencia, la nueva conducción expresa una jugada inteligente que permite aglutinar a fuerzas disímiles como el camporismo y el sciolismo, junto a caciques que resisten saltar al massismo. Aunque otra lectura indique que apenas se trata de una estratagema del Gobierno para tomar aire, mientras lo encorsetan a Daniel Scioli; lo cierto es que el PJ marca la voluntad de marchar en alguna dirección. Dado que el carácter final de la misma será una síntesis entre el deseo de los dirigentes y el de los votantes, aquí se proponen dos tesis extremas para bosquejar sus posibilidades.

Síntesis superadora. Conforme a ésta, la jugada del PJ puede encuadrarse como el momento virtuoso dentro de ese ciclo tan caro al peronismo consistente en dividirse para multiplicarse y volver a unirse. Fiel a su tradición, emergería así un “peronismo civilizado” que podría aprovechar las PASO para ungir un nuevo conductor fortalecido que surgiría democráticamente entre –parafraseando a Jorge Asís– “siete samuráis” (Scioli, Randazzo, etc.). Entonces se aplicaría aquello de que “el que gana conduce y el que pierde acompaña”, se firmaría la pipa de la paz y “¡aquí no ha pasado nada, compañeros!”. Conforme a esta visión edulcorada, la opinión pública recibiría con beneplácito a un peronismo unificado que se presenta como el exclusivo garante de la gobernabilidad y como el único capaz de mantener las banderas de la justicia social. Asimismo, tanto virtuosismo acabaría por deschavar a los traidores encabezados por Sergio Massa, agazapados tras el eufemismo de la renovación. El mensaje a la sociedad sería contundente: ¿para qué votar a falsos renovadores cuando la auténtica renovación ya la hemos hecho puertas adentro y fue elegida democráticamente?

Aquelarre para la derrota. Lamentablemente para los “muchachos”, tanto candor angelical choca de bruces contra la realidad cuando se advierte que en ese formidable tren hacia la victoria, junto a “civilizados” como Scioli y Urtubey, viajan antiguas “celebrities” como Insfrán y Aníbal Fernández!” y “revolucionarios noveles” como De Pedro y Ottavis. ¿No será demasiado?

Así, no resulta descabellado suponer que esa nueva versión de “unidos por el espanto” a lo único que puede conducir es a una derrota anunciada. Porque, paradójicamente quienes más se beneficiarían de este nuevo engendro serían UNEN, el FR y el PRO. En primer lugar, un “rejunte” así parece a medida de las punzantes diatribas de Lilita Carrió, quien se hará un picnic de verborragia efectista. Pero, también fortalecerá a Sergio Massa, porque ante tanta “pureza pejotista”, su posicionamiento de “peronista renovador” resultará ahora más creíble. Finalmente, beneficiará a Mauricio Macri, quien podrá reclamar para sí ser la única alternativa no peronista con probada capacidad de gestión.

Valoración final. Para bien o para mal el PJ ha encaminado un rumbo. Quizás la decisión resultó ser más fruto de la necesidad que de la convicción: tal vez no había otra alternativa. Las dos tesis enunciadas representan apenas los extremos de un espectro. Aunque sea prematuro decidirse a favor de alguna, quien escribe, se inclina más por la segunda: si tuviera que jugar, apostaría a que el PJ pretendió un pasaje a la Casa Rosada; pero el boleto ya marcaba el destino del cementerio.

*Director de González Valladares Consultores.



Federico González