COLUMNISTAS EL ECONOMISTA DE LA SEMANA

Un panorama favorable no exento de incertidumbre

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Argentina termina 2010 con una fuerte expansión del producto bruto, elevados niveles de consumo, estabilidad financiera, alto superávit comercial y habiendo renegociado una parte significativa de la deuda que aún se encontraba en default. Y las condiciones iniciales para 2011 también son positivas. Las expectativas de crecimiento de las economías emergentes (especialmente Brasil y China) y los pronósticos de otra importante cosecha agrícola sientan las bases para que el próximo año sea bueno para Argentina.

Pero que las condiciones iniciales para 2011 sean favorables, no implica que, al igual que viene sucediendo hace varios años, no existan focos de incertidumbre.

La capacidad (por el lado de la oferta) de la economía para seguir creciendo a un ritmo relativamente elevado será, sin dudas, uno ellos. No faltan razones para el escepticismo en este sentido.

El capital físico reproductivo es relativamente escaso. El stock de equipo durable por hora trabajada de toda la economía es todavía hoy un -2% más bajo de lo que era en 2002.

Puesto de otra forma, ha pasado casi una década de la crisis que provocó el fin de la Convertibilidad y todavía no hemos logrado darle a cada trabajador la misma cantidad de capital de la que disponía por aquellos días.

Tampoco abunda la mano de obra calificada. Según una encuesta reciente de Manpower, el 53% de los empresarios consultados declaró tener dificultades para cubrir puestos de trabajo que requieren cierto nivel de capacitación (en 2008 y 2009, dicha proporción ascendía a un 36% y un 40%, respectivamente).

Si no hay mucho más capital físico y no hay mucho más trabajo utilizable, tampoco hay posibilidades para mucha más producción.

Por supuesto, esto no quiere decir que la economía no puede crecer más a partir de ahora. Quiere decir que no podrá crecer en 2011 al mismo ritmo que lo hizo en 2010 y que, de no mediar un cambio de condiciones que acelere los flujos de inversión en capital físico y humano, empezará a crecer cada vez menos durante los años subsiguientes.


Precios. Otro foco de incertidumbre que sobrevolará a la economía en 2011 es la inflación. Este año los precios minoristas domésticos finalizarán con un incremento en torno al 27%, siendo esta la mayor tasa de inflación desde 2002.

Y las condiciones están dadas para que el ritmo de expansión de los precios suba otro escaloncito durante el próximo año (los márgenes de oferta se achican y la demanda seguirá igual de incentivada que siempre).

Pero, que la inflación pueda ser un poco más alta no significa que vaya a descontrolarse y que, por tanto, pueda afectar seriamente el funcionamiento de la economía en 2011. Es muy poco probable que esto suceda en el corto plazo.

El hecho que la economía cuente todavía con algunos márgenes para seguir creciendo a un ritmo razonablemente elevado asegura que la situación nominal no se descontrole.

Es que el “juego” que estuvimos practicando durante los últimos años sólo se puede llevar a cabo si hay crecimiento, que compense los efectos nocivos que la inflación trae aparejada y, por ende, que evite que la situación se aleje del equilibrio.

El aumento de las cantidades vendidas (que mejora el flujo de caja de las empresas) y del número de empleados, jubilados y beneficiarios de planes sociales (que mejora el flujo de caja de los hogares) sirve como un reaseguro de que la inflación no se saldrá de cauce en el futuro inmediato.

Pero atención: tal cual dijimos antes, si no cambian las condiciones, la economía no podrá seguir sosteniendo elevados ritmos de crecimiento mucho más allá de 2011. Y, con menos crecimiento, también resultará cada vez más difícil sostener el statu quo en materia de inflación a partir de allí.

El último foco de incertidumbre que afectará a la Argentina en 2011 viene por el lado externo y está caracterizado por los inconvenientes que atraviesan los EE.UU., por un lado, y las economías medianas/chicas de la Zona Euro, por otro.

Es difícil pensar que los vaivenes recientes de EE.UU. y Europa se terminarán transformando en otra nueva gran recesión global (lo que, al igual que sucedió en 2008 y 2009, también afectaría a los países emergentes).

Debilidades. Pero también es difícil pensar que los problemas de EE.UU. y Europa se pueden resolver rápidamente.

En los EE.UU., que al momento del estallido de la crisis sub-prime estaban sobreendeudados, no están consumiendo (porque se están desendeudando).

Tampoco lo hacen los que no lo estaban (porque no ven perspectivas favorables para la economía), incluso en un contexto de tasas nominales bajísimas.

En Europa, el problema de fondo está en la productividad. Mientras que los países grandes (más productivos) crecen a un ritmo razonable, los países medianos/chicos (menos productivos) se estacan o caen. La pobre performance de crecimiento de estos últimos tiende a profundizar sus desequilibrios fiscales y a incrementar el “peso” de la deuda, alimentando así los temores de los mercados.

Puesto de otra manera, la debilidad fiscal no es la causa de los problemas que atraviesan varios países de Europa, sino la consecuencia.

En este marco para las economías desarrolladas, la mayor incertidumbre para Argentina gira en torno a lo que sucederá con el precio del dólar. El QE2 en los Estados Unidos es una receta bastante segura para una depreciación del dólar en el mundo.

Si esta depreciación no se ha producido es porque los efectos del recrudecimiento de la crisis europea han sido mayores y, como dijimos antes, es probable que estos efectos resulten duraderos.

Así, de no mediar QE3, QE4, etc. de parte de las autoridades monetarias americanas, y de no mediar un cambio importante en la capacidad política de Europa de armar programas consistentes (que no se centren en contractivos programas de ajuste fiscal), lo más probable hoy es que el dólar no se deprecie.

Y esto no sería muy grave para Argentina en el corto plazo. Si el dólar se mantiene (o incluso aumenta levemente) con respecto al real brasileño y al euro, el sector industrial doméstico seguiría siendo competitivo en 2011, aun cuando el tipo de cambio no supere los $ 4,20 por dólar y la inflación doméstica vuelva a ser entre 5 y 6 veces más alta que la de la Zona Euro y Brasil.

En resumen, las condiciones están dadas para que Argentina tenga en 2011 otro buen año en materia económica. Sin embargo, tal cual vimos, los focos de incertidumbre son variados y no desaparecerán en el corto plazo. En este contexto, la complacencia es un pésimo aliado. Por el contrario, las autoridades deben utilizar los márgenes que aún brinda el corto plazo para despejar las dudas que todavía pesan sobre Argentina.



Martín Apaz // Deloitte