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Un socio japonés para Neymar

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Amén de las retaguardias esferoidales de Jennifer Lopez y Claudia Leitte, tan poderosas como un equipo que tuviera en su delantera a dos Lionel Messi, el primer acontecimiento de Brasil 2014 fue tan desaliñado como sus vísperas.

Los estadios inaugurados en seco e inundados de pintura fresca, la infraestructura urbana prometida en vano y las protestas callejeras no fueron más prolijos que el equipo de Scolari. Por esas desgracias del deporte más injusto del mundo, el primer dato fue el gol en contra de Marcelo. En este caso, un acto de justicia que premió la valentía de Croacia de entrar al Tren Fantasma disfrazado de cuco.

Neymar desfibriló a sus hinchas cuando empató con ese golazo de ángulo bien abierto, a lo Federer, pero Brasil no aparecía en el partido sino como organizador, o sea como banca de un casino administrado por la mafia. Lo que sus jugadores no pudieron hacer lo hizo el enviado de la banca al lugar: Yuichi Nishimura.

Hay robos y hurtos, asaltos a mano armada y maniobras de guante blanco, pero lo que hizo Nishimura merece un esfuerzo de la imaginación. Fue un acto negacionista invertido, que terminó sancionando con un penal una ficción mala. Porque si en ese instante hubo un hecho en el interior del Corinthians Arena, incluso en todo San Pablo, que NO podía ser considerado infracción, fue la escena en la que Fred se tira en el área. Lo que hizo Nishimura –o Yasupito Tekamina– implica una novedad en la historia de la estafa. Se supone que un árbitro bombero elije con sagacidad la jugada en la que va a bombear. Pero Nishimura es un creador, capaz de elegir la jugada más fácil, más limpia y más próxima del partido, aquella en la que no sucede nada, para que suceda todo. Como ciudadanos de un país al que Videla le dio una Copa del Mundo, no deberíamos asustarnos.
Brasil jugó flojito. Mal en los laterales, el flujo de creación fue intermitente –con chispas de Oscar y Neymar– y el medio campo debió haberse comido una milanesa de murciélago para orientarse un poco. Pero ganó, como siempre.

*Escritor.



Juan José Becerra