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Teología negativa

La teología negativa de la política en la Argentina actual construye su dogma alrededor de Cristina Kirchner y Macri.

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Los memes de la grieta. Cristina presa y Macri mentiroso.
Los memes de la grieta. Cristina presa y Macri mentiroso.
Foto:@eameook

La grieta, que no es sólo argentina, es el desvanecimiento de lo ideológico. Ser contra alguien o algo (los K o Macri) es una forma de llenar el horror vacui frente a la carencia de algo en qué creer. Es la quintaesencia del vacío. Es la sombra del abismo de la nada camuflado de existencia. Al igual que en el libro de Sartre, el ser y la nada son indisolubles. Si fuera cierto, como decía Martin Heidegger, que “nunca nada es nada”, el “ser contra” es una forma de ser en el no ser. Una forma de escapar del problema de que para la lógica y la razón sea imposible pensar en la nada. También Heidegger acuñó el verbo “nadear” y en política “ser contra” sería una forma de nadear la política.

“Ser contra” con tanta furia puede estar cumpliendo un papel terapéutico, un estar autoprescribiéndose un antidepresivo frente a las frustraciones. Un entretenimiento catártico rompiendo simbólicamente objetos para descargar tensiones (como los comentarios agresivos en la web). Puro placer somático. Así como en la cosmogonía griega la creación tiene una erótica –se procrea– y en el psicoanálisis la creatividad es un proceso libidinoso, el destruir también tiene su parte sexual. Por eso atrae a las audiencias más masivas y después de mucha exposición a esos contenidos la erótica deviene en pornografía (por su obviedad y exageración), incomodando a cierto tipo de público pero claramente no a la mayoría.

La arquitecta egipcia y el ingeniero. La teología negativa de la política en la Argentina actual construye su dogma alrededor de Cristina Kirchner y Macri. Bien lo saben en el PRO, que alientan su aparición para poder ofrecerse más claramente como no K, de la misma forma que en su apogeo en el poder Cristina Kirchner elevaba el carácter de principal opositor de Macri visibilizándolo para contrastar con él, saliendo más favorecida.

No son pocos en el Gobierno los que creen que beneficiaría a Macri que Cristina Kirchner fuera candidata a senadora el año próximo para dividir al peronismo en la provincia de Buenos Aires. Y se acercan a Stolbizer no para “robarle” la candidata a Massa sino para darle aire a Margarita, y que la lleve a pensar que no precisa del Frente Renovador para ganar las elecciones provinciales y sea candidata sólo por su propio partido, obligando a Massa a tener que jugar él mismo (algo que se apuró a anunciar que no haría), volviendo a dividir al peronismo. Por eso el encuentro de Cristina Kirchner con Scioli alteró los nervios de todos los sectores que la imaginaban confrontando con el PJ, y si quisiera ser senadora se candidatearía por la provincia de Santa Cruz, donde tendría mucho más asegurado ser electa.

Cristina Kirchner continúa teniendo casi un 20 por ciento de personas que la apoyan. Una cifra similar a la que tiene Lula en Brasil a pesar de que su partido, el PT, esté destruyéndose. Es que tanto Lula como el kirchnerismo cuentan con el apoyo de un sector de la población que pudo integrarse al consumo y salir de la exclusión en sus gobiernos, generando un agradecimiento electoral que difícilmente se olvide.

Pero para quienes están expuestos a los medios audiovisuales más masivos y asisten sin parar a las coberturas periodísticas de Comodoro Py, resulta incomprensible que a pesar de todas las denuncias de corrupción, Cristina Kirchner pueda ser votada por tantos argentinos. Marx diría que se trata de conciencia de clase.

Lo mismo se preguntan en Brasil quienes no comprenden cómo Lula todavía supera en intención de voto a los muchos y atomizados candidatos que se le oponen o que en las elecciones municipales de octubre próximo (dentro de sólo 42 días) pueda ganar como prefecta de San Pablo Marta Suplicy, ex ministra de Lula y luego de Dilma, habiéndose separado del PT hace no mucho tiempo, algo comparable a que Diego Bossio ganara en 2017 las elecciones bonaerenses.

Ser capricho ontológico. Dicen que el propio Macri reconoce y hasta hace bromas con que si Cristina Kirchner no hubiese colocado a Aníbal Fernández de candidato, el presidente hoy sería Scioli y la provincia de Buenos Aires estaría gobernada por Julián Domínguez o Florencio Randazzo. Ese escándalo del azar (ausencia de necesidad) es el que también le hace pensar a Scioli que su futuro político no está terminado: rechazó cualquier embajada o consuelo dorado de Macri.

La nada positiva (¿de Rozitchner?). Las distintas disciplinas orientalistas de meditación logran concentración apelando al vacío absoluto. Quizás eso atrajo a Macri, cansado de un exceso de metafísica en la política. Su nada no sería “contra” sino totalidad de vacío ideológico, completamente llenado por lo que sus críticos llamarían la ingenuidad tecnocrática.

La explicación metafísica del mundo parte de un Dios arquitecto de la creación, mientras que en el materialismo de Darwin el “arquitecto se limita a ser ingeniero”. Para Macri, quienes se aferran a ideas como el liberalismo o el marxismo tienen una incapacidad de ver el mundo como es de verdad, una evasión patológica e infantil para no enfrentar lo que Freud llamaba el principio de realidad.

Tras sus ocho doctorados, Duran Barba se comporta como un anarquista –palabra que significa “sin principio”–: a pesar de haber estudiado en profundidad todos los ismos, tampoco cree en dogmas ni ideologías.

Macri no cree –como decía Picasso del arte– que hay mentiras que hacen ver mejor la realidad. Ni tampoco –como creía Pierce– que el hombre piensa para dejar pensar. Pensar demasiado sería una excusa para no hacer, creen algunos CEO muy ejecutivos.