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Todo oscuro

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Ayer a la tarde, ¡zás!, nos quedamos sin luz. Después de las consabidas protestas y consultas con los vecinos para asegurarnos de que era en el barrio y no en casa, me acordé de Denver. ¿Usted estuvo en Denver? Preciosa ciudad si las hay, con parques y avenidas y una biblioteca municipal de ensueño. Denver es la capital del estado de Colorado, Estados Unidos de Norteamérica. No sé cuántos habitantes tiene; aunque es más o menos como Rosario, donde vivo.

  Estuve allá hace unos años invitada por la universidad. Me dieron un departamentito chico pero muy bien instalado en un primer piso. Un día, yo trabajando en la computadora, ¡fluffff!, se cortó la luz. Yo, argentina acostumbrada a esos avatares, ni me mosqueé. Con la máquina fotográfica en la mano, me fui a pasear por la ciudad y a sacar fotos del parque. Al rato largo volví y ya había luz en el edificio y en el barrio y en la ciudad.

Todo muy bien, ¿no? Sí, pero al día siguiente me llevé la sorpresa del mes y hasta del año. Los titulares de los diarios (no sólo el de la ciudad sino los de otras ciudades importantes del país, incluyendo Nueva York) venían en cuerpo catástrofe que parecía que se había declarado la tercera guerra mundial y decían: “Denver una hora sin luz”. Escándalo nacional, vamos. Renunciaron todos, desde el intendente para abajo. No quedó ni el loro. No es que les pidieron la renuncia, no: fueron y renunciaron. El loro también.

No pude menos que reflexionar sobre todo este asunto. Acá ¿pasó algo? Digo, aparte de las protestas en voz baja, media y alta de los vecinos y sobre todo de las amas de casa, ¿pasó algo? No, no pasó nada. Minga de renuncias. Nadie tuvo no digo la culpa, nadie tuvo ninguna responsabilidad. Oooh Denver.