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Un fiscal curandero

“Nadie sabe lo que puede un cuerpo” es una de las frases de cabecera del fiscal federal Federico Delgado.

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“Nadie sabe lo que puede un cuerpo” es una de las frases de cabecera del fiscal federal Federico Delgado. No tiene una sola remera negra. Tiene siete. A trabajar va en una bici que a veces aparece con las ruedas pinchadas y en un auto que no cuida demasiado. En lo que va del verano, al menos dos veces, me contó que lo detuvo la policía y le pidió los documentos sólo por su apariencia.

Se la pasa leyendo. Sobre todo textos de filosofía y ciencia política. Hegel, Marx, Gramsci y Sartre, entre sus preferidos. Es profesor de la UBA y la Di Tella. En la Universidad de Palermo renunció porque le hicieron saber que no estaban de acuerdo con sus ideas de izquierda.

No forma parte ni tiene vínculos con ningún partido político. Cuando lo tildan de “macrista” por sus investigaciones al ex gobierno o de “kirchnerista” por sus investigaciones al actual gobierno, él dice que es un militante de la alegría.

Arrancó como fiscal a los 28. Y tuvo imputados a casi todos los presidentes: Menem, De la Rúa, Cristina Kirchner y ahora Mauricio Macri.

Con Delgado entablamos una amistad mientras yo cubría judiciales. Cuando entraba a su despacho a consultarle por causas solía desviarme de la coyuntura y le preguntaba por qué hay tan pocos juicios orales, por qué es tan difícil entender los fallos y por qué los únicos esposados que pasean por los pasillos de Comodoro Py son pobres. La respuesta siempre eran textos.

Compartimos la preocupación de por qué la Justicia investiga a los poderosos cuando éstos dejan el poder y en cambio “aplasta” a los débiles. También pensamos que todos somos cómplices de ello. El libro La cara injusta de la Justicia iba a ser un texto académico que problematiza esto, pero llevamos la idea a Editorial Planeta y les encantó.

Como dijo Carlos Pagni, el libro propone una cura para la sociedad, pero quizás también fue una forma de cura para quienes lo escribieron.


*Politóloga, coautora de La cara injusta de la Justicia.



Catalina de Elía