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Un gurú que no actúa en las sombras

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La puja entre quienes apoyan y quienes se oponen a una alianza entre el PRO y el frente de Massa está moviendo pasiones políticas algo inesperadas. Los partidarios de la unificación han encontrado a quién culpar porque no ocurre lo que quisieran que ocurriera: el asesor político del PRO, Jaime Duran Barba.

El estilo de Jaime como consultor lo lleva a intervenir a veces públicamente en los debates y, cuando lo cree conveniente, da a conocer sus opiniones. Aunque, desde luego, las decisiones no las toma él sino su asesorado.

El consultor político Joseph Napolitan, uno de los padres de la disciplina en nuestros tiempos –y hombre influyente en las ideas de Duran–, escribió: “Soy un consultor político, mi negocio es ayudar a candidatos para que accedan a altos cargos públicos. No veo que haya nada particularmente siniestro en ello, pero hay quienes creen que las personas como yo somos una amenaza para el sistema político que nos rige”.
Muchos votantes que prefieren una alianza entre Macri y Massa ven a Jaime Duran como una amenaza. Creen que Scioli está ganando la elección presidencial debido a que esa alianza no se concreta. Encontraron un chivo emisario hasta la próxima elección.

Conozco bien a Jaime Duran, somos colegas y amigos, valoro en alto grado su profesionalidad. Pero no he hablado con él de este tema. Lo que diré acá no es más que lo que supongo y lo que interpreto de lo que leo en la prensa.

Actuando como consultor político –tal como lo dice Napolitan–, su negocio es ayudar al candidato a ganar la elección. No es ayudarlo en su gestión ni influir en sus ideas.

Jaime Duran también lo escribió en su libro El arte de ganar: “Las propuestas son importantes para el país, pero tienen poca importancia para conseguir votos”. “En  la nueva democracia… ha cambiado la lógica de la acción política”; cambió, piensa, el vínculo entre los candidatos y la gente común.

Yo interpreto que el análisis de Jaime es que Massa no le sumaría muchos votos a Macri pero en cambio le restaría identidad.

Una manera de entenderlo es remontarse al caso de Alfonsín en 1983: los votos fluyeron a él sin necesidad de alianzas ni con la Ucedé ni con el PI, ni con sectores peronistas, aunque votantes de esas tres fuerzas terminaron dándole su apoyo.

Para eso, sin duda, Duran Barba se apoya en encuestas –en las que habitualmente se basa de forma minuciosa– y también en su experiencia y su ojo clínico.

Es posible estar o no de acuerdo con su razonamiento y con sus conclusiones. Por lo demás, ningún argumento de ese tipo puede ser demasiado contundente en estos tiempos de votantes volátiles e indefinidos. Pero ése es un análisis sobre la realidad, no sobre Jaime Duran.

Los ciudadanos que quisieran ser ellos mismos más influyentes en las decisiones electorales tendrían que pensar más bien en incorporarse al partido de sus simpatías y discutir allí adentro, y no enojarse con los asesores.

*Politólogo.



mmorayaraujo