COLUMNISTAS

Trapicheo permanente

Los puntos en común entre el proyecto de reforma del Código Civil y Comercial y las palabras del titular del SEDRONAR. 

Foto:Cedoc.

Tengo para mí que corresponde no olvidar, a la hora de analizar lo que está sucediendo con la discusión del nuevo Código Civil y Comercial, y también con respecto a la discusión por la despenalización de las drogas, que el kirchnerismo, sobre todo a partir del 2007, pero en particular desde la muerte de Néstor Kirchner, nunca ocultó – y por el contrario, se ha golpeado el pecho y ufanado de eso – que lleva adelante lo que ellos denominan una “batalla” o una “guerra” cultural. Efectivamente, una de las piezas centrales del dispositivo kirchnerista ha sido no solamente inmiscuirse y gravitar en la política económica, en las relaciones internacionales, en lo que corresponde a un gobierno electo de manera legal y legítimo por la sociedad argentina, sino que, además, una de sus aspiraciones, anhelos más deseados, ha sido modificar la vida cotidiana de los argentinos.

Por eso, hay un punto en común entre la discusión por el Código Civil y Comercial, y la designación de un clérigo, Juan Carlos Molina, al frente de la SEDRONAR, la Secretaría que se debería ocupar de las drogadicciones y, sobre todo, de la adicción a las drogas. En ambos casos hay un cálculo político oportunista muy explícito del kirchnerismo, con respecto a la Iglesia Católica. Concretamente, en lo relacionado al Código Civil y Comercial, si recorremos algunas de sus principales conclusiones, una de ellas, que ha agradado a la Iglesia y parece que ha sido elogiada por el Papa Francisco, es que el artículo 19 de este proyecto establece que la existencia de la persona humana comienza con la concepción. No es que esto en sí mismo sea, al menos para quien habla, negativo o totalmente perjudicial. Podría ser analizado, con matices, pero se eliminaron del proyecto las figuras que consagraban las fecundaciones post mortem, algo que me parece bien hecho, podría un disparate legalizar la fecundación post mortem, aún cuando en este tipo de cosas creo que corresponde ser muy prudente.

También fue eliminada la figura de la maternidad subrogada, el llamada “alquiler de vientre”, que estaba contemplada en el texto e inquietaba a la Iglesia, cosa que el Gobierno ha recogido. También hay otras disposiciones que formaron parte del “trapicheo”, la negociación, respecto de, por ejemplo, la fertilización asistida. En el propio Código quedará establecido que hay temas “pendientes de regulación”, o sea: ha sido una suerte de postergación sine die, para más adelante, la protección de los óvulos. La regulación del uso de los óvulos en los casos de fertilización asistida es una cuestión igualmente delicada a la que no corresponde de ninguna manera subestimar. Sabemos que en todo el mundo y también en la Argentina esta cuestión puede suscitar enojosos y muy dramáticos diferendos.

Hay, en materia de adopción, medidas importantes. El proyecto de Código Civil y Comercial que está a punto de aprobar el oficialismo en Diputados permite el acceso al derecho de adoptar hijos a personas solas o no legalmente casadas. Acá también hay de por medio un debate interesante: es muy grande la cantidad de gente que dice – no sin razón – que es mejor que una criatura que no tiene padres tenga, al menos, un padre o una madre que se le permita acceder a la paternidad o maternidad a una persona deseosa de criar o proteger a un menor de edad. Hay otra cláusula, que no podría suscitar ningún tipo de diferendo, porque en rigor de verdad es pura razonabilidad, el llamado “divorcio exprés”, este proyecto agiliza el trámite de divorcio y habilita a los cónyuges a su separación de bienes previa a la concreción de la unión. Lo que sí se mantiene es la protección de los alimentos y de la vivienda, pero se elimina el plazo mínimo para su procedencia y se habilita su petición por uno de los cónyuges, puede ser el hombre como la mujer.

Consagra, como era previsible, el matrimonio igualitario y la unión convivencial, una decisión oportunamente promulgada como ley por el Congreso Nacional, y después codifica otros temas como sociedades comerciales y deudas en moneda extranjera que no podrían ser parte de “la batalla cultural”. Pero sí, en cambio, lo es, el nombre de las personas: este proyecto que está a punto de aprobarse, da más libertad para las personas con relación al nombre que llevan. Concretamente, se reconoce la posibilidad de inscribir nombres aborígenes o derivados de voces aborígenes autóctonas y latinoamericanas. Esto hasta ahora no estaba reglamentado. El hijo lleva el primer apellido de alguno de los cónyuges, no obligatoriamente el del padre; en caso que no haya acuerdo se determina por sorteo en el Registro del Estado Civil y capacidad de las personas, aunque no sé si el mejor método, a pedido de los padres o del interesado, con edad y madurez suficiente (¿qué es la madurez, suficiente?) se puede agregar el apellido del otro.

¿Por qué decía que había un punto en común entre esto y la cuestión de las drogas? Porque Juan Carlos Molina, el titular de la SEDRONAR, que es un sacerdote católico, salió a postular la despenalización completa de las drogas. Los sacerdotes, muchos y muy corajudos, que tienen trabajo en barrios y en villas, no opinan lo mismo: “No es el momento”, dijo el Padre Pepe, reflejando el pensamiento de sus colegas de sacerdocio en las villas más vulnerables, porque estamos hablando de cómo la droga, sobre la más perjudicial (estoy hablando del paco) siempre llega, afecta, perjudica y victimiza a los más chicos, chicos con personalidades más expuestas, más vulnerables, y el postulado de que nada debe ser penalizado implica una apuesta política muy delicada, muy peligrosa, con un final muy incierto.

Como funcionario, además de sacerdote, Molina podría haber sido infinitamente más prudente, precavido, cauteloso, cuidadoso y, sobre todo, más solidario con el trabajo de sus propios hermanos curas en las villas, que luchan contra la explotación y degradación de los chicos, contra los males infernales que produce el consumo de paco. La decisión del padre Pepe de cuestionar a Molina es muy emblemática, y revela que el nombramiento de Molina también fue una especulación política del kirchnerismo, que a la hora de plantearse sus siempre faraónicas y épicas batallas culturales, busca aliados y socios para cooptarlos trapicheando cosas a favor y cosas en contra.

¿Eso acaso fue la última visita de Cristina y La Cámpora al Vaticano? No lo podría afirmar, pero tampoco me asombraría.En la perspectiva del kirchnerismo, la guerra es permanente y prolongada, y para esa guerra, cualquier aliado –aun cuando necesite ser de alguna manera acercado con seducciones ideológicas, como el caso de la Iglesia Católica– suele ser bienvenido. Es una nueva manera de ratificar un estilo que llevará al oficialismo a aprobar seguramente pasado mañana, de manera vertical y a libro cerrado, un Código Civil y Comercial que tendría que haber sido el resultado de un análisis más largo, consensuado y civilizado.

(*) Emitido en Radio Mitre, el lunes 29 de septiembre de 2014.

Pepe Eliaschev