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Suecia crece con inmigrantes

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Cinco bajo cero y nieve a las 7 de la mañana en Linköping, ciudad universitaria del sureste sueco. “Este invierno es muy suave”, dicen todos, y alguno agrega: “Parece primavera”. Pero, desde el ventanal del departamento donde me alojo, miro salir de los edificios vecinos niños con gorros, guantes, camperones y bufandas. Casi todos tienen rostros oscuros, como las mujeres que los acompañan, con túnicas y velo cubriéndoles la cabeza. Es un barrio de inmigrantes (“no el más marginal”, aclara un argentino), y la mayoría son musulmanes.

El 19 de febrero, la Oficina de Estadísticas Sueca (SCB) informó que el país registró el año pasado el mayor aumento interanual de su población desde 1946.  A finales de 2013, Suecia tenía 9.644.864 habitantes, 88.971 más que en 2012,  dato impulsado por 65.130 personas inmigrantes, 13 mil de ellas provenientes de Siria y de Somalia. No es casual. Suecia decidió en septiembre pasado dar permiso de residencia permanente a los refugiados sirios con asilo a causa del conflicto bélico en su país. Antes, en los años 70 y 80, durante las dictaduras latinoamericanas, fueron numerosos los refugiados chilenos y argentinos, de los cuales algunos aún viven aquí.

Pero ahora la crisis económica en Europa también aporta inmigrantes. Muchos jóvenes italianos, polacos, españoles llegan en busca de mejores oportunidades laborales. Un boliviano refugiado durante la dictadura de Hugo Banzer (71-78) resume: “Acá te impulsan y facilitan hacer cosas. ¿Integración? Aprender el idioma y dejar de lado eso de ‘la comida no es como la de mi país’. Me casé con una sueca y tengo una hija sueca. No volveré a vivir en Bolivia aunque en el último viaje, hace un año, encontré que está mejor, con pobreza pero ya no miseria”.

Una joven científica de Buenos Aires opina que “acá todo es más fácil que en Argentina. Acá la educación y la asistencia en salud están garantizadas, son buenas y gratis”.

Escuelas y jardines de infantes con horarios amplios, maestras de apoyo en lengua materna para los nenes recién llegados,  actividades gratuitas extraescolares a elección, son algunas características de esta monarquía parlamentaria, con un rey “que sólo corta cintas en actos inaugurales”, en un “mix” de  capitalismo y beneficios sociales, con elevados impuestos pero con 99% de alfabetización y una expectativa de vida de 81 años.

“Cuando anotamos al nene en un preescolar recibimos por correo la aceptación y dos cartas: una con los nombres, direcciones y teléfonos de sus compañeritos para ir socializando, y otra con los menús del almuerzo de todo el año escolar, para que pudiéramos organizar equilibradamente las cenas”, dice un asombrado porteño, residente desde hace un año en Linköping. Y remarca que en la universidad hay, entre otras cosas, una gran cocina para los empleados, con lavavajillas, heladera y freezer.

El asombro se extiende ante los medios de transporte confortables y puntuales (segunda clase de tren con wi-fi),  sendas peatonales y bicisendas seguras (a diferente nivel que la circulación de autos). Sin embargo, una sueca no vacila en comentarios críticos. “Hay discriminación velada. Al inscribir a mi hija en el jardín, en una escuela de un barrio de inmigrantes, me dijeron que era mejor ir a otra ‘por cuestión de idioma’”.  También destaca que “ahora los contratos de trabajo son temporarios” y que “si bien la vivienda se obtiene por puntos y los alquileres no son altos, el sistema, de hecho, favorece a los suecos”. Un italiano agrega que “para los suecos sus propias costumbres son las únicas posibles” y un argentino enfatiza: “Lo primero que te dicen es que es un país pacifista, pero callan sobre su poderosa industria de armas”.

En tanto, la SCB informó esta semana cifras clave, entre ellas la tasa de desempleo (8,6% en enero) y la de inflación (-0,2% en enero en comparación con el mismo mes de 2013). Pero, a pesar de las estadísticas positivas, mientras niños suecos, japoneses, africanos, de Medio Oriente y Latinoamérica patinan sobre el hielo en pistas gratuitas y ríen juntos, surge la pregunta sobre el futuro de la segunda generación de inmigrantes. Sobre todo tras la violencia de mayo de 2013 en varios de sus barrios, iniciada en Estocolmo con la muerte a manos de la policía de un portugués y extendida a otras ciudades, incluida Linköping.

“Veremos qué pasa en las elecciones de septiembre próximo, luego de ocho años del primer ministro de centroderecha, Fredrik Reinfeldt”, dice una profesional sueca que espera el retorno de la socialdemocracia.

*Periodista argentina.



Dora Salas