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Un resultado creíble en un país increíble

Rápido se encontró en el Luna Park culpables de que todo deba definirse el 22-N, encima con aires de humillación.

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Foto:Cedoc

Un cachetazo. Así de cruda fue la descripción que hizo un connotado dirigente sciolista de lo que  vivieron anoche. Ya desde el mediodía, sus propios bocas de urnas nacionales advertían el peligro, mientras los de la provincia de Buenos Aires planteaban el incendio.

A partir de las 18, las alertas se hicieron realidad y las escasas ilusiones de la segunda vuelta se terminaron de esfumar en minutos, los mismos que tardaron Marcos Peña y Jorge Macri en vociferar con cara de triunfo que había ballottage.

Con la clásica y voraz velocidad del peronismo, rápido se encontró en el Luna Park culpables de que todo deba definirse el 22-N, encima con aires de humillación. La lista la encabezan Cristina Fernández de Kirchner, Aníbal Fernández y La Cámpora. Los resultados santacruceños y bonaerenses alimentaron las diatribas, además obviamente de viejas facturas pendientes de cobro.

Scioli & Cía. evitaron la autocrítica por estas horas. Acaso la encaren rápido. No tanto, seguramente, como quienes dentro del kirchnerismo de paladar negro volverán a la carga contra el candidato nunca amado ni deseado, que ahora encima no garantiza ni siquiera el triunfo. En minutos resucitarán en el cristinismo las hipótesis que al final mejor que gane Macri, para que vuelva Ella. Así funcionan.

Cambiemos expresa la otra cara de la moneda. Tenían la expectativa de llegar al ballottage, consolidada en los últimos días por señales más alentadoras en sus estudios preelectorales. Pero ni el más optimista imaginaba la paridad que resultó.

Ahora posiblemente se adjudiquen semejante performance a geniales estrategias de campaña. Puede haber decisiones acertadas, claro. Como los beneficios de no aliarse en un gran frente opositor con Massa, cuyos votos previsiblemente vayan en su mayoría a Macri el 22-N y le dejen la Presidencia de la Nación al alcance de la mano.

Habrá sido también un acierto la coalición con la UCR, que le permitió muchos votos y estructura en el interior del país.  Y ni hablar del sostenimiento contra viento y marea de María Eugenia Vidal como candidata bonaerense, tal vez la gran gran gran triunfadora de estos comicios.

Igual, el mérito no es todo propio, corresponde advertirlo. Porque finalmente han quedado expuestos los graves errores ajenos. No tanto de Massa, que pese a sus esfuerzos y ensoñaciones quedó tercero por lejos.

Sino sobre todo del Frente para la Victoria, que consiguió no sólo reducir su porcentaje de votos respecto a las PASO de hace apenas 75 días, sino que dos de cada tres argentinos prefiriera ayer votar una opción de oposición.

La suerte no está echada, pero el batacazo tiene un impacto imposible de disimular. Desde anoche mismo, ya hay una campaña distinta. Un país distinto



jcalvo