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Un buen consejo del Padrino

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Dilma Rousseff sobrevivió a la dictadura, en cuyos sótanos fue torturada, y a un cáncer, que enfrentó en plena campaña electoral rumbo a su primer gobierno. Sin embargo, políticamente hablando, no pudo sobrevivir a la astucia de las elites brasileñas.
En los análisis que sus más encarnizados defensores hacen del impeachment se obvia un elemento imprescindible para entender el presente: cuando ella y Lula eligieron a Michel Temer como candidato a vicepresidente, y al PMDB como principal aliado, sabían con quién trataban. El que avisa no traiciona.
Poco se dice hoy sobre la decisión de Lula, en 2002, de pactar con lo peor y más “fisiológico” de la política brasileña, ese grupo que acaba de derribar al cuarto gobierno consecutivo del PT.
La mayoría de los problemas de corrupción que los gobiernos petistas enfrentaron a lo largo de estos años son consecuencia de haber elegido mantener, y hasta profundizar, un esquema político basado en un toma y daca feroz, despojado de toda ideología, y no haberse decidido a impulsar una reforma política que impidiera los vicios que han salido a la luz en los últimos y agitados meses, en los que el partido de Lula tuvo una participación central.
Michel Temer, Renan Calheiros y Eduardo Cunha llevan décadas de hacer política, igual que su partido, el PMDB, y siempre de la misma manera. Descuidarlos fue un error político de Dilma –y de Lula–.
En una memorable escena de El Padrino II, Michael Corleone recuerda uno de los mejores consejos recibidos de su padre, Don Vito: “Mantén a tus amigos cerca, pero más cerca aún a tus enemigos”. La presidenta suspendida debería haberlo recordado. Al fin y al cabo, los consejos de un mafioso son muy útiles para la política brasileña.
 

*Editor de Internacionales.



Santiago Farrell