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Un nuevo perfil de estudiantes se acerca a la universidad

A pesar de los debates sobre la existencia de nuevas instituciones, éstas constituyen una oportunidad para que muchos jóvenes accedan a estudios superiores y sean la primera generación en su familia.

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“Un gran punto a favor es que la universidad está muy cerca de casa. De hecho, desde hace unos años, cuando te tomás el tren Roca ves a un montón de chicos leyendo apuntes durante el viaje”, relata Sebastián Gómez, estudiante de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). A sus 20 años, es el primer integrante de su familia que pasa por la universidad, y alterna los estudios con el trabajo de operario en un taller de Don Bosco donde repara máquinas industriales. Alan Pros, de 24, es empleado público, estudia Ingeniería en Informática en la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ) y vive en Quilmes: “Antes me tenía que tomar dos colectivos para ir a la sede de la UBA en Avellaneda”. Si bien gran parte de los estudiantes de la UNAJ proviene de Florencio Varela, donde se ubica la sede principal de la universidad, también es un lugar cómodo para quienes viven en zonas próximas, como Ezpeleta y Berazategui. “Pueden levantarse todas las mañanas –cuenta Pros– y ver que tienen esa universidad al alcance”.
La matrícula de las universidades argentinas no ha dejado de crecer desde la vuelta a la democracia: si en 1983 nuestro país contaba con 400 mil estudiantes, en la actualidad son cerca de 1.700.000. En los últimos años, esta expansión no fue motorizada a través de la ampliación de vacantes en las universidades tradicionales sino, fundamentalmente, acercando la universidad a los sectores populares. Mientras que en 1985 existían 25 universidades públicas, en la actualidad el país cuenta con 53 universidades nacionales y cuatro provinciales.
“El 95% de los estudiantes que comenzó en 2011 en la UNAJ venía de hogares cuyos integrantes nunca habían pisado la universidad”, asegura Ernesto Villanueva, rector de la institución ubicada en Florencio Varela. Para el primer ciclo lectivo, el total de 3.046 inscriptos superó tan ampliamente las expectativas que las autoridades de “la Jauretche” debieron realizar acuerdos con diferentes instituciones educativas de la zona para la apertura de subsedes que aún funcionan.
“Hoy tenemos otros perfiles en la universidad: muchos de ellos son primera generación de universitarios en sus casas y muchos otros, además, primera generación de egresados del secundario. Son chicos que están dando un salto muy grande respecto de sus padres”, explica Adrián Cannellotto, rector de la Universidad Pedagógica de la Provincia de Buenos Aires (Unipe).
Esta parece ser la marca distintiva de las nueve universidades nacionales creadas entre 2007 y 2009, pero se vuelve muy palpable en el conurbano bonaerense, y se extiende también al resto de las universidades ya emplazadas en el mayor cordón poblacional del país: La Matanza, Quilmes, San Martín, General Sarmiento, Tres de Febrero y Lanús, todas ellas creadas a lo largo de los años 90, e incluso a la más antigua de las universidades nacionales del Gran Buenos Aires, la de Lomas de Zamora (UNLZ), creada en 1972.
Ya en 2013, las 12 universidades nacionales bonaerenses albergaban a unos 150 mil estudiantes, más de la mitad de los alumnos de la UBA.

Masividad y calidad. La heterogeneidad de la educación superior no estuvo exenta de críticas que volvieron a poner sobre la mesa la idea de que la masividad y la calidad son mutuamente excluyentes. Estas críticas, sin embargo, nunca incluyeron como blanco a las universidades de Buenos Aires, Córdoba y La Plata (las tres muy prestigiosas y a la vez masivas), lo cual revela muy rápidamente un prejuicio de clase. Interesa, de todos modos, indagar en la opinión de los propios estudiantes.
“A la UBA siempre se la ve de otra manera. En los medios, la UNLZ aparece muchas veces relacionada a cosas oscuras, como la compra de títulos. No tiene tantos privilegios”, explica Melanie Castillo, de 21 años, que vive en Longchamps, trabajó como cajera y empleada doméstica y estudia Psicopedagogía en la UNLZ.  
Muchos de los ataques que ponen en duda la calidad y el rigor académico de estas instituciones responden a la simple descalificación de aquellos jóvenes que provienen de sectores populares y ocupan espacios universitarios antes reservados a las clases medias y altas. No obstante, es cierto que se necesitará de imaginación pedagógica y crecientes recursos materiales para que se alcancen los mismos objetivos de aprendizaje mediante procesos necesariamente más paulatinos. Por otra parte, las experiencias escolares en las escuelas periféricas suelen ofrecer puntos de partida desventajosos para sus egresados: como sabemos, el sistema de educación pública no es homogéneo. Sólo con el paso del tiempo se podrá evaluar hasta qué punto estas nuevas universidades, que ya transformaron la vida de sus estudiantes mucho más allá de lo estrictamente académico, ofrecieron también una formación rigurosa y posibilidades concretas de obtener un título universitario.

*Licenciados en Ciencias de la Educación por la UBA. Forman parte del equipo editorial de la Universidad Pedagógica. (Unipe: Editorial Universitaria).

Julian Monaco / Diego Herrera