COLUMNISTAS HISTORIAS BICENTENARIAS

Un maestro norteamericano

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Se ha hablado mucho de las maestras que trajo Sarmiento, aunque casi nunca de los hombres. En 1847 el sanjuanino visitaba el país del Norte, enviado para analizar los sistemas educativos por el gobierno de Chile (donde se encontraba exiliado). En esa ocasión trabaría un intenso vínculo con Horace Mann, secretario del Consejo de Educación del estado de Massachusetts. En aquel Boston de mitad de siglo XIX Sarmiento imaginó la venida de maestras norteamericanas para implantar el sistema normal de enseñanza, algo que retomaría en la Argentina, de la mano de la ya viuda Mary Peabody Mann, una vez convertido en presidente.

George Albert Stearns, egresado en Artes de la Universidad de Harvard en 1865, fue uno de los cuatro hombres que vinieron como consecuencia de la importación de maestros desde Estados Unidos que planeó Domingo Faustino Sarmiento.

Cuatro hombres y 61 mujeres desembarcaron en el país en los años que siguieron a 1869. Clara Armstrong trabajó en Paraná, Catamarca, San Juan, San Nicolás, La Plata y Buenos Aires; Sara Chamberlain de Eccleston lo hizo en Mendoza, Paraná, Buenos Aires y Concepción del Uruguay, mientras que Mary Olstine Graham transitó aulas de Paraná, San Juan, y La Plata.

Stearns estableció una Escuela Normal en Paraná, con su esposa Julia y otras maestras norteamericanas; trajo consigo las ideas de civismo, disciplina e investigación que impulsaba el educador norteamericano Horace Mann. Entre 1871 y 1888 aquellos norteamericanos fundaron treinta escuelas normales, sentando bases para la formación de docentes y para una educación pública universal.

La institución de Stearns –situada donde había funcionado la sede del Gobierno de la Confederación– fue la primera Escuela Normal de la Argentina, dedicada a la formación de docentes de numerosos provincias. En una carta a sus familiares, Stearns había asegurado que “si me vienen a visitar no podrán distinguir la escuela de una de Estados Unidos, salvo por el idioma”. Fue casi un trasplante de Boston a Entre Ríos, pero el país de entonces no ofrecía un contexto de paz: la escuela enfrentó adversidades económicas y convivió con la revuelta de Ricardo López Jordán tras el asesinato de Urquiza.

La esposa de Stearns, Julia, murió en medio de una epidemia y su contrato se venció, lo que lo decidió a regresar a los Estados Unidos, pero dejando una institución donde se estudiaban idiomas y ciencias, y en la que se practicaba gimnasia. La escuela cerró en 1878 por la falta de pago a los docentes y reabrió en 1880. Hoy está en funcionamiento y se llama Escuela Normal José María Torres, en honor a su director desde 1876.

No todas fueron experiencias felices. Algunas maestras que recalaron en el interior del país tuvieron que convivir con la violencia de ida y vuelta que se producía en medio de la guerra civil, y casi todas debieron soportar la hostilidad de la Iglesia Católica, que rechazaba la enseñanza por maestras protestantes.

El obispo de Córdoba, por caso, rechazó que protestantes enseñaran a las niñas cordobesas católicas, lo que llevó a la ruptura con la Santa Sede durante la primera presidencia de Roca. Debieron, además, convivir con la desconfianza de sus colegas locales y de las damas de beneficencia, partidarias de una educación “distinguida” para las niñas. En aquella Argentina con un Estado débil, el emprendimiento se hizo cuesta arriba pero señaló un camino: la apuesta por la educación primaria y para todos. Stearns quedó escondido detrás de las maestras mujeres, pero él también
hizo historia.

*Historiador.



Diego Valenzuela