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Ultimos días de Cristina en el poder

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Hace unos días, los argentinos nos enfrentamos a noticias de distinto tenor. Por un lado, seguimos siendo testigos de actos escandalosos como el irregular nombramiento de los auditores generales de la Nación y, por otro, festejamos el fallo que declaró la inconstitucionalidad de la Ley de Subrogancias. El nombramiento de los auditores, designados por La Cámpora en la Cámara de
Diputados, por fuera del reglamento y marco legal, vulnerando la calidad de las instituciones democráticas, habla a las claras de un modelo que se agota, del fin de un ciclo, y del intento desesperado de garantizar impunidad por los delitos cometidos durante doce años. Durante seis años me desempeñé como auditora de la Ciudad, por eso no puedo dejar de señalar  la gravedad  que significa este atropello, que coloniza de manera impúdica el principal organismo de control, cercenando la posibilidad de avanzar mediante investigaciones serias e independientes sobre el gran latrocinio que vivió nuestro país durante esta década robada.
No obstante, no podemos soslayar que estamos ante los primeros indicios del cambio en ciernes. El fallo de la Corte Suprema que declaró la inconstitucionalidad de la Ley de Subrogancias indica un ejercicio saludable, aunque oportunista y tardío, de un buen desempeño del Poder Judicial. Este gesto marca que las instituciones se están animando al apego irrestricto a la ley y representa  una esperanza para la gente que está pidiendo juicio y castigo para los que se han robado la Argentina. Esperamos y exigimos un trabajo muy fuerte a nivel judicial, que los jueces y fiscales federales, que en muchos casos han sido cómplices o se han desentendido, estén a la altura de la circunstancias para que los corruptos que saquearon la Nación tengan su castigo y no disfruten de lo que se robaron.
Desde la Coalición Cívica apoyamos un acuerdo que tiene como base recuperar las instituciones de la República, la plena vigencia de nuestra Constitución y el Estado de derecho. La sociedad salió del miedo, abandonó la creencia de que nada puede modificarse y apoyó una alternativa al modelo que nos planteaba el kirchnerismo. De cara al ballottage, tenemos que ejercer nuestro derecho a sufragar libres, sin dudas y con el convencimiento de que una nueva forma de gobernar está por llegar.
Los comicios del 25 de octubre significaron un punto de inflexión en nuestra historia. Contra los pronósticos de las encuestadoras, la ciudadanía asumió su responsabilidad cívica y votó comprometida, pensando en el futuro. El triunfo de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires no sólo rompió con el paradigma de que sólo un peronista podía gobernarla, sino que también marcó un fuerte límite a los barones del Conurbano que durante años arrastraron a los vecinos al clientelismo, la droga y la ausencia de oportunidades en educación, salud, trabajo e infraestructura. La gente votó pensando en el futuro y con el noble objetivo de dejar atrás el pasado. Votó pensando en sus hijos y en su porvenir. Confió en una mujer simple pero firme que les tocaba el timbre de sus casas y les contaba sus propuestas, mandando de esa forma a retiro a uno de los personajes más nefastos de la política.
Elisa Carrió nos enseñó que quien siembra entre lágrimas recoge entre canciones. A lo largo de estos años, muchas veces en soledad, hemos dado testimonio de quién era quién en una Argentina que no quería ver ni oír. Muchas veces la respuesta del poder fue cruel, vulgar e impiadosa pero la verdad se imponía a nuestros intereses personales y nos obligaba a seguir. Hoy la calle le agradece a Lilita su esfuerzo, su compromiso y valentía. En mi caso, como parte de su equipo por muchos años, le agradezco haberme permitido acompañarla en esta gesta que es parte de la historia reciente del país.
Vamos al ballottage con la certeza de que, así como en el 83, los argentinos unidos y hermanados estamos construyendo el país de las oportunidades, la igualdad de derecho y el respeto a la ley.

*Legisladora por la Ciudad de Buenos Aires.



Paula Oliveto