COLUMNISTAS PRIMARIAS REPUBLICANAS

Temporada de circo antes de la campaña en EE.UU.

Aunque es muy probable que no obtenga la candidatura republicana, Donald Trump ha logrado atraer una atención desmesurada –y bienvenida– sobre las primarias del partido.

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Aunque la prensa estadounidense se ha obsesionado con la irrupción de Donald Trump en la carrera presidencial, el polémico magnate inmobiliario tiene muy pocas posibilidades de lograr la nominación republicana. En Estados Unidos, antes de que empiece el período de campañas, siempre hay un lapso de circo en el que emergen contendores con posiciones extremas y pintorescas. Pero cuando los votantes acuden a las urnas y deciden a quién le confiaran los destinos del país por los próximos cuatro años, los payasos siempre son relegados a un segundo lugar en la carrera hacia la Casa Blanca.

El ciclo electoral estadounidense no tiene tregua. Con elecciones para el Congreso cada dos años, los estadounidenses siempre están sometidos a las dinámicas de campañas electorales de altos costos económicos y formidables desafíos logísticos. En las contiendas presidenciales, como los nominados de cada partido deben ganar una serie de primarias estatales que se inician el 1º de febrero de 2016 en Iowa, continúan con otros cuatro estados en febrero y 27 más en marzo, la dinámica es todavía más intensa.  Los aspirantes deben lograr un buen desempeño en las primarias de febrero para no quedar fuera de carrera. Normalmente, para fines de marzo, ya hay un líder que tiene amarrada la nominación.
 
Apenas el presidente Obama asumió su segundo período en enero de 2013, los aspirantes presidenciales comenzaron a planificar para 2016. Hillary Clinton –quien fue derrotada por Obama en las primarias de 2008– tomó la delantera. Sus aliados del Partido Demócrata comenzaron a recaudar fondos y levantar una estructura nacional destinada a disuadir a cualquier otro potencial aspirante demócrata. Así, la ex primera dama ha logrado consolidar su ventaja con una cuenta bancaria tan abultada que ningún otro líder demócrata nacional se ha animado a desafiarla. Aunque el senador socialista de Vermont, Bernie Sanders, se ha convertido en un dolor de cabeza para Hillary, nadie cree que Sanders ganará las primarias. Sanders reunirá el voto de protesta y atraerá a algunos que quieren advertirle a Hillary que no se exceda en la necesaria marcha hacia los votantes moderados que deberá iniciar después de ganar las primarias.
 
En el Partido Republicano, el proceso ha sido mucho más desordenado. Porque las opciones de ganar aumentan cuando el presidente saliente termina su segundo período, la carrera republicana se inició con 17 contendores (aunque hay dos que ya suspendieron sus campañas). Además, la candidatura de Hillary ayudó a envalentonar a los más derechistas que sienten que en estas elecciones se juega el futuro de Estados Unidos, y la fortaleza de sus valores capitalistas y democráticos. Desafortunadamente para los republicanos, ninguno de los aspirantes del partido generó suficiente entusiasmo.
 
El vacío lo ha llenado, con creces, Donald Trump, el magnate inmobiliario, dueño del concurso Miss Universo y conductor del exitoso programa televisivo El Aprendiz (un reality show donde personas comunes buscan una oportunidad para convertirse en exitosos empresarios). Con sus 69 años, Trump tiene un pasado polémico como opinante sin filtro –capaz de ofender a varios grupos a la vez– y con posiciones eclécticas que en el papel lo debieran alejar de las posturas más conservadoras republicanas. Pero ante rivales que no logran despertar entusiasmo, Trump ha dotado a la campaña republicana de energía, polémica y frases que han entusiasmado a la base derechista más dura del partido. Sus declaraciones cuestionando la nacionalidad estadounidense de Obama y sus repetidas declaraciones contra los inmigrantes ilegales le han ganado mucha prensa en el corto plazo y lo han posicionado como el republicano más popular entre los 15 que aún están en carrera. El discurso nacionalista de Trump alimenta las sospechas de un electorado blanco, menos educado y menos globalizado que teme que los cambios en el mundo debiliten la otrora postura hegemónica estadounidense.
 
Pero esas mismas posturas hacen altamente inviable la candidatura de Trump si llega a ser el nominado republicano. Porque para ganar las primarias los candidatos se mueven hacia los extremos y luego vuelven al centro para ganar la elección general, lo que ha hecho Trump le facilita la victoria en primarias, pero le bloquea cualquier opción en la elección nacional. Sabiendo esto, el liderazgo republicano quiere bloquear a Trump. Muchos republicanos que no quieren un tercer período consecutivo con un demócrata en la Casa Blanca también están preocupados. El interés por participar en las primarias republicanas ha aumentado, lo que disminuirá el peso de la base más conservadora del partido, que apoya a Trump. De hecho, en encuestas recientes, Trump ha caído precisamente porque potenciales simpatizantes temen que no podrá ganar la elección general.
 
Con todo, la mayoría de los estadounidenses recién deberá votar en primarias a partir de comienzos de marzo. Los cinco estados que tienen primarias en febrero decidirán más bien, siguiendo la lógica de los reality shows, cuáles candidatos quedan eliminados, no quién ganará la nominación republicana. Por eso, todavía seguimos en la lógica del circo que precede al momento de seriedad de las campañas presidenciales estadounidenses. Precisamente porque en condiciones normales la gente estaría poniendo poca atención a la campaña en estos meses, la irrupción de Trump le viene tan bien a los medios que cubren la campaña y necesitan audiencias interesadas. También a los otros aspirantes republicanos que no logran que sus nombres sean conocidos y que ahora pueden aspirar a ser la alternativa a Trump en su partido. Incluso al propio Partido Republicano que, anticipando que Trump no ganará la nominación, celebra la atención que la opinión pública estadounidense está dando a sus primarias para encontrar al candidato que enfrente a Hillary Clinton en la elección presidencial del 8 de noviembre de 2016.

*Cientista político. Profesor en Universidad Diego Portales en Chile y New York University.



Patricio Navia