COLUMNISTAS SUCESION PRESIDENCIAL

Tiempos inciertos

Las encuestas y la realidad confrontan en Gran Bretaña y en la Argentina. El voto es inestable.

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Foto:Pablo Temes

La elección del jueves 7 en el Reino Unido ofrece útiles lecciones para los argentinos. Lo más sorprendente del resultado es la disparidad entre lo sucedido en las urnas y las expectativas previas. Esas expectativas fueron en gran medida avaladas por las encuestas electorales, cuando no fomentadas por ellas. Los distintos candidatos en Gran Bretaña representaron ofertas programáticas bien diferenciadas. Frente a una ola mundial de percepción de que el orden político y económico de las democracias liberales y las economías capitalistas sustentadas en el sector financiero es un orden “en crisis”, el electorado británico optó, finalmente, por dar su voto a los defensores de ese orden. Si los votantes dudaron hasta el final, debe ser porque no están tan absolutamente convencidos al respecto pero, en última instancia, después de sumar y restar pros y contras, votaron por mantener lo que tienen y arriesgar poco. Otra lección para nosotros proviene del resultado del laborismo: se ha vuelto a verificar que cuando los dirigentes laboristas se mueven hacia la izquierda terminan perdiendo votos; es claro que el electorado “labour” es más moderado que esos dirigentes. Este es un fenómeno que se reproduce casi en los mismos términos en la Argentina; ha perjudicado muchas veces al radicalismo y a veces también al peronismo.

Las encuestas están dando mucho que hablar en el Reino Unido. También entre nosotros. No es la primera vez que sucede; y cuando sucede, surgen especulaciones. Entre nosotros, la más frecuente apunta con dedo admonitorio a la mala fe de los responsables de las encuestas; allá les piden explicaciones, lo que por lo menos es más constructivo; y lo interesante es que las darán. Entonces, se pondrán en evidencia algunos problemas técnicos de las encuestas –que sin duda los hay– pero también los más sustantivos aspectos relacionados con los procesos electorales mismos y la manera en que los votantes definen si votarán y a quién, y cuándo toman esa decisión. Entender por qué los votantes finalmente votan como lo hacen es fundamental para la mecánica democrática; es, en última instancia, el gran desafío para los asesores estratégicos de los candidatos, cuyo papel es decisivo en el camino que lleva a ganar o a perder una elección. Esto no gusta mucho a los políticos que se sienten representantes de ideas ni a aquellos ciudadanos –que son generalmente pocos– que querrían ver a la política como un campo nutrido fundamentalmente de ideas o proyectos. Pero, guste o no guste, es así; en las sociedades de masas, los mayores protagonistas de la política no son los militantes ni las ideas, son los ciudadanos todos.

En la Argentina de hoy, como en Inglaterra y en tantas otras partes, hay mucho voto inestable: volátil, tentativo, inseguro. La gente no tiene apuro para decidirse. Hasta ahora, en la carrera a la sucesión presidencial, con los votos ya definidos, Scioli lleva ventaja. Como esos votos son algo inestables, día a día puede haber fluctuaciones; pero la tendencia está siendo clara –por lo menos, según la mayor parte de las encuestas conocidas–. Los votos de Scioli provienen tanto del espacio kirchnerista –donde lleva ventaja sobre otros candidatos– como del espacio de votantes que quieren algunos cambios pero no tantos y quieren un país lo más tranquilo posible, un país poco conflictivo (los votantes “del medio”).

Incomodidad. Los votos así distribuidos no alcanzan hasta ahora para que ningún candidato esté seguro de llegar cómodo a la primera vuelta. Todos necesitan crecer por encima de lo que tienen hoy. Scioli ha decidido reforzar su alineamiento con el gobierno nacional y con el Frente para la Victoria. No pocos observadores se preguntan por qué Scioli no mantiene más distancia de la presidenta Cristina de Kirchner, como si eso pudiera depararle alguna ventaja. Pero lo cierto es que la referente del Frente es la Presidenta y su capital de imagen en la opinión pública está cerca del 50% en todo el país. Así, Scioli seguramente ganará las PASO y emergerá como el candidato oficialista. El precio que paga es que se aleja un poco de los votantes de preferencias intermedias pero, a la vez, la competencia de otros candidatos más duros dentro del espacio K refuerza el atractivo de Scioli para esos votantes “del medio”. Es que el kirchnerismo tiene hoy un problema parecido al del laborismo inglés: su militancia es dominante dentro de ese espacio, pero no atrae votos de afuera de él. La Cámpora no tracciona votos, el kirchnerismo puro se condensa en la imagen personal de la Presidenta y no se proyecta al plano electoral; para ser electoralmente competitivo, necesita a Scioli y a dirigentes locales con sus mismas características, como se viene reiterando en los distintos distritos donde ya se votó –Salta, Mendoza, Santa Fe, la Ciudad de Buenos Aires, Neuquén–.

Macri busca crecer por encima de su caudal actual recurriendo a referentes de otros espacios, el más notorio de los cuales es Reutemann. El capital de imagen de Reutemann no es hoy demasiado alto; como mucho, está en la mitad del de Cristina. Macri también se acercó a Carrió y a Sanz, a quien tal vez sigan otros radicales. Ninguno de ellos tiene mucho en el orden nacional. Massa se acercó a De la Sota: mucho ruido, pero lo cierto es que el capital de imagen del cordobés no impresiona demasiado. Por eso, en esa franja de votantes que podrían sumar a partir de ahora al caudal electoral de cada candidato, Scioli también lleva ventaja.

Si ningún acontecimiento imprevisto sacude ese panorama, ganar en primera vuelta no será fácil. Los números de encuestas que hoy se manejan todavía no proyectan indecisos, ni abstencionistas, ni no votantes (que en nuestro país no bajan del 20%). El único de los tres contendientes principales que hoy podría aspirar a llegar al 40% en la primera vuelta es Scioli; pero para que pueda ganar en esa instancia además debería suceder que el segundo no alcanzara el 30%. Es para apuestas, no para pronósticos; y para estrategias de comunicación, no para voluntarismos.



mmorayaraujo