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Un mapa sin territorio

Del voto por los holdouts a la visita de Obama, el Gobierno delinea su cartografía. La fractura K.

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Foto:Dibujo: Pablo Temes

En estos días el macrismo comienza a construir su poder político propio, dejando atrás la campaña electoral.

Mas allá de la solución momentánea de culpar de las dificultades actuales a la herencia recibida, la sociedad comienza a adjudicar problemas recientes (como el emergente desempleo) a la nueva administración. No ajeno a esta situación, el gobierno de Cambiemos va estableciendo estrategias tendientes a estabilizarse, reorganizar el mapa político y, finalmente, cambiar las relaciones sociales del país.
La necesaria solución del conflicto con los fondos buitre con la sanción de una ley que permita la reapertura del canje y el endeudamiento para pagarles se constituyó en una oportunidad para mostrar un triunfo político con tres componentes.
Estos son:

  • Logica binaria: Se restableció en la acción política la lógica binaria. Se pudo oír de la propia voz del presidente Macri la “alternativa” de un hiperajuste y una hiperinflación de no salir la ley en forma perentoria. No quedó clara la relación entre la ley y una hiperinflación (excepto que esté entre sus escenarios futuros posibles), pero basta nombrar esta palabra para erizar la piel social.
  • Giro narrativo: Mientras el kirchnerismo enarboló un discurso de corte nacionalista para rechazar la ley con el lema “patria o buitres”, el macrismo logró instalar su contracara, la idea de que es imprescindible “volver al mundo y salir del aislamiento”. Algunas voces fueron más allá con el “volver a los mercados”, y los más audaces explicitaron la noción de que se necesitan “los créditos internacionales para volver a crecer”, fórmula rara vez contrastada en la historia argentina, pero que parece ser la estación final del proceso. Lo cierto es que el discurso patriótico fue derrotado por un nuevo subtexto, parte de la nueva narrativa político-social.
  • Ampliacion de la alianza de gobierno y partición del peronismo: La votación final en Diputados permitió mostrar a la sociedad una ampliación en los hechos de la alianza de gobierno. La sociedad ya identifica a Sergio Massa, Margarita Stolbizer, Diego Bossio y otros grupos como aliados de Macri. Esta incomodidad fue expresada por los renovadores Felipe Solá y Facundo Moyano al retirarse del recinto antes de la votación. La partición de Frente para la Victoria es una noticia más importante en términos electorales futuros que cualquier entendimiento con Massa. En este sentido, ya se observan los preparativos para la gran batalla en la provincia de Buenos Aires en 2017 frente al posible regreso de Cristina Fernández de Kirchner. Las líneas de ruptura se harán más evidentes luego de la votación de la ley en la Cámara de Senadores.

El contexto de la discusión sobre la ley para acordar con los fondos buitre fue propicio para la profusión de noticias sobre los “negocios” de dos empresarios emblemáticos de la década kirchnerista: Cristóbal López y Lázaro Báez. El primero sobre la “distracción” del impuesto a los combustibles, el segundo sobre el video de un grupo de personas (presuntamente vinculadas al empresario) contando cantidades importantes de dinero.

Las imágenes del video en particular causaron un gran desasosiego en el ciudadano de a pie, en momentos de lucha por la conservación del empleo y por las dificultades para llegar a fin de mes, dada la reducción del poder adquisitivo del salario a manos de la indomable inflación.
A pesar de la dificultad para defender tales situaciones (desde la empresa de López incluso se justificó el hecho), algunas voces sindicaron estas noticias como una “operación política”. Lo cual es en parte verdad: un objetivo es desarmar políticamente al kirchnerismo. Sin embargo, la característica de los hechos requiere, más que la sanción mediática, la acción de la Justicia.

Sin embargo, existen dos temas subyacentes a esta cuestión rara vez discutidos en la Argentina: uno es la relación del empresariado con el Estado, y el otro es la relación de la política con el dinero. La primera cuestión se enfoca en la propia constitución del modelo capitalista argentino, donde el Estado ha sido garante de la rentabilidad de las grandes empresas. Muchos empresarios buscan al Estado como socio, por eso las grandes fortunas de nuestro país se construyeron en compañías vinculadas a la obra pública, con la relativa excepción del agro.

La segunda cuestión, la relación entre la política y el dinero, es difícil de plantear. Es un lugar común que para hacer política se necesita mucho dinero, para el desarrollo de las campañas electorales y para sostenerse en la vida política activa. La cuestión debe ser debatida socialmente y legislada adecuadamente. La alternativa de que la clase política sea reemplazada por una elite empresarial dista de ser satisfactoria en uno de los países más inequitativos de la Tierra.

Visita. En los próximos días la visita del presidente Barack Obama ocupará la atención de los argentinos. Luego de las inusuales declaraciones de éste acerca de que las políticas del kirchnerismo fueron antinorteamericanas, el macrismo se presta a mostrar un triunfo político relevante, vinculado al reenganche del país en el “concierto de las naciones”. El último viaje de un presidente estadounidense al país fue en 2005, cuando George W. Bush fue a Mar del Plata para participar de la Cumbre de las Américas, y donde se llevó el definitivo rechazo al ALCA. El nuevo y polémico proyecto del Tratado Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP) probablemente esté en la mesa de discusión.

Como es normal en la vida de los argentinos, donde todas las cuestiones se cruzan, la conmemoración esta  semana de los cuarenta años del golpe militar protagonizado por Jorge Rafael Videla era la oportunidad para reflexionar sobre las causas y características de la dictadura, que a lo lejos sigue generando consecuencias para la sociedad actual. La apertura de los archivos hasta ahora secretos por parte de los Estados Unidos es promisoria, aunque su oportunidad, discutible.

La Argentina está reescribiendo su cartografía, pero no es claro a qué territorio finalmente hará referencia.

*Sociólogo, analista político
(@cfdeangelis).



Carlos De Angelis