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Tachín, tachín

Un análisis del ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y una mirada sobre el lanzamiento del primer satélite argentino, el ARSAT-1. 

En un sentido estricto, los regímenes de corte claramente autoritario son previsibles. Sus pasos se orientan en un itinerario que ya es conocido por la humanidad. Este itinerario implica, fundamentalmente, el aprovechar todas las ocasiones que brinda la escena mundial para adquirir el prestigio y la respetabilidad que no han sido ganados en la gestión directa de los acontecimientos. No es un rasgo exclusivo de los regímenes crudamente autoritarios, como el de Venezuela, del que estoy hablando: en general, los populismos realmente existentes no pierden ninguna alternativa ni ocasión de auto celebrarse y exaltarse con lo que presentan como logros de una determinada gestión, tal y como lo está haciendo ahora el gobierno de la Argentina con el lanzamiento del ARSAT 1, que no es un episodio que se resolvió en dos meses;  por el contrario, se trata de un logro tecnológico atribuible a la persistencia, al talento y a la larga continuidad que la Argentina tiene en esta materia.

Pero, de regreso al punto de partida, la República Bolivariana de Venezuela, o sea el régimen de Nicolás Maduro, obtuvo este jueves 16 de octubre un triunfo diplomático que sería tonto negar: ha ingresado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en representación de América Latina. Estas decisiones, corresponde aclarar, suelen adoptarse en nombre de un bloque geopolítico. El consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es, en teoría, el organismo más importante de la organización mundial. Sin embargo, de sus 15 miembros, de los que regularmente lo integran, cinco  son permanentes y diez rotativos. De hecho, la Argentina es hasta fin de año integrante de este Consejo de Seguridad por América Latina, junto a Australia, Luxemburgo, Corea del Sur y Rumania. El régimen de Maduro fue candidateado por América Latina; América Latina alega que no se le podía negar a Venezuela esa posibilidad; y, en consecuencia, América Latina votó masivamente por Venezuela. Si bien Venezuela obtuvo 181 votos, Angola, que también entró, obtuvo 190, Malaysia obtuvo 187, y también fueron electos España y Nueva Zelanda. España ingresó tras un balotaje con Turquía.

Los compañeros de ruta de este Consejo de Seguridad, son entre otros Chad; Nigeria, un país atribulado por el terrorismo, el fundamentalismo y las enfermedades; Jordania, uno de los países más tranquilos de Medio Oriente pero siempre muy explosivo; nuestro vecino Chile, y Lituania. La pregunta legítima es: ¿cuál es el peso específico real que tiene para los países ingresar al Consejo de Seguridad? Mucho me temo que no les voy a dar una respuesta demasiado exaltada. Es un peso específico sumamente irrelevante. Claro, para el régimen de Maduro la permanencia durante dos años en el Consejo de Seguridad, significará poder hacer uso del micrófono, del atril, de la tribuna, y tener un eco que quizás desde Caracas no tendría. Incluyendo a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido), el Consejo de Seguridad ha perdido mucho de la relevancia y potencia que tenía hace 20 años. De hecho, han ido surgiendo grupos (G6, G9, G20) como diferentes estructuraciones del poder mundial, para temas de guerra y paz, desarrollo y pobreza; los países se agrupan entre ellos más allá de que formen o no parte del Consejo de Seguridad, como BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), una colección de naciones que han dejado de ser subdesarrolladas en sentido estricto, pero que tampoco son grandes potencias tecnológico-científico- económicas y por consiguiente se agrupan entre ellas.

Sin embargo, Venezuela, que ya había integrado en democracia el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en cuatro períodos distintos,(1962, 1963, y 1992 y 1993), en el comienzo ya del chavismo, tiene intenciones muy explícitas. El régimen llamado “bolivariano” ha salido a decir –de manera, como siempre, floripondiosa y vociferante- que es mentira que Venezuela esté aislada.

Más allá de estos oropeles manhattanianos, toda esta celebración que tiene como escenario el famoso palacio de vidrio a orillas del East River: ¿cuál es la incidencia real de la ONU en la solución de los problemas agudos de la gente?Venezuela sigue siendo una sociedad golpeada hasta el extremo más duro por la criminalidad y la violencia cotidianas, hasta el punto que la criminalidad está haciendo estragos en las propias filas del oficialismo chavista; no hablemos de la inflación, que se halla entre las dos o tres más altas del mundo (para fin de año el incremento del costo de vida va a estar orillando el 70% en Venezuela) y la escasez de mercancías indispensables, fácilmente advertible en supermercados y negocios, porque muchos productos básicos están faltando hace años en Venezuela, ante la actitud dirigista del régimen venezolano, que desestimula y torna irrelevante la capacidad competitiva de los empresarios privados que aún quedan.

Esto no lo soluciona el Consejo de Seguridad como tribuna retórica para el chavismo, pese a lo cual, Maduro y sus socios salen a decir que se trata de un triunfo histórico, una reivindicación de Hugo Chávez. Venezuela, en la década del 60, cuando estaba construyendo su primera etapa democrática, con Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Raúl Leoni entre otros presidentes de esa etapa, ya había ingresado al Consejo de Seguridad y ahora le toca el turno a los autoritarios.

Ahora mismo en la Argentina el vociferante eco de la propaganda oficial presenta al lanzamiento del ARSAT 1 como un triunfo puro y duro del oficialismo. No lo es. Es un dato del que la Argentina tiene derecho a sentir un prudente orgullo. Se trata de un logro que no puede ser desmentido, ni mucho menos minimizado. La Argentina, como Venezuela con el Consejo de Seguridad, exhiben perfiles muy parecidos, un intento sistemático e infatigable de presentar a todos los acontecimientos del mundo como el logro y el triunfo de los regímenes en curso.

Venezuela entró al Consejo de Seguridad, pero el mundo va a seguir siendo igual y el régimen no va a dejar de aprovechar esta ocasión para autoproclamarse como triunfador de una reivindicación histórica.

(*) Emitido en Radio Mitre, el jueves 16 de octubre de 2014. 



Pepe Eliaschev