COLUMNISTAS JOSE HERNANDEZ

Un luchador federal y popular

Todos conocemos el Martín Fierro, y sabemos que su autor fue José Hernández.

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Todos conocemos el Martín Fierro, y sabemos que su autor fue José Hernández. Pero la gloria de este autor es mayor que la de haber escrito nuestro canto nacional, lo cual bastaría para memorarlo. Y su recuerdo a 130 años de su fallecimiento es oportuno para hablar del gran pensador –del nivel de los grandes de su época, como Alberdi–; del periodista que escribió día tras día en Paraná, Corrientes, Rosario, Montevideo y Buenos Aires; del orador que como los clásicos usó la palabra para proponer cambios sociales, y hasta del soldado federal.
De las fechas memorables, marcantes en su vida, una es cuando siendo niño va a vivir al campo con su padre, y allí, hasta sus 18 años se hace gaucho y aprende su lenguaje y vive sus dolores.

Otra es cuando ya mozo, de regreso a Buenos Aires, elige el partido Federal, en conflicto con el Estado de Buenos Aires, separatista y unitario en ideas, y se va a vivir a Paraná, sede de la Confederación Argentina liderada por Urquiza. Es la elección de un destino.
Periodista lo fue toda su vida, desde aquél primer artículo de 1860 en el diario La Reforma Pacífica, en que dice que nuestra historia se sintetiza en tres palabras, sangre, sangre y sangre, vertidas en la lucha de  Independencia, en la organización y en la etapa en que se dan Cepeda y Pavón, y en el que postula la existencia da una Nación argentina en paz, con progreso, con trabajo, con independencia y con justicia social.

Su primera obra orgánica es el folleto Rasgos biográficos del general Angel Vicente Peñaloza, una serie de artículos donde analiza el asesinato del caudillo riojano. Dice que los porteños aplican un sistema de asesinatos, desde Dorrego, Nazario Benavídez, Virasoro, que apunta al general Urquiza, al que alerta. Y al que, en sutil subtexto, advierte del enojo federal por su inmovilidad ante las agresiones a las provincias. Mensaje profético que adelanta la rebelión de López Jordán (1870), luego de los acuerdos del entrerriano con Mitre y Sarmiento.
Pensador que analiza el país con visión de futuro, con valentía y arrojo. Por eso en el año 68, estando en Corrientes como fiscal de Estado del gobernador urquicista Evaristo López, es perseguido cuando lo voltean a López y debe escaparse.

Hernández es a lo largo de su vida ejemplo de compromiso con sus ideas: abandonó su provincia para ir a Paraná; escribe el asesinato del
Chacho Peñaloza no como mero cronista, sino como político que denuncia el proceso en que el episodio se enmarca. Se escapa de Corrientes ayudado por los padres franciscanos, y continúa su prédica en La Capital de
Rosario, que le abre sus puertas. Habiendo logrado organizar en 1869 su diario en Buenos Aires, El Río de la Plata, lo cierra al año siguiente para ir a pelear con López Jordán, que pocas chances tiene contra el ejército oficial que envía el presidente Sarmiento. Tiene que interrumpir su demoledora crítica a la guerra del Paraguay y al exceso que lleva al Imperio del Brasil y a los argentinos mitristas a destruir el Paraguay y a su jefe, el mariscal Francisco Solano López, el caudillo otrora poderoso que siguió la suerte de Dorrego, Benavídez, Virasoro y Peñaloza. Y le toca analizar el homicidio de Urquiza, al que fue leal siempre, pero al que censuraba sus concesiones a la política porteña.

Al extremo de entender que su muerte se debió al abandono que hizo de la causa federal. Hernández adhiere a la rebelión, se suma a ella y pelea en la batalla de Ñaembé, en Corrientes, donde derrotan a Jordán y junto con su jefe se refugia en el Brasil.
Su Martín Fierro lo constituye en autor de gran éxito, ante todo entre sus paisanos, a los que quiere ofrecerles tierras para que se instalen en la provincia de Buenos Aires a organizar nuevas estancias.
La reciente publicación por Editorial Docencia de cinco tomos de su periodismo nos permite estudiar al pensador en sus largos años de lucha federal y popular.

*Poeta y crítico literario.

Ángel Nuñez