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Un primer paso

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Foto:AFP

Si el Vaticano también se moviera en base a encuestas (no me parece que lo haga abiertamente, pero tal vez las considera), sería evidente que la popularidad de la Iglesia, al menos en lo que respecta a su jefe visible, el Papa, está hoy en su máximo histórico.

La expresión “hagan lío”, que el papa Francisco lanzó como invitación y recomendación a quienes escuchaban uno de sus discursos de Río, es tal vez la frase más evangélica que hemos escuchado en muchos años de boca de un exponente de la jerarquía católica.

El Evangelio no es un mensaje de “orden”, Dios, que entra en la historia humana encarnándose, es todo menos un llamado a la normalidad y al respeto de la “naturaleza” humana, no por nada la teología ha hablado siempre de sobrenatural.

Qué sería, o será, de una Iglesia católica liberada de la tarea de apoyar las instituciones, de asegurar la “estabilidad”, quizás hasta de garantizar que los gobiernos (como es el caso de la Europa de hoy) respeten los criterios de una economía “sana” y respetuosa de las reglas dictadas por los grandes bancos internacionales.

No por casualidad, normalidad “según la naturaleza” y cuestión bancaria son el centro neurálgico del mensaje de Francisco a su regreso de Río. Como sucede en la tradición de la ética oficial católica, sexo y dinero se mezclan en una madeja muy difícil de desenredar. Del lobby gay el Papa ha hablado sobre todo en relación al hecho de que, precisamente, es un lobby, es decir un grupo de presión que, utilizando el poder de extorsión que le da el tabú oficial sobre la homosexualidad, condiciona la política de la Santa Sede y hasta la del banco vaticano. No por gay, sino por ser un lobby, el lobby gay es condenable. Por lo demás, sean homosexuales o heterosexuales, sus miembros se enfrentan simplemente con su conciencia, con sus convicciones morales; “quién soy yo para juzgar a un homosexual que, en su condición, se esfuerza por buscar a Dios”, dice Francisco.

El discurso es muy simple, y tal vez no ha sido fortuito que el Papa lo haya explicitado en ocasión de su encuentro con una población juvenil como la que encontró en Brasil, donde ciertamente la alegría de vivir y la visión de la sexualidad no tienen las oscuridades del cristianismo kierkegaardiano danés, por ejemplo.

No estoy haciendo retórica sobre el samba y la música carioca: pero aludo a que entre las contribuciones de América latina a una visión más amigable de la moral cristiana está este aspecto, en sentido general ético, que se contrapone al espíritu calvinista del capitalismo occidental, que siempre ha incluido también la retórica de la alegría de vivir latinoamericana: el verdadero capitalista occidental vive su existencia cotidiana en el rígido respeto de la familia y de su capital, pero cuando se va de vacaciones se va a América del Sur.

La Cuba de Batista, como todos recuerdan, era el burdel extraterritorial al que iban a relajarse los norteamericanos. Sólo un cliché, es verdad, pero significativo: el colonial-capitalismo de Occidente necesita de la colonia como lugar de explotación de la mano de obra esclavizada y como zona franca donde procurar placer y distensión.

Al heredar las estructuras sociales de Occidente al final del Imperio Romano, la Iglesia se convirtió en el máximo apoyo institucional de esta sociedad y de sus reglas, y ha sido también desde siempre corresponsable del espíritu de este capitalismo colonial.

Si hoy el Papa, en una simultaneidad que, aunque sin exagerar, parece de significado epocal, infringe el tabú de la homosexualidad (es decir ,uno de los elementos esenciales de la ética sexual fundada sobre la “naturaleza”, con todas las consecuencias para la visión de la familia, del rol de la mujer, hasta de la concepción de Dios como “padre”), y al mismo tiempo “seculariza” el banco vaticano imponiendo la publicidad de sus balances y cambiando sus reglas, todo esto sólo puede significar que la edad “constantiniana” de la  Iglesia ha llegado a su fin, el mensaje evangélico se libera del compromiso con el orden social capitalista.

En este sentido, Francisco retoma y desarrolla en forma más radical el programa de la Teología de la liberación.

Pero, como se decía en el Mayo Francés, esto es sólo un primer paso. Felicitaciones, hermano Papa.


*Filósofo.



Gianni Vattimo