COLUMNISTAS ENSAYO

Un sueño político

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Fue el partido político de más corta duración y más profundo y amplio alcance en la historia argentina. De allí surgió el peronismo, en 1945; pero en su propio hijo pródigo quedó subsumido hasta extinguirse prontamente, pese a la resistencia de algunos de sus más prominentes progenitores. Aquellos primeros dirigentes que vislumbraron el surgimiento de un nuevo movimiento político de masas de base obrera lo imaginaron de distintas formas, influidos por los vientos que soplaban en el mundo antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Así nació el Partido Laborista, como un nuevo actor en el firmamento de la política nacional, representando a las mayorías populares. La promesa se convirtió prontamente en realidad, una máquina electoral imparable que posibilitó la victoria de Juan Domingo Perón, en febrero de 1946.

Algunos lo pensaron como una versión argentina del laborismo inglés o brasileño, un partido de base sindical capaz de atraer a los sectores medios, pero principalmente representativo de los trabajadores asalariados. Se darían fuertes debates, desde el inicio. En esa discusión, los laboristas argentinos pretendieron que los gremios, como tales (y ya no sólo los trabajadores), fueran considerados como parte de la estructura organizativa.

La iniciativa no prosperó por la resistencia de las otras corrientes que tributaban a esa nueva coalición social y política; pero sobre todo, por la decisión del propio Perón, que no dejaría que aquel partido obrerista ganara vuelo propio. De allí que, al final, se optara por separar las huestes peronistas en “ramas”: política, femenina y sindical. Como tantos otros precursores, los dirigentes laboristas no fueron comprendidos en su momento y ellos mismos vieron que la historia que habían protagonizado se les iba de las manos y tomaba otros rumbos. Y aquel flamante partido de los trabajadores, que de la nada se convirtió en la expresión política mayoritaria del país, terminó disuelto por orden de su líder máximo. Al poco tiempo, el laborismo pasó de la gloria a las penumbras: muchos de sus dirigentes fueron marginados y sufrirían persecución, por no aceptar el verticalismo impuesto al movimiento cuando todas sus corrientes fueron integradas al partido peronista.
Sin embargo, el laborismo mantendría su presencia de distintos modos durante los dos gobiernos de Perón: se expresó a través de los diputados que ingresaron por esas listas, a través de su diario, El Laborista, y a través de las expresiones críticas de la disidencia frente al régimen. Pese a que se intentó recrearlo luego del derrocamiento de Perón, su itinerario se desdibujó hasta perderse en el tejido de la política nacional de los años 60.
A lo largo de nuestra historia, cada vez que el peronismo se enfrentó con una encrucijada –con Perón en el poder o en el exilio, y después de su muerte–, esta marca de origen volvió a aparecer: ¿qué hay detrás y debajo del liderazgo político de este movimiento de base popular y conducción personalista? La historia de aquel laborismo, de los hombres y mujeres que participaron de esa experiencia política tan intensa, precede, coexiste y trasciende al peronismo pero está indisolublemente vinculada a su existencia y permanencia. Un peronismo que pudo haber tomado otros caminos, impulsado por las distintas corrientes políticas y sociales que confluyeron en ese nuevo movimiento.

