COLUMNISTAS RAREZAS DE CAMBIEMOS

Tiempos de rebranding

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Estrategias. Kicillof, en silencio en el Congreso, y la heterodoxia de Curutchet.
Estrategias. Kicillof, en silencio en el Congreso, y la heterodoxia de Curutchet. Foto:CEDOC PERFIL
El mundo de los negocios a veces puede ilustrar el camino de la política. Al ver el audaz proceso de cambio de marca de la mina de oro Veladero, que decidió abandonar el nombre Barrick SA y buscar otra denominación aún sin definir, para desligarse del lastre de una empresa líder en derrames, es imposible no asociarlo directamente con el rebranding que encaró la ex presidenta Cristina Kirchner para convertir el Frente para la Victoria de los Aníbal Fernández en la Unidad Ciudadana de las víctimas de la actual gestión.
Una estrategia de marketing, la de CFK, que se sacudió al superar la sesión por la expulsión de su ex ministro de Planificación, Julio De Vido. El responsable político de todos los presos por las 51 muertes en la estación Once ganó la pelea, pero el silencio del ex titular de Economía, Axel Kicillof, que votó a favor del santacruceño, revela lo que les cuesta a muchos kirchneristas creer en el futuro de una fuerza que no purga lo peor del pasado. Kicillof no tomó la palabra en el recinto; tampoco se lo oyó en entrevistas bancar a su ex colega del gabinete; ni siquiera un tuit le dedicó. Sería muy difícil para él no recordar que en 2013 y 2014 le sacó el control de la importación de combustibles y de la contratación de generadores eléctricos y redujo costos entre un 30% y un 40%.

Herramienta. Por su parte, la marca con la que el Gobierno sorprende con heterodoxia preelectoral es el Banco Provincia, que lidera Juan Curutchet, un banquero que desde que asumió también cumple el rol de puntero de la gobernadora María Eugenia Vidal. En apenas semanas, el Bapro impulsó los megadescuentos en supermercados –que ahora tendrán un delay para evitar fotos a lo Venezuela antes de las PASO–, lanzó créditos blandos a pymes, amplió los hipotecarios tradicionales también a familias de menos ingresos y hasta salió a intervenir en varias oportunidades para frenar el dólar, que podría pegar en los precios del Conurbano.
Todo en el marco también de una extraña hoja de ruta oficial, que incluye desde suba de naftas hasta aceleración devaluadora a sólo dos semanas de las primarias, mientras las encuestas hablan de paridad cuando no de ventaja de la ex presidenta en la provincia de Buenos Aires.
Es que es raro Cambiemos: pone medio gabinete a defender la represión en Pepsico, pero no movió un dedo para capitalizar la puesta en marcha de una acería como la de Gerdau en Santa Fe la semana pasada o el anuncio el jueves de la autopartista Lear de una fuerte inversión en Córdoba. ¿Hubiera desaprovechado Cristina Kirchner anuncios como ésos cuando estaba en la Casa Rosada?

Eje. La respuesta para los que inquieren a Macri sobre estas rarezas de la gestión es la misma, que se resume en que habría en marcha un #cambiocultural, como si fuera un hashtag que se viraliza sin que nadie lo perciba. Eso permitiría que por primera vez un equipo de ministros y no un superministro tenga éxito; que el dólar a 18 no vaya al costo de vida o que, a gran escala, no sea tan grave perder 2017 para tener éxito en 2019.
A decir verdad, es cierto que sí ya hay quienes muestran un #cambiocultural: Electroingeniería, del kirchnerista Gerardo Ferreyra y su socio Osvaldo Acosta, le rezan a Macri para que termine los trámites y active las represas de Santa Cruz, financiadas por China. En noviembre tienen el primer vencimiento de US$ 60 millones de la deuda tomada para el proyecto, y si se sigue demorando, advierte la agencia Moody’s, no podrán cubrirlo. Desde 2015 a la fecha, los ingresos a la empresa cayeron 50%, de US$ 3.000 a 1.500 millones. n