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Termómetro sí, remedios no

El Gobierno reconoce una inflación parecida a la real y ahora se ve claramente que el modelo que destruyó la oferta de energía, entre otras, está en crisis.

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Después de varios años mintiendo en torno a la verdadera tasa de inflación, insultando, persiguiendo, multando, acusando, a quienes sosteníamos que era superior a la informada por el Indec; tras años de ficción que aseguraba que en la Argentina la inflación no era un problema, el Gobierno decidió blanquear, al menos parcialmente, lo que todos sabíamos.

Lo hizo con su particular estilo. Sin dar explicaciones sobre lo pasado, sin pedir disculpas, inclusive reiterando ataques e insultos a las mediciones privadas que tuvieron razón en todo este tiempo.

Pero bueno, pedirle una autocrítica a un gobierno que sólo ve conspiraciones en todos aquellos que no coinciden con sus planteos, o que se atreven a contradecirlo, es demasiado.

Tenemos, entonces, al menos provisoriamente, un Gobierno que reconoce una tasa de inflación parecida a la real. Es un comienzo.

Ahora, claramente, el problema de la Argentina no es que teníamos fallado el termómetro, sobre todo en los últimos años, en dónde todos nos comportábamos sabiendo que el medidor oficial no funcionaba, y utilizábamos sustitutos, imperfectos por cierto, pero sustitutos al fin. El problema de la Argentina es la fiebre.

Por supuesto que la existencia de estadísticas oficiales creíbles ayuda en el proceso de “coordinación de expectativas” (siempre es bueno sentarse a una mesa de discusión, sin tener que acordar primero los datos), y seguramente, un Indec menos mentiroso, sirva para mejorar la imagen externa de la Argentina e intentar el visto bueno del FMI, para negociar con el Club de París y, eventualmente, tener acceso a algún crédito externo. Pero, insisto, el problema del índice es un problema de los “financieros”, el problema macro de la Argentina, en cambio, es el problema de todos, y requiere no sólo de un buen termómetro, se necesitan buenos remedios.

En ese sentido, la explicación que acompañó la presentación del nuevo índice no permite proyectar cambios sustanciales en la política oficial.

En efecto, el “salto” inflacionario de enero, fue presentado como la consecuencia de un mal traslado del “corrimiento del tipo de cambio” (sic) a los precios, fogoneado por los medios y analistas opositores. Dicho sea de paso, ¿Qué diario lee el Secretario de Transporte que aumentó el precio del boleto de colectivo un 66%?

Es decir, la inflación de enero fue una excepción que se combate cuidando precios y con la Presidenta hablando por teléfono con los consumidores que denuncian por Facebook a los inescrupulosos.

Pero, otra vez, inescrupulosos hubo siempre aquí y en el resto del mundo. Las grandes cadenas de supermercados operan globalmente, sin embargo sólo son “perversos” aquí.

El problema clave de la Argentina de hoy, es que para sostener artificialmente el consumo, y remar contra la corriente de precios relativos del mundo, se mantuvo la suba del tipo de cambio, por debajo de la inflación y de la tasa de interés en pesos, y se subsidiaron los precios de servicios públicos, y otros productos con gasto público, y con restricciones e impuestos a los productores. El resultado, fue un déficit fiscal financiado por el Banco Central, con emisión, la destrucción de la oferta de energía y del agro “no soja”, y un desastre en los precios relativos, que tienen que dar las señales correctas para la inversión, y la demanda. Ese “modelo” es el que está haciendo crisis, más allá de los complots, y las conspiraciones.

En ese contexto, el Gobierno está intentando corregir el precio del dólar al menor costo inflacionario de corto plazo posible, y defendiendo las reservas, pero ello implica, trasladar emisión presente a emisión futura, colocando deuda del Banco Central, y forzar la oferta de dólares obligando a vender sus tenencias a los bancos, obteniendo anticipos de exportadores y presionando a importadores a financiarse en el exterior. Pero este es sólo un remedio de corto plazo. Al no querer reconocer el verdadero precio del dólar, lo que se minimiza de inflación hoy, se paga con nivel de actividad y empleo. Y al no corregir los precios relativos de los servicios públicos, no sólo se mantiene el desequilibrio fiscal, si no que se sigue sin dar las señales para alentar nueva oferta en sectores clave.

Arreglar el termómetro, es un paso en la dirección correcta, pero sin cambiar los remedios, cualquier calma será transitoria.



Enrique Szewach