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Tener el cepo es malo pero levantarlo es un problema

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Poner el cepo fue una mala decisión, levantarlo también podría serlo. En los últimos días volvió al debate económico local la cuestión de las restricciones a la compraventa de dólares, popularizadas como “cepo cambiario”.

Por un lado, el flamante secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, mantuvo la línea argumental de la Presidenta, al negar la existencia misma de tal cepo. Por el otro, el presidente del Banco Central, Enrique Vanoli, anunció la intención de ir “normalizando” el acceso a dólares del sector privado, durante el próximo año. De paso, reconoció no sólo la existencia del cepo, sino también el hecho de que tal existencia “no es normal”.
Pero lo cierto es que la economía argentina ha sufrido, en los últimos años, los problemas que se derivan de poner una barrera entre los ahorros y el gasto y la inversión, en una economía en donde la moneda local ha sido destruida por décadas de alta inflación y estafas varias.

En efecto, los límites existentes impidieron la salida de capitales, es cierto, pero también frenaron su ingreso. Sin ingresos de capitales privados, y con un balance comercial en caída libre por la desastrosa política de desincentivos a la producción de bienes exportables, la Argentina, junto a Venezuela, fue el único país del área cuyas reservas, bien medidas, no han dejado de caer, a pesar de que, desde la instrumentación del cepo, el dólar se encareció casi el 90% en el mercado formal y más del 180% en el informal.

El resultado sobre el nivel de actividad está a la vista. El país cierra otro año con una recesión que permite mantener el nivel de reservas. En otras palabras, dado que las importaciones son imprescindibles para producir, hay que llevar la producción al valor que sea “compatible” con las reservas disponibles, a este precio del dólar. Para eso, hay que limitar la demanda, lo que se logra con caída del salario real y con menos crédito al sector privado. Límites a la demanda que, a su vez, “calman” la inflación.

De allí que la “esperanza” del presidente del Banco Central es conseguir más dólares durante el primer cuatrimestre del año próximo para poder, como se decía, aflojar restricciones, permitir más importaciones y mayor actividad, y que el período electoral transcurra con mejor humor.
Sin embargo, cabe recordar que el cepo no sólo es un mecanismo para racionar la demanda de dólares, también es un mecanismo para evitar que un eventual incremento de la demanda de dólares se transforme en una crisis bancaria, por retiro de depósitos o por subas bruscas de la tasa de interés.

Me explico. Sin control de cambios, un aumento de la demanda de dólares implica una caída de los depósitos en pesos y una pérdida de reservas del Banco Central.

Los tenedores de pesos retiran sus depósitos de los bancos y le piden dólares al Banco Central. Los bancos pierden pesos y el Central pierde reservas. El “ajuste” de este mecanismo es una combinación de suba de la tasa de interés y de suba del precio del dólar. Por eso, toda crisis cambiaria con libertad al movimiento de capitales implica problemas en el sector bancario como, por ejemplo, pasó recientemente en Rusia.

Con cepo, en cambio, un aumento de la demanda de dólares se refleja en la brecha entre el tipo de cambio oficial y el libre, pero no en los depósitos bancarios, ya que cada uno que compra dólares retira sus pesos del banco, pero el que los vende recibe pesos, que vuelven a los bancos. Mientras, el Central no pierde reservas. En este sentido, el cepo no es sólo una herramienta para administrar las reservas, también sirve para evitar que la dolarización de los portafolios se transforme en un problema en el sistema financiero.

Y ésa es la trampa en la que hoy está la economía argentina. Sin cambiar las condiciones fiscales, monetarias y de balance comercial que llevaron a la introducción del cepo, levantarlo obliga a aceptar un precio tal del dólar oficial y una suba de la tasa de interés que lleve a “desdolarizar” los portafolios,  temporalmente. De lo contrario, si se mantienen los incentivos a dolarizarse y no se quiere reconocer el verdadero precio del dólar ni subir la tasa de interés, no sólo se pierden reservas sino que, en el camino, también se pierden depósitos.

El cepo fue una muy mala decisión, tomada por no querer cambiar las políticas. Levantarlo sin cambiar las políticas es también una decisión de “maldad equivalente”.



eszewach