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Todo se desarrolló en absoluta normalidad

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No pude llegar a ver el primer tiempo, pero sí el segundo. Lo hice hasta que esos personajes pintorescos de la Conmebol, esos señores engrosados con sacos abiertos iban y venían, mientras Orión parecía mandar a la tropa a prepararse para jugar, Gago seguía hablando con el árbitro con su boca tapada por una mano de acuerdo con la moda que ya se difunde fuera de los estadios –ya se ve a parroquianos en los cafés con la mano en la boca mientras hablan–, y el árbitro esperaba como Cenicienta que se hiciera medianoche; seguí estas peripecias atento a la cantidad de agua con la que se rociaban los jugadores de River, y mientras todo esto sucedía, me dije: finalmente encontraron el modo de dársela a Angelici.

¿Por qué se me ocurren ideas conspirativas en un país en donde todo es secreto, en el que el delito es perpetrado por fantasmas, en el que las víctimas son las principales culpables de lo que les pasa?
¿Qué dirá el jefe de Gabinete, presidente de Quilmes, presidente del hockey, candidato a gobernador bonaerense, postulante a la presidencia de la AFA, en este caso, que lo distrae de juntar las pruebas que demuestran la culpabilidad de Nisman por morirse un domingo y pagar expensas en Uruguay, y de Fayt por vivir demasiado?

¿Qué fraguaban Ponzio, Kraneviter, el Mellizo Funes Mori, Vangioni, para hacer semejante escena por un accidente, o, quizás, una travesura de un hincha loco o irresponsable? Estos cuatro jugadores, de haberse apurado aunque fuere un poco para salir al campo en lugar de demorarse en la manga haciéndose bromas, habrían evitado toda esta catástrofe.
Los jugadores deben saber que la manga es frágil y que está abrochada con velcro, y que su parte posterior daba a la hinchada de Boca.
Berni, que cuando quiere apurarse bien que llega antes que nadie, dice que no había policía en la manga visitante, porque no había incidentes. Es lógico que como secretario de Seguridad piense que las fuerzas de seguridad –en este caso mil trescientos– acudan después de que se arme la gorda. Para eso es especialista en políticas de prevención.

Todo el periodismo está de acuerdo en que lo que se vivió es una vergüenza. Me pregunto por qué. Cuando las hijas de Nisman aún estaba consternadas por la muerte de su padre y recién comenzaban su duelo, la prensa mostraba a su padre de joda con chicas consoladores en mano, y a nadie se le ocurrió decir que eso era una vergüenza, pero ahora sí, abunda la vergüenza. No hay duda de que el fútbol es para todos… los sinvergüenzas.

*Filósofo.
www.tomasabraham.com.ar



tabraham