COLUMNISTAS UN AÑO, MUCHOS MACRI

Sobre invitar al peronismo

¿Macri sabe hacer política? Extraña pregunta.

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¿Macri sabe hacer política? Extraña pregunta. El Presidente establece prioridades, selecciona con dedicación su elenco, tiene ideas sobre cómo conectarse con la opinión pública, cuida los aliados, no se entorna, tiene un concepto sobre cómo relacionarse con la oposición, sabe prometer, se agarra la cabeza pero se controla, intenta vincular operativamente algunas metas más o menos concretas con los recursos y los medios disponibles, negocia, es “pragmático”, sabe ceder, etc.

Claro, su modo tiene sesgos que no me gustan; por ejemplo, un sesgo “tecnocrático”: en la orilla de una concepción en que la flexibilidad y la composición políticas son reemplazadas por la gestión que descansa en un plan y unos administradores; adolece de un simplismo comprensible pero estéril, como el que establece la diferencia entre “lo nuevo” y “lo viejo”.

Corre el riesgo de creer en las conexiones causales que establece. Y de dejarse llevar por el entusiasmo que intenta infundir en los ciudadanos. Pero, en conjunto, no encuentro ningún fundamento en afirmaciones como: “Macri tiene que comprender que es necesario hacer política”.

En un año, el Gobierno puede haber cometido muchos errores, y puede estar ahora sufriendo muchas dificultades, pero entonces corresponde una pregunta por las mejores políticas posibles, y no una negación inútil de la capacidad política del Presidente.

Aquí abordaré una dimensión de la política presidencial: la organización política de su gobierno. Decididamente, Cambiemos es una coalición electoral. El de Macri no es un Gobierno de coalición. La coalición electoral se expresó en el Congreso, como una coalición parlamentaria. Pero una coalición de gobierno supone, además de compromisos legislativos, responsabilidades en el Ejecutivo: cargos en el gabinete y capacidades decisorias.

La posición del PRO, antes de las elecciones nacionales, fue “en un sistema presidencialista el que gana gobierna”. No es cierto, hay muchos sistemas presidencialistas en los que el que “gana” comparte el poder. Curioso: un gobierno claramente minoritario que decide no configurar ninguna coalición. No se trata de una decisión irracional. ¿Sigue siendo la mejor? Evidentemente, si este año ha habido cooperación entre el Gobierno y la oposición (gobernadores, legisladores) ésta no ha pasado por el andarivel de las coaliciones. El Gobierno prefirió trabajar caso a caso. Por un lado, esto es fatigante y muy caro en términos fiscales. Por otro, como ha argumentado Jaime Duran Barba, Cambiemos mantiene así la identidad ante los ciudadanos. Caso a caso es el Gobierno aquí y la oposición allá, pero un entendimiento más orgánico, confundiría “lo nuevo” con lo “viejo” además de correrse otros riesgos: interferir en la “interna peronista” sería como meter la mano en un avispero.

Por fin, habría que compartir las decisiones. Duran Barba es algo tremebundo –“el Gobierno perdería su identidad y se desmoronaría”–, pero no ve fantasmas, aunque yo no lo veo así.

Todo el mundo dice que no hay partidos, que son cosa del pasado. Pues bien, quizás no sea el momento –a menos de un año de las elecciones de medio término– de tomar iniciativas que supongan un cataclismo político, como la de proponerle al massismo, o al peronismo no K, entrar en el Gobierno insertándose en el gabinete y constituyendo una coalición plena.

A esta altura los peronistas serían más reticentes a un convite hipotético. Y una iniciativa así sería imputada –otra vez – de “olvidarse de la gente” (ya que para algunos está la gente por un lado y la política por otro). Pero quizás sea posible un entendimiento más informal, con el ingreso de algunos peronistas (pero, tenemos hoy el gabinete más armónico en tantísimos años; ¿vamos a deshacerlo?) a título más personal. Tiene riesgos, pero también ventajas. Una de ellas es la posibilidad del alargamiento de los tiempos de la política. La cooperación podría inducir a los actores a comprometerse en común con políticas en tiempos que superarían los plazos de un gobierno. Algo demasiado importante como para ignorarlo.


*Investigador principal del Conicet, miembro del Club Político Argentino.



Vicente Palermo