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Ultimo Día del Periodista de la era K

Por Jorge Fontevecchia | Cómo será el futuro de los medios de comunicación durante el próximo gobierno nacional.

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Foto:Cedoc

¿Cómo será el 7 de junio de 2016, el primer Día del Periodista sin un Kirchner como presidente? ¿Una distribución de la publicidad oficial sin discriminación de críticos ni apoyo a aliados hará que los medios de comunicación que emergieron al calor del kirchnerismo se extingan como producto coyuntural de un momento de la política argentina o, siendo Scioli presidente, todo se mantendrá igual? ¿Clarín se mantendrá crítico, o volverá como siempre a ser oficialista en los primeros años del próximo gobierno argumentando que acompaña el ánimo de la gran audiencia? ¿Desaparecerían simultáneamente el periodismo militante y el periodismo de investigación en los medios audiovisuales, y no habría más grieta porque se amansarían los ánimos y las billeteras que los financiaron?

Los cínicos (el grupo más exitoso en la Argentina de los últimos años porque más veces acertó con sus pronósticos) creen que nada cambiará. Que los mercenarios venderán sus servicios al nuevo gobierno y que quien surja electo –más allá de algunos disimulos– los comprará gustoso. Lo mismo con las causas por la corrupción K que visibilizó el periodismo: irán languideciendo hasta caer en el olvido. Y que al principio tampoco se abrirán nuevas causas por la corrupción que exista en el nuevo gobierno, no sólo porque muchos medios dejarán de investigar, sino porque tampoco la Justicia querrá contradecir “el clima social positivo”.

Un diagnóstico similar tiene otro grupo: el que podría denominarse grupo de los cansados, que integran quienes recibieron agresiones del kirchnerismo y, ya sea por edad, deterioro físico, agotamiento moral o necesidad de recuperar pérdidas económicas (sean periodistas o medios), no quieren soportar otro ciclo de beligerancia.

Una perspectiva muy diferente  tienen el grupo de los incorregibles y los jóvenes. Los primeros por tercos y los segundos por ignorantes, a juicio de los grupos anteriores,  creen que el periodismo de investigación, crítico de cualquier poder, no sólo continuará, sino que crecerá como resultado del más fácil acceso a las herramientas de producción y distribución audiovisual que permite la tecnología, con nuevos canales y radios digitales, sumado a todas las variantes de streaming por internet.

La tecnología también permite duplicar y mover digitalmente documentos y evidencia que para el periodismo era muy costoso conseguir. El gran invento que permitió probar tanto el Watergate como los papeles del Pentágono sobre la Guerra de Vietnam fueron dos herramientas que los japoneses masificaron en los 70: la cinta de grabación y la fotocopiadora.

Dos ejemplos mínimos: cuando Cristina Kirchner asumió, no existían los celulares inteligentes; y cuando Néstor Kirchner asumió, prácticamente no existía la banda ancha en Argentina (en 2003 era 99 veces menor que hoy).

Y si bien siempre hará falta una organización que permita hacer sustentable económicamente al periodismo, el abaratamiento del costo de producción y distribución promoverá la microsegmentación, y hará cada vez más difícil que un solo grupo de medios imponga su agenda a todos los demás y/o ningunee los descubrimientos de los medios que no son afines a su ecosistema comercial.

Ni el próximo gobierno podrá tratar a los medios como hicieron los Kirchner ni los medios dominantes gozarán del mismo poder de antes que llegaran los Kirchner.

El próximo presidente no podrá comportarse con los medios críticos como lo hicieron los Kirchner, pero  tampoco los medios dominantes gozarán del mismo poder que tuvieron antes de la llegada de los K.

Obviamente, no será lo mismo si resulta electo Macri, quien propone erradicar tan rápido como el cepo el sistema de medios kirchnerista sostenido con dinero del Estado; que si fuera electo Scioli, más homeopático en todos los campos de la vida. A Scioli se lo considera amigo de Garfunkel, el socio de Szpolski y continuador del grupo de medios K que construyó, y se lo vincula a Cristóbal López, quien acumuló recientemente lo más emblemático de los medios oficialistas con la productora de 6,7,8 y de Fútbol para Todos, además de los medios que eran de Hadad y la productora de Tinelli. Pero aun con esos condicionantes, es más imaginable a Scioli pagando para que destaquen sus aciertos que para que se ataque a quienes lo critican. Tanto por carácter personal como por el clima de época que vendrá.

También, como el kirchnerismo instaló en la agenda la discusión sobre los medios como punto central del debate político, la sociedad en su conjunto estuvo expuesta a una especie de curso silvestre de análisis del discurso que, más allá del desinterés que el ciudadano medio pueda tener, dejó alguna enseñanza en la audiencia, que mínimamente hoy es consciente de la diferencia entre representación y realidad.

Finalmente, junto con el kirchnerismo se va la generación política que vivió los 70, pero también se va la última generación de periodistas sin formación universitaria. Y hasta los horarios del periodismo audiovisual y digital, que son más diurnos que nocturnos, dejan atrás al periodista bohemio de las madrugadas interminables.

Viene algo diferente.

Aclaración: Esta contratapa en este último Día del Periodista de la era K está escrita haciendo propia la perspectiva de los incorregibles (y jóvenes de espíritu) del periodismo, deseándoles a todos los colegas tiempos mejores para nuestra querida profesión.



jfontevecchia