COLUMNISTAS LO SIMBOLICO

Subjetividad y economía

.

Fragilidad de enunciados. Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía, en el año 2002.
Fragilidad de enunciados. Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía, en el año 2002. Foto:Cedoc Perfil
Toda comunidad tiene paradigmas y cree en sus verdades. Sin embargo todos los paradigmas pertenecen al mundo de lo simbólico y existen solamente en la medida en que la gente cree que existen. Sobre la fragilidad de los enunciados duros de la economía, es recomendable leer el libro Pensar rápido, pensar despacio, de Daniel Kahneman, psicólogo y ganador del Premio Nobel de Economía de 2002, y sus ensayos Judgment under uncertainty: heuristics and biases, y Loss aversion in riskless choice: A reference dependent model, que estudian las percepciones de la economía.

No sólo que el banco más sólido se derrumba cuando sus clientes creen que está mal, sino que han ocurrido enormes catástrofes económicas, simplemente porque la gente creyó que algo era un excelente negocio, que se desvaneció en cuanto se dejó de creer que así lo era. Las burbujas económicas han producido crisis devastadoras y no se pueden explicar únicamente con teorías enonomicistas o moralistas. Para entender la economía y la política es indispensable acudir a la psicología. En las burbujas importantes, la de los mares del Sur, el crack de 1929, la crisis de los ferrocarriles del siglo XIX y otras, hubo en medio una desmedida expectativa financiera, la ilusión de muchos que hipotecaron sus bienes para especular, y lo perdieron todo. Hagamos una reseña de la crisis de los tulipanes, la primera de la historia contemporánea.

En 1554 el embajador austríaco en Constantinopla descubrió una flor deslumbrante: el tulipán. Consiguió unos bulbos, los envió a Viena para ser plantados en el Palacio Imperial. En 1602 el conservador de los jardines del emperador Carolus Clusius llevó a los Países Bajos unos bulbos que desataron la fiebre de la tulipomanía. En Holanda existía un virus llamado Mosaico que provocaba la aparición de unas franjas de colores denominadas llamaradas, lo que generó el surgimiento de variedades exóticas que dispararon  los precios de la flor. Se ha documentado el intercambio de un solo bulbo de tulipán por una lujosa mansión, o la venta de una raíz en 1.000 florines cuando una persona de ingresos medios ganaba 150 florines al año. En 1635 se vendieron  cuarenta bulbos por 100 mil florines,  el equivalente a cien toneladas de mantequilla. El récord del precio lo batió un bulbo del tulipán Semper Augustus por el que se pagó la suma de 6 mil florines.

No obstante hubo un obstáculo que se interpuso en la euforia de los compradores: la floración de la planta demoraba 7 años. Se creó entonces el primer mercado de futuros de la historia que se llamó en holandés windhandel ("negocio de aire"), en el que se negociaban promesas de venta de bulbos que todavía no existían. De esta manera el mercado se multiplicó en la mente de la gente. Muchos hipotecaron sus propiedades y se endeudaron para adquirir papeles que en la práctica reemplazaron a los tulipanes. La enorme demanda de notas de entrega a futuro desató una especulación financiera desbocada.

Aparecieron sofisticados catálogos de venta y los tulipanes ingresaron en la Bolsa de Valores. El 5 de febrero de 1637 se hizo la última venta importante cuando se pagaron 90 mil florines por un lote de 99 bulbos de tulipanes de colores extraños. Al día siguiente cundió el rumor de que cuando los papeles se conviertan en tulipanes nadie pagaría más por algo que, finalmente, no era más que una planta de jardín. No se pudo vender un papel de venta futura que ofrecía medio kilo de bulbos por 1.250 florines. Entonces estalló la burbuja financiera, se produjo un pánico general, los precios de los papeles cayeron en picada, todos los vendían y nadie quería comprarlos. Quebraron masivamente las personas que habían empeñado todo lo que tenían para especular con ellos. Durante mucho tiempo los tulipanes han seguido siendo una planta de jardín cara, pero nunca recuperaron sus precios mágicos. La historia quedó reseñada con buen sentido del humor en el texto de Charles Mackay, Delirios populares extraordinarios y la locura de las masas.

*Profesor de la GWU, miembro del Club Político Argentino.