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Un 2002 en cuotas

La campaña del baldazo solidario, que en el país sumó más famosos que dinero, como metáfora de un kirchnerismo capaz de poner problemas en escena pero no de resolverlos.

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Foto:Photoshop: Pablo Temes

Oficialismo y oposición comparten pronósticos errados.

Reyes de la procrastinación. El oficialismo no sólo cree que podrá llegar a diciembre de 2015 sin que la economía le explote, sino que ceba todas las bombas económicas (más déficit, más inflación, más el default sin resolver) que quiere dejarle como presente griego (Menem reloaded) a su sucesor, preferentemente a Macri. Los kirchneristas se ríen del “fin de ciclo” y creen estar preparando su “plan regreso”, que incluye llenar de candidatos kirchneristas las listas a legisladores de Scioli para que, aunque él pierda, ellos sean elegidos. Además, nombran a centenas de funcionarios kirchneristas en dependencias gubernamentales, empresas del Estado, cargos administrativos en el Congreso y designaciones en la Justicia, que no puedan ser removidos o tarden en serlo, para dificultar cualquier cambio de rumbo. Y sueñan con que, tras una crisis del próximo gobierno –lo más de derecha posible–, Cristina vuelva aclamada en 2019 a ser presidenta como Bachelet tras Piñera en Chile.

Le agradecen a Griesa (tan desagraciado como Margaret Thatcher, con la ventaja de que esta guerra no tiene una derrota indiscutible) haberles permitido encontrar la justificación para aumentar la emisión amparados en tener que ser contracíclicos (su vulgata del keynesianismo) para atemperar la recesión “que el conflicto de la deuda produce” (sic), aumentando el descalabro para el gobierno que los suceda. El titular de la CTA, Hugo Yasky, criticó el viernes el paro de Moyano, Barrionuevo y Micheli diciendo: “Con la embestida de los fondos buitre, convocar a un paro es pretender llevar a la clase trabajadora a pelear contra sus propios intereses”. Bingo (aunque desde la lógica K, claro).

No faltan 474 días, como dice la publicidad de Massa, llevará todo 2016 reparar la economía

Pura prosperidad. Al revés, la oposición cree que llegará en diciembre de 2015 al gobierno y por su sola presencia –mejor dicho, por la sola ausencia de Cristina Kirchner– lloverán dólares de inversión extranjera y una explosión de confianza generará un boom de crecimiento y bienestar que los hará ser reelegidos en 2019. Todos los candidatos de la oposición tienen como plan el “no plan kirchnerista” pero, como lo demuestra la nota de tapa (ver página 2), la oposición está huérfana de una dirección económica unificada y hay diferencias dentro de los equipos de economistas de cada uno de los candidatos opositores sobre cómo resolver el problema de deuda.

Mientras Lavagna insiste con que hay que encontrar lugares alternativos de pago, tanto el Frente Renovador como los radicales rechazan el proyecto oficialista que va en esa dirección, a pesar de que Lavagna fue candidato a presidente por la UCR en 2008 y es hoy el economista con más seniority de Massa.

También la oposición falla en creer que una inflación del 40% (quizás más de 50% a fin de 2015, porque de 2013 a 2014 pasó de 25% a 40%) se puede bajar a un dígito sin dolor ni consecuencias negativas de corto plazo por más inversiones que vengan al país. Y aunque viniesen tantas inversiones como esperan, sus efectos en la economía real podrían no notarse inmediatamente.

Además, habrá que ver si por el solo hecho del cambio de gobierno vendrán inmediatamente inversiones.

Ya habían previsto que si perdía Cristina en las elecciones de 2013 vendrían inversiones, y el valor de los activos en la Argentina subiría descontando que no habría reelección. Y no sucedió. Después, que en 2014 vendrían las inversiones y subirían los activos porque faltaría poco para el cambio de gobierno en 2015. Y tampoco sucedió.

El futuro no se ve. El kirchnerismo falla en no darse cuenta de que tiene más posibilidades de que la economía le explote antes de diciembre de 2015 que de que les explote a quienes lo sucedan en 2016. Hace unos meses, Lavagna había definido la diferencia entre la inflación y las paritarias 2014 como “un Rodrigazo en cuotas”, y quizás 2015 sea “un 2002 en cuotas” porque, aunque no haya una caída abrupta y toda junta de la actividad económica, sumando la caída del PBI de 2014 más otra aún más pronunciada durante 2015, se acumule la misma depresión que en 2002. Con el agravante de que la situación cultural de buena parte de la población ha empeorado mucho en estos doce años, creando condiciones de posibilidad para reacciones más violentas.

Pero les es difícil darse cuenta, entre otros motivos porque rompieron uno de los termómetros de la fiebre, que es el periodismo. El kirchnerismo, con su ataque al periodismo profesional, sesgó tanto a los grandes medios que desde hace años no dejan de pronosticar colapsos inminentes que nunca se cumplieron y, como en la fábula del pastor mentiroso, al venir el lobo de verdad ya no les creen y asumen que son todas operaciones de prensa, cuando en realidad esta vez el país sí está al borde del colapso.

Preocupa al peronismo que Cristina pueda romper la marca PJ de gobernabilidad

Espectacularizando. Las imágenes que ilustran esta crontratapa recrean un hipotético baldazo de agua helada, el Ice Bucket Challenge, que con el fin altruista de concientizar sobre la esclerosis lateral amiotrófica se viene realizando en todo el mundo. Que en Argentina haya tenido proporcionalmente la mayor cantidad de famosos sumando su ejemplo pero la menor de aportantes de dinero quizá sea una metáfora del kirchnerismo (que no nació de un repollo), campeón en puestas escénicas que simbolizan los problemas pero poco eficaz a la hora de contribuir a solucionarlos.
En síntesis, el horizonte se oscurece día a día y las promesas de amanecer para 2016 son mayoritariamente voluntaristas. El mismo voluntarismo y la misma actitud negadora que nos depositaron en la hiperinflación de 1989, el default de 2002 y –esperemos que esta vez no sea así– promete un colapso en 2015.

Preocupa al peronismo que Cristina pueda romper la marca PJ de gobernabilidad, su mayor capital político. Pero sea cual fuere el escenario, no faltan 474 días, como dice la publicidad de Massa: llevará gran parte de 2016 recomponer la economía.



Jorge Fontevecchia