COLUMNISTAS

Un escándalo bíblico

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“‘Ay de aquel que escandalizare a un niño…’, dicen las Escrituras. Y nunca, quizás, como en el caso de los niños apropiados, robados a sus padres, este escándalo se convirtió en una espantosa realidad.”

Con estas mismas palabras comenzábamos (hace treinta años) el capítulo del informe “Nunca más”, en el que la Argentina desnudaba un drama de tal envergadura que, aún hoy, muchos de aquellos niños a quienes se les cambió la identidad no han podido ser encontrados por sus familias legítimas.

Frente a la noticia de la muerte del general Videla cabe preguntarnos (entre las múltiples preguntas que han quedado sin respuesta) qué siente un individuo que imagina haber sido designado por Dios para cambiar el destino de otros seres humanos. ¿Cuál es la omnipotencia que lo impulsa? ¿Por qué imagina que el Todopoderoso lo ha designado para una misión que contraría las leyes de la naturaleza?

A lo largo de la Historia nos hemos encontrado con “iluminados” que se atribuyeron roles y conductas privilegiadas más allá de cualquier juicio racional y resulta realmente difícil imaginar el planteo interno que estos personajes pueden llegar a desarrollar.

Por desgracia, todo hace pensar que se sienten investidos de una misión que solamente ellos podrán cumplir y frente a la cual no presentan dudas ni cavilaciones. De no haber sido así, otra hubiera sido la Historia.

Dentro del rito católico, la comunión diaria supone un sujeto no solamente libre de culpas y pecados, sino en estrecho contacto con la divinidad. Y la diaria comunión de Videla parecería demostrar que su férrea rutina fue también la seguridad necesaria que tuvo que anudar para santificar su horrendo mandato.

Nuestras preguntas no tienen fin. ¿El orgullo de creerse parte de un designio superior contribuyó entonces para que, durante estos años, Videla y otros se hayan llevado varios secretos a la tumba?

Por desgracia, parecería que sí. Y suponemos esto porque negarlo sería olvidar el orden y la minucia castrenses con que la disciplina suele ordenar tanto mandatos como ejecuciones.

¿Cómo se llega entonces a estas concepciones autoritarias y demenciales? Mientras redactamos estas líneas también volvemos a aquellos recuerdos de infancia cuando las ilustraciones de la Historia Sagrada mostraban a la serpiente y su orgullo en la entrada del Paraíso Terrenal. A lo largo de la vida hemos aprendido también que muchas son las serpientes que suelen cruzarse en el camino de los hombres.

Y todas llevan, en primer término, un nombre común. Se llaman Soberbia, pisotean afectos y ordenes naturales y, a fuerza de creerlo, terminan por sentirse partes del Destino sin entender que, con su propio veneno, habrán infectado a su alma para siempre.
 

*Periodista.



Magdalena Ruiz Guiñazú