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Tendencias suicidas en el Partido Republicano

El apoyo que ostenta Donald Trump en las primarias amenaza las chances de la oposición de llegar a la Casa Blanca. El empresario ahuyenta con su extremismo a los votantes moderados.

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A dos semanas de las asambleas partidistas de Iowa –que inician la campaña por la nominación presidencial de los partidos Republicano y Demócrata para las elecciones del 8 de noviembre–, la dinámica que ha dominado la campaña de los aspirantes republicanos lleva a sospechar que parte de la base de ese partido sufre de tendencias suicidas. El alto apoyo que concita la candidatura del magnate inmobiliario y polarizador polemista Donald Trump pone en riesgo la viabilidad electoral de los republicanos en noviembre. Porque el electorado de las primarias es menos representativo del país que el electorado que votará en noviembre, los partidos arriesgan escoger candidatos que dejen felices a los más radicales del partido, pero que no son lo suficientemente competitivos para la elección general.

Estados Unidos es una democracia en campaña permanente. La necesidad de montar estructuras organizacionales en cincuenta estados y de ir sumando apoyos en grupos de votantes muy distintos y con intereses a menudo contrapuestos obliga a un gigantesco esfuerzo de trabajo en terreno, recaudación de fondos y presencia en medios masivos de comunicación para generar conocimiento de nombres. Como el desarrollo tecnológico ha producido mayor diversificación en el consumo de medios –la gente que ve televisión abierta no es la misma que se informa online–, los aspirantes deben multiplicar sus esfuerzos para llegar a las distintas audiencias que conviven, pero no necesariamente interactúan, en la esfera pública estadounidense.

La enorme disponibilidad de material de entretenimiento e información hace más difícil poner atención a un solo tema, por lo que el interés en la campaña presidencial recién comienza a crecer en las semanas previas a la asamblea partidista de Iowa y las primarias de New Hampshire que, por tradición, dan el vamos a cada temporada de primarias.  

Este año la carrera para lograr una mayoría de los 2.472 delegados que elegirán al nominado republicano, en una convención en Ohio entre el 18 y el 21 de julio, se inicia con las asambleas partidistas de Iowa el lunes 1º de febrero y las primarias de New Hampshire el martes 9 de febrero. Aunque ambos estados son relativamente pequeños –Iowa escoge treinta delegados y New Hampshire otros veinte– su efecto político es enorme. Las otras tres primarias que se realizan en febrero –Carolina del Sur (que escoge cincuenta delegados), Washington (41) y Nevada (treinta)–tendrán menos candidatos producto del retiro de los perdedores en Iowa y New Hampshire. Para el 1º de marzo, cuando 14 estados escogen en primarias a 653 delegados, en el Súper Martes, la lista actual de 12 aspirantes presidenciales republicanos se habrá reducido a tres o cuatro. De hecho, de los 16 candidatos que había en carrera a fines de octubre se han retirado cuatro (todos han dicho que suspenden sus campañas, dejando abierta la posibilidad de volver en caso de que algún escándalo o evento fortuito haga que los favoritos deban renunciar). Cuando se terminen las primarias, en California el 7 de junio, ya habrá un ganador que acumule más de la mitad de los delegados, suficiente para asegurar la nominación del partido.
La lista de candidatos la lidera Donald Trump, quien aparece con cerca del 30% de intención de voto en votantes republicanos probables en Iowa y New Hampshire. En Iowa, Trump compite con el senador por Texas y conservador favorito del Tea Party, el cubano-americano Ted Cruz, y con el senador por Florida, el también cubano-americano Marco Rubio (menos conservador que Cruz). En New Hampshire, hay varios candidatos que se dividen el apoyo de los republicanos que no quieren a Trump. Además de Cruz y Rubio, los gobernadores de Ohio, John Kasich, y de New Jersey, Chris Christie, aparecen con posibilidades. De ahí que Iowa y New Hampshire sean tan importantes. Como en cualquier reality show, habrá varios eliminados en esos dos estados. Los que sobrevivan tendrán más posibilidades de agrupar a todos los votantes republicanos que no quieren escoger al polémico Trump.

Con todo, no se puede descartar que Trump logre también atraer apoyos que hoy reciben otros aspirantes conservadores republicanos. Después de todo, Trump está más cerca que sus rivales de conseguir los votos que le faltan para asegurar la nominación de su partido. A menos que la gran mayoría de sus rivales se una en torno a una alternativa, Trump tiene hoy las mejores opciones de asegurar la nominación de su partido. Aquí es donde surge la duda sobre las posibles tendencias suicidas en la base republicana. Con la facilidad que tiene para ofender a grupos minoritarios y con su discurso conservador y populista de derecha, Trump aliena a los moderados. Si bien esa estrategia puede ayudar a ganar las primarias –especialmente si la participación electoral es baja–, los discursos extremistas constituyen pan para hoy y hambre para mañana. Si bien todos los candidatos endurecen posiciones en las primarias para congraciarse con sus bases, en la campaña nacional se moderan. Aunque Trump intentará hacer lo mismo, las posiciones que ha tomado han sido demasiado extremas y sus declaraciones demasiado explícitas como para retroceder en cuestiones tan claves como la inmigración (particularmente con votantes hispanos), las raciales (votantes negros), la libertad religiosa  y la igualdad de género.

De ganar la nominación de su partido, Trump tendrá un complejo desafío al intentar tomar posiciones moderadas para ser competitivo en la elección nacional. Es más, con el rechazo que produce entre latinos, negros, otras minorías y mujeres moderadas, Trump necesitará una altísima votación entre hombres y mujeres blancos para ser competitivo. Aunque hoy sólo un tercio de los votantes probables en las primarias republicanas dicen votar por él, si su apoyo aumenta cuando vayan quedando menos aspirantes en carrera, la única conclusión posible será que los republicanos se han dejado llevar por sus tendencias suicidas.

*Profesor de Ciencias Políticas, Universidad Diego Portales, Chile. Master Teacher of Liberal Studies, New York University.



Patricio Navia