COLUMNISTAS MES DE LA FERTILIDAD

Un diálogo

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Junio es el mes de la fertilidad: óvulos, espermatozoides y embriones son protagonistas. Durante la fecundación, parte del ADN paterno pasa a formar parte del embrión, y esa porción debería generar en el cuerpo materno un rechazo y un ataque del sistema inmunológico para lograr su expulsión. Sin embargo, en la mayoría de los casos el sistema inmune funciona adecuadamente y permite el nacimiento del bebé.
La implantación no es un fenómeno pasivo, en el que el embrión se incrusta en el endometrio, sino que es producto de un diálogo que se produce por medio de sustancias y receptores.
Además, inciden sobre ella todos los sistemas (neurológico, psicológico, endocrino, inmune, hematológico) que forman una red que interactúa por mecanismos de retroalimentación positivos y negativos, haciendo que la falla en cualquier nivel pueda llegar a afectar la implantación, o quizás deteniendo un embarazo más adelante o predisponiendo a la aparición de distintas patologías durante el embarazo.
Pero ¿cómo es que un embrión, luego de todo el proceso previo que debe darse para lograr la fecundación, se implanta en el útero materno y se dispone a crecer? El endometrio cambia al ritmo del nivel de las hormonas. Del nivel adecuado de los estrógenos y progesterona y de la relación adecuada entre ambas depende el embrión para implantar en el período “ventana de implantación” (día 5 al 8 posovulación). Si el nivel de estas hormonas es el adecuado, en el endometrio actúa una población de células blancas, las principales se denominan “natural killers”– asesinas naturales– que en cantidad y proporción adecuada llevan a que el organismo no identifique a ese embrión como un cuerpo extraño y lo rechace. El embrión está constituido también por lo que aportó el espermatozoide, y por lo tanto, el cuerpo de la mujer, como lo hace con todo lo ajeno, lo rechazaría, pero estas células generan un equilibrio que lo impide. Es decir, el normal funcionamiento inmunológico depende del normal funcionamiento endocrinológico. Si la fecundación no tiene lugar y el endometrio preparado no recibe ningún embrión, sobrevendrá la menstruación y comenzará un nuevo ciclo, y así todos los meses.
A todo esto debería incluirse lo hematológico. Ya sea en el estudio de trombofilias, que pueden afectar la normal implantación del embrión, o por inmunología, que si presenta determinada alteración, también afecte el curso de ese embrión. ¿Por qué debería incluirse lo hematológico? La sangre circula líquida debido al equilibrio entre los factores procoagulantes y los factores anticoagulantes. Si predominan los primeros, la sangre –que lleva los nutrientes– sería “más espesa” y vería dificultada su circulación por los vasos sanguíneos sumamente delgados que genera el embrión en su invasión en el endometrio, afectando su nutrición y por lo tanto, la normal implantación. Esto es lo que ocurre cuando la mujer presenta alguna de las trombofilias, que pueden afectar la implantación, ser causal de abortos en el primer trimestre o de patologías en el embarazo más avanzado. Por eso las trombofilias deben ser descartadas cuando existan sospechas de problemas en la implantación, abortos previos o antecedentes de patologías cardiovasculares o patologías del embarazo en la familia.
La mujer puede presentar una alteración inmunológica sistémica (a nivel general), que no se refleje en el endometrio y no afectará la implantación, o que se refleje y por ende, afectarla. Pero puede haber una alteración local en el endometrio y no sistémica, y afectar la implantación. Por eso el estudio inmunológico, según el caso, debe realizarse a nivel general y también local. Hoy en día disponemos de herramientas –medicación– para actuar según la alteración detectada.
El diagnóstico correcto es la base de un buen tratamiento, y el trabajo interdisciplinario con un enfoque holístico (integrador) dará las mayores posibilidades de lograr un embrión que implante y continúe desarrollándose en el marco de un embarazo normal.

*Director científico de Halitus Instituto Médico y presidente de Fundación Repro.



Sergio Pasqualini