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Una educación diferente

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Hace unos meses empezamos a trabajar con un grupo de especialistas en educación, con la idea de plantear un documento que transmitiera algunas ideas claves, que ayudaran a ordenar lo que viene, la Argentina a la que vamos.
De eso se trata el documento que acabamos de producir, somos treinta, con ideas para volver a organizarnos, volver a pensar un sentido. Se lo hemos dado a Sergio Massa, Ernesto Sanz, Margarita Stolbizer, José Manuel de la Sota. En los próximos días seguiremos viendo candidatos y entregándoselos. La idea es reunir a todos los que creemos que la educación es una de las claves del país que queremos tener.
¿Qué pasó en estos diez años? ¿Mejoramos? ¿Empeoramos? ¿Estamos igual? Más allá de algunos esfuerzos reconocibles, de cambios menores, parece claro que el sistema educativo no se ha movido para adelante. Chicos que aprenden lo mismo, más o menos la misma cantidad de alumnos, salvo en el Nivel Inicial que se creó fundamentalmente centrado en la matrícula privada, una graduación universitaria que no termina de ocurrir.
En definitiva, un sistema que gasta más, pero que no logra traducir el aumento de recursos en resultados, y además, que sus actores no tienen una idea clara de ¿dónde están y para dónde van?
Todos diagnosticamos, explicamos quién tiene la culpa, lo que debería ocurrir, pero no podemos decir qué debemos hacer nosotros y con quién debemos hacerlo, ni nos hacemos responsables por nuestras conductas. Ahí está la clave.
El sistema educativo argentino ha perdido tonicidad, fuerza, capacidad de reacción, energía para volver a construir un modelo de equilibrios.
El Ministerio de  Educación no fija objetivos o los que fija no llegan, no lidera ni da direccionalidad al sistema, se ha perdido en su maraña de programas, muchos de los cuales no dejan muy claro qué pretenden y cómo se articulan con los otros, más allá de los esfuerzos realizados.
Por debajo, Ministerios de Educación provinciales que algunos, intentan cosas, que tienen ideas, pero que no articulan con los programas nacionales, y que en muchos casos, han perdido de vista a la escuela.
Y debajo de todos ellos, escuelas que hacen las cosas bien, mal o regular, pero que no reciben sentido, un para qué, les llegan diferentes programas, que no terminan de saber para dónde van, por qué, qué significa avanzar.
El gran desafío es re-articular un sistema, un modo de hacer las cosas, que alguna vez lo manejaba por arriba el ministerio, dando órdenes y sentido, que los demás obedecíamos y cumplíamos.
El nuevo sistema no es de órdenes de arriba, no es de directivas para cumplir, es de sentidos, ideas, metas, indicadores y un aparato que ayude a las escuelas a cumplirlas. De eso se trata el trabajo del ministerio, objetivos, metas, indicadores, acompañamiento e intervención.
¿Para dónde vamos? Estas son preguntas fundamentales, que nos ordenan y permiten organizarnos. Queremos que nuestros alumnos aprendan más y que cumplan con su ciclo de escolaridad prevista. Y debemos trabajar para lograrlo.
¿Dónde?, en cada escuela, con estos chicos, padres, comunidad. Y claro que importan las condiciones, la situación, el contexto social, es con todo eso, a partir de un diagnóstico, con apoyo y preocupándonos principalmente por superar las dificultades. Es en esta realidad donde debemos intervenir.
¿Y las autoridades? Ayudando a la escuela, trabajando con los resultados, los indicadores, probando caminos, estrategias.
El problema de la educación se juega en cada aula, en cada escuela, con maestros y directores trabajando y autoridades que los apoyan, los asisten, que trabajan sobre los problemas, cuando existen y la escuela lo pide. Seguramente habrá escuelas con más o menos necesidades, para las primeras apoyo e intervención, para las segundas, reconocimiento y recursos para seguir adelante.
Se trata de un conjunto de ideas para empezar a construir un desafío, todos con metas, diferentes pero con metas, sabiendo que podemos mejorar... y podemos.

*Director del Cepp.



Gustavo Fabian Iiaies