COLUMNISTAS DESDE LA OTRA ORILLA

Una fiesta cívica

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Cuando esta nota aparezca publicada, habrá comenzado la elección presidencial en Uruguay. Este país pequeño en territorio y población tiene una democracia grande. Un sólido sistema político y un estado social de derecho que da ejemplo al mundo. No sólo a la deteriorada calidad institucional de la mayoría de países de la región sino a todas las naciones que se han organizado bajo la forma del movimiento constitucional.
Tres fuerzas políticas sólidas y con experiencia de gobierno son las que figuran al tope de las encuestas de intención de voto. Todas con representación parlamentaria y gobiernos departamentales bajo su dominio muestran un arco de diversidad ideológica, estilos de ejercicio de poder, representación de valores e intereses, expresados con profesionalismo y debida formación.
Basta recordar que desde la finalización de la dictadura militar en 1985, hubo tres gobiernos del Partido Colorado (dos a cargo de Julio María Sanguinetti y uno de Jorge Batlle), dos del Frente Amplio (Tabaré Vázquez y José Mujica) y uno del Partido Blanco (Luis Lacalle Herrera). En estas casi tres décadas las mayorías parlamentarias variaron, exigieron consensos y alianzas y una cohabitación de gobierno de la República y gobiernos departamentales con distintos signos políticos que son un ejemplo de cómo gobernar en la diversidad.
Como en todos los países de la zona, en este período de consolidación democrática hubo crisis económicas profundas que, sin embargo, no pusieron en vilo a los gobiernos que debieron enfrentarlas ni provocaron la terminación “ante tempus” de ningún período presidencial y los ciclos de bonanza internacional para la economía de la zona fueron aprovechados para el bienestar general y no para el autoritario concepto de “construcción de poder”.
El gran protagonista de este infrecuente logro es el pueblo uruguayo, que demuestra una capacidad para la tolerancia y una racionalidad en su adhesión política que lo distingue de la vehemencia pasional de la mayoría de sus vecinos. También conforma una sociedad participativa, que discute de temas públicos, que se expresa en plebiscitos, que organiza colectivos sociales para la defensa de derechos, que adhiere a conceptos más que a convicciones de pensamiento mágico.
La campaña para el próximo período presidencial demostró una alta participación política. Si bien, como en todas las democracias del mundo el principio de representación se ha deteriorado con respecto al pasado, el uruguayo interviene activamente en los asuntos públicos.
La bellísima rambla montevideana, sus plazas y avenidas se vieron cubiertas de banderas y grupos de adherentes que se repartieron el espacio público con un casi nulo número de incidentes. Lo mismo pude ver en las pequeñas ciudades que visité o atravesé en este período de ardua campaña electoral, precedido de una elección interna real en el seno de cada partido que también manifestó que en cada grupo hay diversidad de liderazgos y opiniones que no afectan la unidad.
Este ejemplar sistema político que tiene como pilares históricos el laicismo, la austeridad republicana y el acceso a la educación y la cultura, ha producido avances significativos en la ampliación de derechos y la distribución de la riqueza, que sabe deben ser sostenidos por el mejoramiento del sistema educativo y un combate eficaz contra la inseguridad. Por diferentes caminos, las fuerzas políticas en pugna coinciden en diagnosticar que la solución de estos dos temas centrales es el gran desafío del futuro gobierno.
Hoy no sólo se elige presidente, sino que también se plebiscita una medida que ha sido protagonista del debate social: la baja de la imputabilidad. La cadena nacional fue cedida el pasado martes para que los grupos que sostienen posturas enfrentadas pudieran explicar a la población las razones de su postura.
Los uruguayos decidirán en esta elección la representación parlamentaria del próximo período de gobierno y si habrá doble vuelta electoral como indica la Constitución vigente para la elección presidencial.
Más allá de los resultados que arroje el escrutinio, la campaña ha demostrado la madurez de un pueblo que ejerce sus derechos políticos sin usar la violencia y el agravio.
Ser testigo de esta elección es un privilegio. Porque votar en Uruguay es una fiesta.

*Profesor de Derecho Constitucional y Derechos Culturales. Reside en Montevideo.



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