COLUMNISTAS POLITICA Y VACÍO

Socialistas de derecha

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My government is pro-business”. Desde el tiempo de François Mitterrand, Felipe González y Bettino Craxi, hasta François Hollande, los socialdemócratas casi no hablan de socialismo ni se dirigen “a los trabajadores”. Pero, al menos que yo recuerde, es la primera vez que un socialdemócrata –en este caso Manuel Valls, el primer ministro francés– define su gobierno como “pro negocios”; es decir pro empresas, bancos, clases altas. La cita es en inglés porque en esa lengua fue pronunciada la frase la semana pasada, nada menos que ante la City británica.

La socialdemocracia nunca sostuvo una política “antiempresa”, sino una visión distinta del liberalismo sobre su función social; de lo que se derivan propuestas distintas sobre el papel del Estado, fiscalidad, distribución de beneficios y, en última instancia, propiedad de los medios de producción. La afirmación de Valls representa la firma al pie de una política que reniega de la teoría y los objetivos del socialismo y acaba al servicio de un grupo de dirigentes, en el mejor de los casos bienintencionados, pero que ignoran o han dejado de lado la teoría socialista y sus propuestas, las únicas actualmente a mano, vistos los reiterados fracasos liberales y conservadores ante la crisis del capitalismo mundial. Así, una vez en el gobierno, esas almas buenas sólo atinan a obedecer la lógica del poder, es decir a los business.

El gobierno “socialista” francés abandonó sus propuestas electorales de redistribución fiscal y mayores y mejores prestaciones sociales, para acabar proponiendo una fiscalidad regresiva y la reducción del presupuesto de Estado en salud, educación y seguro de desempleo. Su “política económica de empleo” se reduce a dar mayores facilidades fiscales y de “flexibilización laboral” (despidos, menor indemnización, etc.) a los business para que éstos resuelvan el asunto, como si los robots y la informática no fuesen preferidos por las empresas, ya que trabajan las 24 horas, no cobran salario ni formulan reivindicación alguna. Sólo entre los menores de 25 años, el desempleo en la Unión Europea afecta a casi 5 millones de personas; el 21,6% de la población activa de esa franja. En España, el desempleo entre la población activa global es superior al 25%.

El variado derrotero derechista de los gobiernos socialdemócratas europeos y escandinavos no tuvo al principio mayores efectos políticos, ya que la crisis empezaba y el edificio social se derrumbaba desde cotas muy altas. Esos inicios menos comprometidos (en España el desempleo rondaba el 5%) no impidieron que los gobiernos socialdemócratas adoptasen maneras políticas de la derecha, como la ilegalidad de Estado (los grupos antiterroristas GAL en España, con Felipe González) y la corrupción (Bettino Craxi en Italia, muerto en el exilio), por citar sólo algunos ejemplos. La URSS se desmoronaba y la crisis capitalista mundial se manifestaba en su periferia; en el Tercer Mundo.

Pero hoy la crisis económica y financiera es global; está instalada en el corazón del sistema y su persistencia provoca remezones políticos. Desacreditada primero y ahora oficialmente desaparecida la propuesta socialdemócrata, las bases se agitan hacia el populismo con “relato” de izquierda, o el populismo puro y duro de derecha. En Francia ya se habla de la necesidad de una VI República…

Hoy, el gobierno “socialista” francés es el menos apreciado por la opinión desde la V República; enfrenta una revuelta de sus bases en la Asamblea Nacional y está a punto de perder el apoyo de la central socialista de trabajadores, la CFDT.

Mientras tanto, Marine Le Pen, líder del ultraderechista Front National, primero en las encuestas por delante de liberales y socialistas, acaba de acusar al gobierno de “proseguir su obra de desconstrucción del modelo social francés, hacia un sistema más individualista e injusto”.
También la política le tiene horror al vacío.

*Periodista y escritor.
Acaba de publicar, junto a Mario Bunge, ¿Tiene porvenir el socialismo?” (Eudeba).



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