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¿Un gobierno pragmático?

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Los primeros días del gobierno de Macri no fueron los de un nuevo jefe de Gobierno triunfal sino los de un prudente primer mandatario en busca de puntos de acuerdos. El Presidente está haciendo gala del enfoque “pragmático” que lo caracterizó durante toda la campaña electoral, estilo que se refleja en la conformación misma de su gabinete: un elenco
donde predominan gerentes y técnicos, casi una muestra pura de manual de gobierno tecnocrático. El primer signo claro de las consecuencias de ese enfoque lo produjo la foto de los gobernadores reunidos en la quinta presidencial, sin una sola ausencia, sin una expresión agria o que desentonara; el último –hasta el momento de escribirse estas líneas–, la designación de los jueces supremos pasando por alto ciento cincuenta años de prácticas y usos en la materia. Apresurando conclusiones, parece que el Gobierno pondrá el propósito de la gobernabilidad por encima de las reformas que muchos están reclamando. Este no es un gobierno de “principios”; como dijo Lloyd George cuando le pidieron que se definiera entre los principios y el pragmatismo: “Soy un hombre de principios y mi primer principio es el pragmatismo”.
Desde luego, es de esperar que tan pronto el Gobierno comience a tomar decisiones efectivas algunos se verán perjudicados y algunos otros comenzarán a construir nuevos relatos propicios para proyectar en ellos símbolos, ideas y preferencias. Por otra parte, probablemente se vaya demarcando más pronunciadamente que hasta ahora la división entre los duros y los blandos en distintos temas de políticas públicas y en el frente caliente de los temas institucionales y judiciales. Y todo eso irá demarcando los espacios del nuevo oficialismo y la nueva oposición.
¿Qué podemos esperar acerca de los nuevos oficialistas y los nuevos opositores en el contexto del gobierno de Macri? El lugar común de un gobierno de “centroderecha” que vuelve con una orientación “neoliberal” al que se le oponen los “nacionales” y los “populares” parece el menos probable y menos significativo de los escenarios. En cambio, un Macri que paulatinamente pasa a ser el presidente del statu quo –algo sí como lo que muchos imaginaban que sería Scioli si hubiera ganado la presidencia– parece más probable; la oposición que se irá conformando en ese caso no será la de quienes se opusieron a Macri en las urnas sino la de sectores más demandantes, el partido de los que quisieran “ir por más” en los distintos temas que nutren la agenda de estos tiempos. En ese caso, la nueva coalición oficialista, macrista, sostenida en el statu quo del poder en la Argentina de hoy –los gobernadores, los sindicatos, los lobbies empresariales–, no sería nada demasiado definido en ningún plano. Sería una coalición que busca gobernar con acuerdos, tantos como sea posible, con los gobernadores, los sindicatos, con nacionalistas criollos y con liberales, con simpatizantes de los gobiernos populistas y simpatizantes de los gobiernos occidentales, con los grupos ecologistas pero también con las empresas mineras…
El mundo está lleno de ejemplos y de instancias de ese tipo de gobierno. En la Argentina tenemos un antecedente supremo, al cual el presidente Macri hizo alusión explícita en su mensaje inaugural ante el Congreso: el de Arturo Frondizi, un prodigio del pragmatismo que logró muchas cosas –y por eso es recordado como un gran gobernante– hasta que fracasó en el frente militar.
El escenario de un oficialismo “statusquista” y una oposición más radical (en el sentido literal de esa palabra, no por alusión a la UCR) podría ser la vía para una nueva etapa política en la Argentina, borrando las antiguas divisorias políticas y las lealtades más cargadas de resabios ideológicos. Como la población está realmente desideologizada, y además ha dado muestras de cansancio con las antiguas lealtades partidarias, cabe imaginar que tenderá a sentirse cómoda con los nuevos clivajes políticos y dejara de añorar la vuelta a los anteriores. Esta puede ser una contribución del macrismo al proceso de cambiar la Argentina y ponerla en una nueva órbita. Paradójicamente, si se quiere, porque se trataría de un cambio profundo impulsado por un gobierno que busca sostener equilibrios y no avanzar de acuerdo con un programa predefinido.

*Sociólogo.



mmorayaraujo