Ese partido de efímera existencia encuentra sus antecedentes en las organizaciones gremiales, sus reuniones constitutivas, sus asambleas y debates, el interés de la central sindical británica (la TUC) por la experiencia en la Argentina, sus figuras en el Congreso, diputados que tuvieron actuación y vuelo propio en el bloque oficialista a partir del ’46 y hasta 1949, momento en que quedarán definitivamente encuadrados en el partido peronista como “tercera rama” del movimiento. Entre ellos se destacará Cipriano Reyes, su figura más conocida y popular, el dirigente obrero que tuvo un rol protagónico en las jornadas del 17 de octubre (“Yo hice el 17”, escribirá años más tarde), que se atrevió a enfrentar a Perón y pasó siete años preso; que empezará como saltimbanqui de circo, cuando niño, hasta transformarse en aguerrido líder sindical y figura política que no dejará de plantear batalla a la hora de defender lo que creía era su credo laico: la defensa de los “descamisados”.
Serán memorables su enfrentamiento con el dirigente histórico del Partido Comunista José Peter y su actuación en las movilizaciones obreras del ’45, su papel como diputado nacional y como director del diario El Laborista, discrepando con el curso que tomaba el gobierno peronista. El inspirador indirecto de la marcha Los Muchachos Peronistas será acusado de armar un complot desestabilizador para asesinar a Perón, junto con sectores de la Iglesia y el imperialismo, y así su cuerpo fue a dar a la cárcel, donde sufrió torturas que le provocarían daños físicos irreparables, los que, sin embargo, no lograron quebrar su voluntad y convicción.
Preso durante siete años, Cipriano será liberado en 1955 y volverá a la dirección del diario. Su sueño: refundar el Partido Laborista; y para ello estableció una línea política de crítica al golpe militar, a la prohibición del peronismo y a la derogación de la Constitución de 1949. El otro gran dirigente del laborismo fue Luis Gay, uno de los fundadores del sindicato de los trabajadores telefónicos, en 1928. Referente del llamado “sindicalismo revolucionario” desde la Unión Sindical Argentina años más tarde, cuando apoyó en 1943 la alianza sindical con el coronel Juan Perón para impulsar una política nacionalista-laborista; presente en las movilizaciones obreras el 17 de octubre de 1945, fue el dirigente acaso más esclarecido que lideró la creación del Partido Laborista; entronizado, y luego defenestrado de la conducción de la CGT por desafiar las directivas de Perón.

Gay y Reyes fueron dirigentes singulares, acaso en la estirpe de políticos como Leandro Alem o Lisandro de la Torre, que prefiguraron y supieron liderar, desde el fermento de las luchas populares, el surgimiento de nuevos movimientos políticos. Los dos dejaron, además, testimonios escritos de su trayectoria que fueron verdaderos alegatos históricos frente a lo que consideraban una traición a los principios originarios del laborismo. Desde dentro de su núcleo fundacional, uno prefirió hacer mutis por el foro y el otro fue un implacable crítico del peronismo en el poder.
Después del derrocamiento de Perón, en 1955, y sin la ambición que tuvieron los fundadores del laborismo, los sindicatos ganaron un gran protagonismo en la vida política del país. Ese lugar lo ocuparon con naturalidad en gran parte debido al estado de proscripción o semilegalidad del partido peronista entre 1955 y 1973, esto es, se convirtieron en “la columna vertebral del peronismo”. A partir de esa condición, lograron ser interlocutores de los factores de poder y, como ocurrió con la tentativa del metalúrgico Augusto Vandor en los años 60, también se ilusionaron, apoyados sobre sus bases y aprovechando el exilio forzado de Perón, con el proyecto, al final fracasado, de “un peronismosin Perón”.


El peronismo del siglo XXI, signado por el fenómeno del kirchnerismo y por los cambios en la sociedad argentina, reactualiza de distintos modos la cuestión de la representación de los sectores populares: ¿hay posibilidades de un partido “de los trabajadores”, de base obrera en la Argentina? ¿Hay espacio para el surgimiento de un liderazgo político de origen sindical en condiciones de proyectarse a nivel nacional y competir por la presidencia? Aquí se propone descorrer el velo de aquella historia de luchas, conflictos, conquistas y derrotas que no hicieron bajar la guardia, rescatar las rutas biográficas de aquellos dirigentes laboristas que se perdieron en el olvido y brindar aportes interpretativos que contribuyan a responder aquellos interrogantes. Se recurre para ello a la abundante bibliografía sobre la historia del movimiento obrero y sus protagonistas, entrevistas inéditas con algunos de ellos, testimonios escritos, documentos gráficos y archivos de la época que siguen echando luz sobre la actualidad.

*Periodista e historiador. Compilador
del Archivo del Sindicalismo Argentino
de la Universidad Torcuato Di Tella.



Santiago Senen Gonzalez