COLUMNISTAS CACHITO FUKMAN


Un justiciero

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La semana pasada murió Cachito Fukman, un luchador empedernido y justiciero. La muerte lo sorprendió en casa y solo. Sobreviviente de la ESMA, fue encapuchado, torturado y encadenado durante 15 meses. Cautivo en el sótano y archivando diarios en la Pecera, desfilaba por las salas de tortura camino a la Avenida de la Felicidad, que terminaba engañosa e inevitablemente en los vuelos de la muerte.
Según datos oficiales, en el edificio emblemático de la Escuela Nacional de la Armada, murieron o desaparecieron 5 mil personas.

Quizás influyó en Cachito Fukman y en su destino solitario y final, el video del diario Clarín ESMA 40 años - 360 - 3D que protagonizó donde relata en menos de ocho minutos qué y cuánto pasó allí. Las imágenes –valen la pena verse– son en su gran mayoría los pisos de los ambientes. Nada de rastros de tortura y violaciones, todo remendado y refaccionado como si los gritos de la picana y los suplicios vividos se pudieran borrar y no brotaran de cada ladrillo escondido.
Fundador de la Asociación de Ex Detenidos y Desaparecidos e integrante de Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, Fukman estuvo siempre alejado del movimiento de derechos humanos que copó el kirchnerismo y tampoco se encandiló ni recibió favores del Estado.

Con la vuelta a la democracia, la ESMA volvió a ser el lugar habitacional y de descanso de oficiales superiores de la Armada. Finalmente desocupado en el 2007, se transformó en un Ente Público y en el 2008, Cristina lo nombra Monumento Histórico Nacional. Actividades culturales, Museo de la Memoria y de Malvinas, arte, conferencias, cine, teatro, talleres… Hasta un brindis de fin de año, un jolgorio de choripán y baile organizado por el Ministro de Justicia, Julio Alak. Escándalo bien definido por Carlos Lordkipanidse “es como si hicieran pan dulce en los hornos de Auschwitz”. La titular de Abuelas, Estela de Carlotto, no tardó en salir en su defensa porque “hay que recrear y celebrar la vida”. Recién ahora, en el 2016, obtiene el Escudo Azul de las Naciones Unidas, una protección especial para situaciones de guerra que representan al Estado en su identidad e historia.

Los cuarenta años del triste aniversario debieron ser la oportunidad para transformar ese multiespacio en un verdadero museo, para recrear minuciosamente la vida cotidiana de los secuestrados, reproducir cada ambiente según los testimonios de los sobrevivientes (aún quedan un poco más de 200), recurrir a los archivos fotográficos, rescatando caras, huellas, rastros y marcas, dibujos y hasta recordar las manchas de sangre, con el respeto de cada metro cuadrado llevado a su historia original.
La deshumanización, la invisibilidad de la trágicas vivencias; las banderas impostoras de los derechos nada humanos kirchneristas… Nada de esto le fue ajeno a Cachito cuando su cuerpo decidió partir sin decir “hasta la victoria siempre”.

 

*Socióloga y periodista.



Gloria López Lecube