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Un gobierno debilitado y con escaso margen de maniobra

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Como decía ayer en mi columna dominical, es probable que el extraordinario triunfo del 2011 haya llevado, paradójicamente, a la Presidenta, a tomar las decisiones que generaron, si el resultado de las PASO se confirma en octubre, la pérdida del 25% de los votos dos años después.

En efecto, en ese momento, Cristina Kirchner optó por barrer bajo la alfombra la crisis fiscal que se empezaba a manifestar en la consolidación  de una tasa de inflación en torno al 25% anual y aplicó malas soluciones a la crisis de sector externo, producto de una mezcla de desconfianza, aislamiento internacional, y desastre de la política energética.

La decisión de seguir por el camino de financiar el gasto vía inflación, mintiendo en el índice de precios y la de combatir la situación externa con racionamiento de dólares, prohibiciones, e intervenciones varias, condenó a la economía argentina a un bienio de bajo crecimiento, nula creación de empleo privado, pérdida de rentabilidad  y competitividad en muchos sectores, y el “empate” del salario real formal, contra la inflación.

En ese sentido, la economía fue un pasivo para estas elecciones al que seguramente, se sumaron  otros aspectos sociales e institucionales que llevaron a muchos ciudadanos a no acompañar a los candidatos del gobierno en muchas jurisdicciones.

Visto desde la economía, el desafío que se viene de aquí en más no es menor. Hasta octubre, como sugirió Cristina anoche, nada o muy poco va a cambiar desde el Gobierno.

¿Y desde la actitud de los agentes económicos? Si la sospecha de un eventual “fin de ciclo” llevó a  frenar inversiones, y a demandar bienes durables y dólares, la certeza profundizará estas tendencias.
 
Las novedades. Después de octubre, insisto, si las elecciones ratifican el resultado de las PASO, estaremos frente a un escenario desconocido para este Gobierno desde que asumió.

En efecto,  en los primeros años de ejercicio, la debilidad política de partida fue compensada con las condiciones “heredadas” de capacidad ociosa, desempleo, fuerte devaluación y un escenario internacional muy favorable, Cuestiones que le permitieron “hacerse fuerte” y consolidar el poder en el 2007.

De la derrota electoral del 2009, se rehizo en base a la mejora del escenario internacional, pos crisis del 2008, y gracias a una oposición dividida y débil, que le permitió ganar tiempo, recuperar el poder perdido y llegar a la rotunda victoria del 2011.

El pos 2013, en cambio, presenta un escenario internacional poco favorable, el agotamiento de un modelo interno con escaso margen para seguir postergando soluciones en torno a las crisis fiscal y externa mencionadas, y con una oposición que se presenta, ahora sí, como alternativa cierta de poder.

En otras palabras, estaremos ante un Gobierno débil, con problemas estructurales serios y con un escenario internacional poco favorable.

En síntesis, ingredientes suficientes para  armar un cocktail no necesariamente explosivo, pero claramente complejo.



Enrique Szewach