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Suecia y su Ministerio del Futuro

En un mundo volcado a las urgencias, los suecos se plantean reconciliar la competitividad y la generación de trabajo con la sustentabilidad ecológica y un desarrollo social inclusivo.

Comunicacionalmente, nos zambullimos a diario en el tiempo presente sin preguntarnos si lo hacemos por su vastedad, porque allí se acaba la oferta o por holgazanería.

Pero no todos hacen eso: hay quienes se interesan por el futuro, y habiendo dicho lo que antecede, ¿cómo no dedicarle a continuación algunas impresiones?

“El mundo cambia a cada momento sin esperarnos, y es por eso que debemos repensar nuestro modo de vivir cada día”, dice Kristina Persson. El papel del Estado, las relaciones entre empresarios y sindicatos, las corrientes migratorias, las exportaciones, el desarrollo humano, la vida digna. Pero –todo– según el sistema de valores propio.

En el segundo piso de Rosenbad –el palacio gubernamental sueco, en Estocolmo– está situado el Ministerio para el Desarrollo Estratégico y la Cooperación Nórdica, encabezado por Kristina Persson, la ministra “a cargo del futuro” (Andrea Tarquini, Repubblica).

El Estado debe articular, por ejemplo, las tensiones derivadas del hecho de que la firma fabricante de automóviles Volvo abra una filial en los Estados Unidos (aunque con los derechos sindicales suecos) para manufacturar vehículos todoterreno ligeros que no contaminen el ambiente. Debe tratar de que la cantidad de mujeres y de hijos de inmigrantes que trabajan esté balanceada, comenzando por las oficinas públicas, por ejemplo en el Ministerio para el Desarrollo Estratégico. Debe fomentar la venta del Saab 39 Gripen a Brasil (un caza polivalente ligero), pero no a países con sistemas políticos no democráticos. Los economistas del ministerio del futuro apoyan las ideas “buenas, éticas, limpias, eficaces”, sin prejuicios. Como subvencionar música urbana que forma parte de la cultura juvenil, al tiempo que no se ahorra una sola corona si se trata de la instrucción o de la investigación científica.

El futuro es algo sumamente creativo en una sociedad donde lo que aquí consideramos tal cosa ya ha llegado: en Suecia, una pareja del tipo que fuere es responsable por el 50% de la manutención de un niño adoptado aun si luego se rompe el vínculo; la prohibición de la prostitución recae en el cliente que compra sexo en lugar de la mujer que lo vende por necesidad económica. Futuro con valores.

Persson y su ministerio forman parte del gobierno del líder social democrático Stefan Löfven, quien llegó a ser primer ministro en 2014, luego de ocho años de predominio de los conservadores en una elección en la que la sorpresa fue el 13% de los votos obtenido por el Partido Populista antiinmigración. Forma parte de una vanguardia de nuevas figuras, de entre las cuales se destacan el presidente del Consejo de Ministros italiano Matteo Renzi y el político francés nacido en Barcelona Manuel Valls, quienes tratan de armonizar los desafíos del siglo XXI con el profesionalismo y el pragmatismo de la llamada “tercera vía”, en la que abrevaron durante la década de los 90. Aun cuando Suecia sostiene una colaboración profunda con la OTAN, Löfven la define como “militarmente no alineada”; postula ofrecer a Ucrania una membresía a largo plazo de la Unión Europea (para contrariedad de Putin); cree que sólo Naciones Unidas podría dar a una operación internacional contra el Califato Islámico, y fue un agrio crítico del crecimiento de los déficits públicos debidos a recortes de impuestos no financiados y de la persistencia de inaceptables niveles de desempleo.

Cuando fue interrogado acerca de una supuesta crisis del modelo social nórdico, respondió que en Suecia el desmantelamiento del modelo había ido demasiado lejos. “Creo que el modelo necesita de una modernización constante”, dijo a Matt Browne (ThinkProgress), “pero como modelo es más vital que nunca antes. En tanto la globalización evoluciona y la concentración de recursos crece, un sistema eficiente para la redistribución de los ingresos y –todavía más importante– para redistribuir oportunidades se torna tanto un imperativo moral cuanto un modo de aumentar la eficiencia en el seno de la sociedad”.

De la oficina de Gösta Brunnander (secretario de Prensa de Kristina Persson), surge un modelo creativo acerca del trabajo del futuro: “Necesitamos desarrollar vías para reconciliar la competitividad y la generación de trabajo con la sustentabilidad ecológica y un desarrollo social inclusivo”, aumentando el conocimiento sobre un rango amplio de encrucijadas sectoriales. Esta urgencia se alinea con los resultados arrojados por el modelo PISA de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) para estudiar los sistemas educativos de los países, que indican que las escuelas suecas están por debajo de los estándares aceptables.

En una puesta en práctica de esos criterios de creación de trabajo con adición de conocimiento, Suecia inició el tendido de un cable transportador de energía hacia Lituania (de 400 kilómetros, el “Nordbalt cable”). Putin, que no es persona de olvidar algo con facilidad, resolvió hacer unos “movimientos” marítimos para proteger su “zona de ejercicios militares”, a pesar de que Vilna reivindica ese lugar como zona económica exclusiva. Pezhman Firvin, portavoz de la ministra de Relaciones Exteriores Margot Wallström, imputó a los navíos de guerra rusos interferir con los trabajos de instalación del elemento de conexión. No hace mucho Suecia había acusado a Rusia de haber enviado un submarino nuclear a sus aguas territoriales, lo que luego se demostró inexacto. “Acusar a Rusia ahora es un deporte”, lastimó Putin.

La señora Wallström es una mujer decidida y poderosa en su país. No mucho después de hacerse cargo, Suecia reconoció a Palestina como Estado (Israel retiró a su embajador). Luego, tildó a Arabia Saudita de “cruel” por sus intentos de hacer callar al bloguero Raif Badawi. Sobre llovido, adhirió el asesinato de Boris Nemtsov a un segmento de lo que llamó el “reino del terror” putinesco; ¿cómo no se iba a mojar el “Nordbalt cable”?

Un editorial del periódico impreso en formato berlinés The Guardian sentenció que “hay una honorable tradición en los socialdemócratas consistente en pagar un precio diplomático por decir lo imprudentemente obvio”.

The Guardian miró el pasado. Putin el futuro, a su modo presente. Suecia puso en marcha su institución ministerial para ir a buscar lo que vendrá. Son maneras.



Redacción de Perfil.com