COLUMNISTAS EL OPTIMISMO, MICHETTI Y LOS CLUBES GRANDES QUE QUIEREN TODA LA TORTA


SuperLiga, SuperYerno y la pastillita chiquitita

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—¡Oh, Pangloss! –exclamó Cándido–. Seguro nosospechaste semejante espanto. No tendré más remedio que renegarde tu optimismo.
 —¿Qué es el optimismo?
–preguntó Cacambó.
—¡Ay, amigo! –dijo Cándido–. Es obstinarse en sostener que todo va bien, cuando todo está mal.
Voltaire (1694-1778); de “Cándido o el optimismo”, Capítulo XIX (1759).

En mis auriculares sonaba Yellow Shark, el último concierto de Frank Zappa. Necesitaba un little break luego de escuchar un ratito a la vicepresidenta Michetti opinar sobre las drogas y el caso Time Warp en Costita Salguero. Uf. No podía sacármelo de la cabecita.
“¿Cómo se controla algo que es de este tamañito y está metido en un bolsillito, al fondo? ¿Cómo? Y si controlaran, ¿qué? ¿Les van a sacar la pastillita a los chicos y entonces se arma lío y empieza la violencia? Es un tema supercomplicado, con múltiples facetas. La más importante, creo, es acompañar el desarrollo de la vida de nuestros hijos de cerquita”.
—Hermoso, hermoso –repetía alguien, más allá de mi escritorio. Chaqueta, chaleco, calzón y medias oscuras, tricornio bajo el brazo, zapatos de tacón, pañuelo blanco, melena canosa, bastón, ojos inquietos detrás de unos lentes sin patillas. Un hombre del siglo XVIII en el siglo XXI. Ridículo. Aún sonreía cuando le hablé.
—Si vino para carnaval, llegó atrasadito –le dije, contagiado por la candorosa Gaby.
—Doctor Pangloss, para servirlo –se presentó con una reverencia–. Enseño métaphysico-théologo-cosmolonigologie y busco a Cándido, mi discípulo. Tal vez pueda ayudarme, Asch. Vinimos a ver el Superclásico.
—¿Pangloss, el del Cándido de Voltaire? ¿El que creía, como Leibniz y Macri, que éste es el mejor de los mundos posibles? No me joda.
—¡El mismo! Por eso elogié las palabras de esa sabia mujer. Cuidar a los niños de todo mal es fundamental. Sólo así serán felices.
—Sí, sí. Oiga, ¿por casualidad conoce a Daniel Cerezo, el “gerente de felicidad” que invitaron a una reunión de gabinete?
—Otro alumno. Obediente, convencido. ¡El futuro será puro disfrute!
—Me imagino. ¿Dónde perdió a Cándido, Pangloss?
—En la Boca. Fui a contratar el tour turístico de La 12, pero mi bufanda de River debe haber inquietado a alguien, pues fui salivado, pateado, trompeado, me arrojaron ladrillos y debí correr treinta cuadras para salvar mi vida. ¡Una maravillosa experiencia!
—No me diga.
—Gracias a ella conocí Constitución, donde me amenazaron con armas blancas. Me salvó un uniformado que luego me pidió un diezmo para dejarme ir. Tuve suerte: aceptó mis monedas de plata. Ya en Retiro, me topé con miembros de una logia llamada Los Borrachos del Tablón.
—Upa.
—Antes de quedarse con mis pañuelos de seda, tres anillos y mi cadena de oro, me convidaron pan con carne y me hicieron beber algo llamado “burundanga”. Qué amables. Me desperté en un banco de la plaza, algo dolorido y aquí estoy. Lleno de optimismo.
—Mire, yo estaba por escribir sobre el proyecto de la Superliga, primer paso para privatizar el fútbol, cuando me distraje. Primero con el reportajecito, ahora con usted.
—¡Qué maravilla, clubes unidos para darle lo mejor al pueblo! Conmovedor.
—Se juntan para llevarse más plata, Pangloss. Los más chicos que se arreglen. La torta no da para todos.
—¡Ah, qué cosa terrible el hambre! Por suerte veo buenas intenciones en las autoridades.
—Sí, buenísimas. Hambre, también, tienen los que compiten por quedarse con los derechos del fútbol. Turner, el favorito, más Fox, Artear, Torneos, que tiene preso en Manhattan a su ex CEO Alejandro Burzaco, ya sin tobillera y con el ventilador todavía en on. Su hermano Eugenio es el secretario de Seguridad de la Nación.
—¿La Nación? Hermoso diario; tamaño sábana, como me gustan. Pero siga con la Superliga. ¡Me encanta la novela épica!
—Sigo. Hartos de ser superados por clubes con presupuestos modestos, los cinco grandes y sus socios –todos menos Independiente– intentan quebrar el sistema tradicional de reparto, separarse de la AFA, negociar por separado su cachet televisivo y organizar un torneo que haga más grandes a los grandes y más chicos a los chicos. No es una idea tan original, si uno lee con atención los diarios.
—Oh. ¿Y a quién enfrenta la Superliga? ¿Qué pasa con Independiente? ¿Se opone al poder?
—Nah. Quieren el poder, pero por otro lado. Los que se oponen a la Superliga son los clubes chicos de Ascenso Unido, la agrupación de Chiqui Tapia. El Superyerno.
—¡Qué batalla apasionante! ¿Superyerno es un título nobiliario?
—Más o menos. Se gana, por ejemplo, casándose con la hija de Hugo Moyano, líder sindical de Camioneros y presidente de Independiente. Por eso el “no” a la Superliga. Si hoy hubiese elecciones en AFA, tal vez ganaría Tapia. Por eso los otros rompen.
—No se entristezca. ¡Se impondrá el mejor proyecto posible, Asch!
—Mire: algunos dirigentes dicen que esto es como elegir “entre Guatemala y Guatepeor: te emboca el Gobierno o te aplasta Camioneros. Nadie piensa en el fútbol, sólo les interesa la guita”.
—No entiendo. ¿Qué buscan sus amables gobernantes?
—Quedarse con el fútbol sin poner un peso ni caer en lo gratuito, ¡Dios los libre de tal pecado! Para eso Macri tiene tres espadas. Angel Easy, presidente de Boca y operador judicial; Fernand Maring, deconstructor del Fútbol para Todos, y Gustav Ups, Mister 5 en la AFI. Todos habitués de las acogedoras playas de Panamá offshore. ¿Objetivo? Imponer las SAD, viejo sueño del Presidente. Que los clubes sean sociedades anónimas, ya no sociedades civiles sin fines de lucro. Una desgracia.
Pangloss movió su cabeza, se puso de pie, me explicó que debía buscar al buen Cándido en la Boca, y se despidió con otra reverencia. Antes, me dijo que “habiendo sido todo formado para un fin, todo es y existe necesariamente para el fin mejor”.
Ya en la salida agitó su tricornio y me mostró su mejor sonrisa. Lo mandé al carajo, pero creo que no me escuchó.



jasch